hoy es siempre todavía

miércoles, 28 de septiembre de 2011

La felicidad, ah ah ah ah


La felicidad es un viaje que se inicia desde niño. No lo dice Tagore, ni Osho, y dudo que aparezca en el Tao te King. O acaso sí lo han dicho, a su manera, y algún listo del marketing y de los nuevos pontífices de la psicología de ventas se ha apuntado el lema. Pero ahora lo escucho desde un anuncio de los que emiten en televisión. No me quedé con el producto que venden, lo que quiere decir que, de momento, conmigo han pinchado en hueso, pero la frase se me grabó seguramente porque tiene mucho de palabrista. Y los avispados publicitarios saben que si algo aporta la literatura es su capacidad de síntesis. Algo que, obviamente, no todos los que escriben cultivan con acierto. Los publicistas, sí. Buscan redondear una idea, expresarla con mínimo de palabras, incluso resumirla en una sola. En la frase se juega con tres claves harto literarias: infancia, viaje de la vida y ese absoluto a perseguir que nunca se alcanza, llamado felicidad.



Evidentemente, el eslogan es ladino. Proponer como objetivo ser feliz es de lo más tentador para el ser humano. Para el ser humano que aún se crea lo de la felicidad. Se ha incrustado en la esencia del mercado, luego del consumo, luego en el código mental de las gentes. Durante siglos la palabra se ha desconocido en prácticamente todas las sociedades. Las poblaciones se consideraban mejor cuando en la lucha por la supervivencia se alejaban temporalmente de una peste, de una hambruna, de una guerra o de una servidumbre. Dudo que en esas circunstancias la gente hablara de la felicidad. Procuraban el bien día a día y se congratulaban de las mejoras más pequeñas, hasta que las tornas se volvieran nuevamente en su contra.





El empleo y extensión socializada del término felicidad es más bien un factor propio de los tiempos modernos, de las sociedades del consumo y el bienestar. El hombre feliz se convirtió en paradigma del hombre occidental del siglo XX. Ese hombre que se creyó la seguridad, la estabilidad y que tocaba algo de la riqueza desigual. A costa del resto del mundo. Pero el hombre feliz está cuestionándose a velocidades de vértigo. La nueva religión que se paga con Visa a cambio de productos de supermercado puede que aún defina al hombre actual. ¿Por cuánto tiempo tal como van las cosas? Porque las felicidades que proporciona son transitorias, limitadas y escasamente satisfactorias. No hay ningún viaje a la felicidad. Simplemente porque destino tal no existe. Y el mercado nunca será sustitutivo de otros valores que el hombre occidental parece haber abandonado.


(Las imágenes pertenecen a algunas de las obras teatrales del polaco Tadeusz Kantor)


domingo, 25 de septiembre de 2011

Lo que hay que oír por esas calles


¿Quién dijo que el debate no estaba en la calle? Decir debate y decir calle pueden ser términos de altura o simplemente fruslerías. Los escépticos cotidianos creemos en la imaginativa capacidad de expresión humana. Pero dejamos de creer en cuanto escuchamos las bocanadas pútridas que algunas gargantas exhalan. Antes, si no entrabas en un bar no te enterabas de muchas conversaciones. Desde que la ley prohibitiva ha expulsado a los fumadores a la calle tienes que oír muchas cosas que de otra manera no tendrías conocimiento. Aunque siempre he dudado que el conocimiento pueda ser hijo natural de las conversaciones entre vinos. Por cierto, la ley prohibitiva ha beneficiado a los bares, les ha permitido ampliar sus metros cuadrados de local a costa de otros vecinos o del transeúnte, en definitiva del terreno público llamado calle. Y los ayuntamientos, encantados de cobrar más impuestos por metros de fachada usurpada. Bueno, suponiendo que los cobren, porque de lo contrario la desfachatez de hosteleros y de autoridades sería bastante abyecta. Una picaresca más, vamos.




Así que salgo de par de mañana y ya tenían montada su tertulia de calle tres o cuatro vecinos avanzados en edad, de voz cascada y flemas permanentes, de esos que son carne perpetua de holganza. Tertulia es un decir, porque sólo uno hablaba y el resto asentía o permanecía impasible. Y hablar también es una ironía porque, a su manera y con un tono categórico de sapiencia de vía estrecha, echaba su mitin. Les estaba instruyendo sobre García Lorca, hecho que, en principio me admiró. ¿Hay quien cita a García Lorca a estas alturas? Mas mi gozo acabó enseguida en el fondo del pozo más oscuro, porque pesqué a vuelo estas frases: A García Lorca, ¿habéis oído hablar de García Lorca, no?, le mataron por cuestiones de herencia y luego, anda, le echaron la culpa a los nacionales…Esta versión postmoderna no la había escuchado todavía y se me encogió el alma. Ciertamente, la calle resulta un campo abonado suculento y próspero. Pero de cizaña, más que de sembrados alimenticios.


Y automáticamente me preguntaba a mí mismo en qué fuentes abrevarán este tipo de seres. ¿En los César Vidal y Pío Mora, alevosos frustrados de la historiografía? ¿En la radio de los obispos y en la prensa amarilla y venenosa que se retroalimentan de la ignorancia política y del fanatismo soterrado más torpe y cruel? Me imagino a ese tipo de personajes de chascarrillo de calle, donde hay que pasar el rato porque les han echado de casa, negando el holocausto nazi, el cambio climático o que la tierra gira en torno al sol. No sé si me entristece más oír esa clase de opiniones estúpidas y desacreditadas o comprobar cómo se resignan algunos humanos a perseverar en la ignorancia, sempiterna fuente de maldad. La vía del fanatismo y la intolerancia está abierta siempre para los intereses más espúreos y demenciales. Caldo de cultivo de los votos más intransigentes.



Una conversación de calle me la trae al pairo. Pero un voto y los que arrastre la desinformación y la mentira me resulta ya grave. El maestro Juan de Mairena probablemente sabía mucho de situaciones análogas. Me le imagino comentando algo como lo que me permito inventar vergonzantemente en su ausencia:

“Si bebéis, bebed vino del bueno. Si escucháis, que sean voces sensatas. El mal vino y la peor palabra sólo conducen al mal cuerpo. Y el mal cuerpo, a la larga, sólo produce la iniquidad.”   



(Las ilustraciones que adjunto son obra del polifacético gallego Alfonso Castelao)

domingo, 18 de septiembre de 2011

¿Hasta cuándo, Catilina, abusaréis...?



En estos tiempos de confusión uno debe echar mano de la ironía para respirar. Para que la bola no se le instale en la boca del estómago o la bilis no le suba en cantidad más extraordinaria al esófago. No son tiempos de confusión en el sentido de la mano del destino, de los ángeles apocalípticos o del fin del mundo. Aunque tal como se suceden los acontecimientos todo podría tener lugar. Sabemos los nombres y apellidos del origen del mal y especialmente del mal de nuestro tiempo: el sistema basado en el capital que ya no funciona y nadie parece saber por qué. Notables de la economía, desde los centros de análisis de los bancos, pasando por profesores y catedráticos hasta los pomposos titulados del premio Nobel, y terminando con los dirigentes de las grandes instituciones que rigen los destinos económicos de la especie reina del planeta están dando muestras de un saber cero. Cuando arrecie la tormenta manifestándose en toda su capacidad de destrucción y cuando más tarde amaine, los supervivientes buscarán quién de toda esa clase de sabios y autoridades andaba más cerca del acierto.





“Aunque yo sea un hombre modesto- sigue hablando Mairena -, no he creído nunca en la modestia del hombre. Entendámonos. Nunca me he obligado a creer que sea el hombre una cosa modesta, mediana, mucho menos insignificante. Bien mirado, lo insignificante no es el hombre, sino el mundo. Reparad en cuán fácilmente podemos: primero, pensarlo; segundo, imaginarlo; tercero, medirlo; cuarto, dudar de su existencia; quinto, borrarlo; sexto, pensar en otra cosa…”



 


Y así parece ser, con la expresión de esa gran socarronería machadiana, como parece seguir ordenándose el caos del mundo. Hoy me levanto con la noticia de que la multinacional farmacéutica Roche, que se ha hecho de oro vendiendo a las administraciones públicas, deja de suministrar medicamentos a la sanidad pública griega. Eso es un ejemplo claro del funcionamiento capitalista (¿se nos había olvidado la palabra?) No me pagan luego no suministro. Ley severa, ley del ojo por ojo, ley del talión sin posibilidades de treinta, sesenta y noventa, como antaño. Y de paso avisa también a España. Se agradece que sean caballerosos y se decidan por el refrán el que avisa no es traidor. ¿A qué nos atenemos? Y no es más que un ejemplo, pero puede que se multipliquen en cosa de días los gestos conciliadores, solidarios y fomentadores de  riqueza ciudadana de tal guisa por parte de las empresas que más beneficios han obtenido. ¿Quién dijo que el hombre era soberbio, depredador, injusto y traicionero con la propia especie? Nada, que el mundo es abstracto, etéreo y feliz, como la economía política que cabalga contra la ciudadanía. ¿Hasta cuándo abusaréis de nuestra paciencia, Catilina?




(Las imágenes son obra del pintor amazónico Brus Rubio)



lunes, 12 de septiembre de 2011

O Historia o leyendas

(Fotografía de Ramón Simón)

“–¿Me perdonaría el ilustre prócer, si le dijese que no he creído el cuento con que nos regaló hace un momento?
–¿Qué cuento? 
–El de la conversión. ¿Puede saberse la verdad? 
–Donde nadie nos oiga, Fray Ambrosio. 
Asintió con un grave gesto. Yo callé compadecido de aquel pobre exclaustrado que prefería la Historia a la Leyenda, y se mostraba curioso de un relato menos interesante, menos ejemplar y menos bello que mi invención. ¡Oh, alada y riente mentira, cuándo será que los hombres se convenzan de la necesidad de tu triunfo! ¿Cuándo aprenderán que las almas donde sólo existe la luz de la verdad, son almas tristes, torturadas, adustas, que hablan en el silencio con la muerte y tienden sobre la vida una capa de ceniza? ¡Salve, risueña mentira, pájaro de luz que cantas como la esperanza! ¡Y vosotras resecas Tebaidas, históricas ciudades llenas de soledad y de silencio que parecéis muertas bajo la voz de las campanas, no la dejéis huir, como tantas cosas, por la rota muralla! Ella es el galanteo en las rejas, y el lustre en los carcomidos escudones, y los espejos en el río que pasa turbio bajo la arcada romana de los puentes: Ella, como la confesión, consuela a las almas doloridas, las hace florecer, les vuelve la Gracia. ¡Cuidad que es también un don del Cielo!…¡Viejo pueblo del sol y de los toros, así conserves por los siglos de los siglos, tu genio mentiroso, hiperbólico, jacaresco, y por los siglos te aduermas al son de la guitarra, consolado de tus grandes dolores, perdidas para siempre la sopa de los conventos y las Indias! ¡Amén!”



(

(Fotografía de Tadeusz Kantor)

La ironía de Valle-Inclán es infatigable. O la oración por pasiva. Desquite agudo de la inteligencia. Creo que lo que pinta Valle-Inclán en este párrafo de Sonata de invierno es el espíritu de hartazgo de nuestros intelectuales sobre la España secular que padecían Valle y los ilustres de la Generación del 98. Aquella preferencia mental entre conocer la Historia o la Leyenda sigue en vigor hoy día. En parte porque no se ha hecho demasiado por divulgar las realidades históricas. Porque la historia pasada se ha vivido como un relato distante y legendario, sentido en la ficción, si bien padecido en las carnes por los pertinentes. Los españoles prefieren no conocer lo que fue, ni el por qué fue ni el cómo corregir en el futuro para no repetir errores. Prefieren las historias a la Historia. No sé si es cosa de todos los ciudadanos o sólo de una parte a instigación de ciertas clases e instituciones que no quieren ver que se les señala con el dedo de la crítica. Que ellos interpretan enseguida como revancha. Pero que un sector amplio de la población prefiere dejarse guiar en y hacia la oscuridad por los próceres de esa clase no me cabe duda alguna. Disponen de los mismos elementos que en el pasado, pero actualizados en función de todos los avances mediáticos. Historiadores de pacotilla y falsarios que cuentan los acontecimientos con arreglo a sus ideologías los ha habido y los habrá. Soportes de nuevo cuño como cadenas de televisión no hacen apenas nada por colaborar en el conocimiento, pues su mentalidad de entretenimiento es siempre más proclive. Las universidades trabajarán en sus departamentos, y creo que se ha avanzado considerablemente, pero la divulgación de las investigaciones se mantiene en el petit comité de los iniciados, sin mayor proyección social. Y las administraciones públicas, suma y gravemente responsables en canalizar u ocultar los conocimientos hacen un flaco favor a la ciudadanía, al saber y a la convivencia del futuro.

(Cuadro de Anselmo Nieto)


Puede resultar más duro aproximarnos a la interpretación de lo que realmente ocurrió en la Historia, siempre que los datos y el hilar de la investigación nos lo permitan, pero es más luminoso cara a mirar hacia adelante. Nunca he entendido muy bien el temor que a mucha gente inspira ver las cosas. Y cómo se refugia en los cuentos y desfiguraciones, simplemente porque resultan más bonitas y como uno desearía que hubieran sido. El bagaje de ideologías, religiones, intereses y costumbres, si bien rancias y poco constructivas, sigue influyendo entre los españoles. Cuando tengo que escuchar a un dirigente de la derecha que se ha desgajado hace poco de su partido madre decir que desde Asturias se va a llevar a cabo la segunda reconquista me pregunto si, aparte de la demagogia del caso, no será que explota burdamente, aunque él cree que buen tino, una idea tradicional y equivocada que prende en la mente de muchos, y más ahora que ya no quedan casi mineros y el alma legendaria de sus gestas apenas hierve en las cuencas. Al mundo del business actual le trae al pairo la Historia porque vive pendiente del negocio de los mercados. Pero a la convivencia y sabiduría de los ciudadanos debería interesar. Una vez más, me ratifico en que palabras como las de Valle-Inclán en su Sonata de invierno, preñadas de sutileza, ironía y crítica velada, están en candelero. Los clásicos nos persiguen como conciencia sana del pasado para recordarnos que acaso muchas pautas y comportamientos apenas han cambiado, o tal vez no para todos en la misma medida.



martes, 6 de septiembre de 2011

Un año más, cabalgando



Un año más, a punto. Nunca una sociedad tuvo tantos medios para los niños. Doble faz de eso que unos llaman enseñanza, otros educación, otros formación. A mi me gusta llamarlo simplemente aprendizaje escolar. Porque el aprendizaje no es solo ir a la escuela, ni se limita a esas edades, sino que la escuela debe complementar la información que los niños van recibiendo desde múltiples espacios. Excesivos espacios hoy día. Veo niños de cuatro años a los que no han enseñado a leer y manejan los deditos sobre un teclado de ordenador para ponerse juegos que te asombras. Un año más, a punto. Sí, hay una extraordinaria escolaridad, una socialización masiva de la escolaridad. También empiezan a verse los efectos de las vacas flacas que acechan: recortes en las inversiones, una administración pública no todo lo sensible que debiera, el eterno negocio de las privadas que buscan siempre el trato de favor y un profesorado desanimado y tal vez también muy cansado. Son tiempos de enigmas. Los ámbitos en que los niños perciben informaciones son tan variados como complejos y hasta, a veces, dudosos. Rodeados de televisiones, de cantidad de objetos y juguetes que se les compra, de actividades múltiples a las que los padres les someten, del permisivo abandono a los juegos de ordenador para que estén entretenidos y no den guerra, y bombardeados por una publicidad directa e inmoral que recaba de sus mentes inocentes que se incorporen al consumo…uno se pregunta qué puede significar la escuela hoy para un niño, para un joven. Tras décadas en que era la referencia por excelencia de aprender algo, lo elemental, lo imprescindible, hoy no se sabe si sigue siéndolo.



Un año más, a punto. De parafernalia, de gastos desorbitados, de mercado abusivo y avasallador en torno al ejercicio de una de las necesidades más fundamentales del ser humano, junto con la nutrición y el abrigo. ¿Qué significado tiene hoy ir a la escuela? Únicamente se sabrá a posteriori. Cuando un individuo de los de ahora crezca y se vea que sigue aprendiendo. Y no sólo en las técnicas y en los sistemas de integración productiva. Sino cuando su fuero interno reclame comprender que la vida no es exclusivamente pasar, probar y consumir. Sino que se debe asimilar la experiencia y tener claros valores y significados. Enigma y desafío.  La vida entera como aprendizaje: o la escuela no habrá servido para mucho.



(Ilustraciones de Aitana Carrasco, http://aitaneta.blogspot.com/)

sábado, 3 de septiembre de 2011

Los Borbones en pelota (o los Bécquer en acción)


A propósito del castigo infringido hace unos días al autor de viñetas sirio Ali Ferzat recordé que esta práctica satírica ha sido ampliamente practicada en España desde hace siglos. Abundantes publicaciones de los siglos XIX y XX incorporaban hasta páginas enteras de dibujos críticos con los gobiernos, las clases pudientes y los partidos al uso. Incluso dos españoles célebres por su calidad literaria y gráfica lo practicaron de una manera mordaz y antimonárquica. Se trataban de los Hermanos Bécquer.

(Valeriano Bécquer)

Valeriano Bécquer era un espléndido pintor y dibujante, retratista y paisajista fundamentalmente, y su hermano Gustavo Adolfo nos resulta más conocido porque es uno de esos autores que ya de niños conocimos a  través de las Rimas y las Leyendas. Pero por supuesto nadie nos habló en su momento de otras vertientes, capacidades y realizaciones de estos hermanos.


(Gustavo Adolfo Bécquer)

Entre 1868 y 1869 hicieron caricaturas sobre los últimos tiempos del reinado de Isabel II, de la vida española y de las veleidades de la reina. Sobre esto último no dudaron en practicar un dibujo grotesco y erótico absolutamente mordaz y libérrimo. Valeriano Bécquer ilustró infinidad de periódicos y publicaciones de la época. Pero la labor con su hermano Gustavo se concentró sobre todo en las casi noventa acuarelas conservadas que firmaban como SEM o SEMEN.



En esta colección de estampas arremetían contra todos los grupos políticos de su tiempo (¿serían ellos una especie de conciencia crítica antisistema de entonces o simplemente unos díscolos que no se casaban con nadie?), pero especialmente contra las andanzas de Isabel II, su esposo Francisco de Asís, su confesor el padre Claret, Sor Patrocinio y una serie de nobles, ministros y personajes de la Corte (la Corte de los Milagros, como la calificó Valle-Inclán) A esta obra se la conoce como Los Borbones en pelota, título que ya define por sí mismo de qué guisa eran retratados los gobernantes monárquicos, tanto a través de los dibujos eróticosatíricos  como en los breves pero sustanciosos textos que se acompañaban al pie de los mismos. 



Por supuesto que los hermanos Bécquer suscitaron la animadversión de muchos sectores de la vida política española, pero también el reconocimiento y la complicidad, cuando no la protección, de personajes influyentes de talante ilustrado. En la caída de la monarquía isabelina y el proceso triunfante de la Revolución de 1868 la prensa jugó un papel determinante. Era el elemento de comunicación punta que generaba opinión, debate e influencia sobre todos los agentes en litigio. Y ahí, la sátira tanto literaria como gráfica iba directa a la mente y el corazón de los españoles. La sátira política ha sido y sigue siendo uno de los sistemas expresivos más necesarios en cualquier sociedad, aunque ya vemos cuán en decadencia está ahora mismo en España y qué importancia decisiva adquiere sin embargo en plenas crisis de otros regímenes tambaleantes, cuyos dictadores donde no se andan con chiquitas, tal el caso de Siria, Irán, etc.


lunes, 29 de agosto de 2011

Medicina Quijote



Desde hace tiempo, en aquellos días de turbación que me afectan, echo mano de píldoras. Por supuesto, el frasco se titula El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha y una pastilla puede ser cualquiera de los párrafos irónicos y sesudos que contiene el tarro. Es una de esas medicinas sin caducidad; no tienes que mirar el lote de fabricación y si formalmente hay giros y sentidos que no captas bien, como mucho vas y coges el prospecto adjunto que una buena edición del Quijote trae a pie de página. No digo que cada dosis nos cure, ya que se multiplican las posibilidades de contagio de los gérmenes y virus de las conductas que nos rodean, de las afectaciones por los acontecimientos sociales y políticos, pero al menos alivia, ayuda a estar más consciente y menos dramáticamente receptivo.





Una de las partes que más me gustan de la obra es aquella en que Don Quijote da consejos a su escudero Sancho Panza. Y lo hace precisamente cuando éste va a tocar poder. Cuando le han ofrecido gobernar un territorio ficticio llamado la ínsula Barataria (en realidad es un invento del Duque, que pretende gastar al hidalgo y a su escudero una broma pesada), pero no menos ficticio que todos esos territorios u órbitas de gobernación que muchos políticos españoles van a dirigir efímeramente, durante cuatro u ocho años, en función de circunstancias de sus fieles electores. No es la primera vez ni será la última en que echaré mano de los textos cervantinos, pero son tan premonitorios de nuestros tiempos como comprobadores de la experiencia y avatares de su época.

“Primeramente, ¡oh hijo!, has de temer a Dios, porque en el temerle está la sabiduría y siendo sabio no podrás errar en nada.

Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey, que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra.

—Así es la verdad —respondió Sancho—, pero fue cuando muchacho; pero después, algo hombrecillo, gansos fueron los que guardé, que no puercos. Pero esto paréceme a mí que no hace al caso, que no todos los que gobiernan vienen de casta de reyes.

—Así es verdad —replicó don Quijote—, por lo cual los no de principios nobles deben acompañar la gravedad del cargo que ejercitan con una blanda suavidad que, guiada por la prudencia, los libre de la murmuración maliciosa, de quien no hay estado que se escape.”




La llamada eufemísticamente clase política sufre del mal de altura últimamente. No altura por la inteligencia, dignidad, sensatez y entereza moral, más bien crítica, y cuya labor está ínfimamente reconocida según la opinión de los españoles. Sino porque un sector de esa clase política, vinculada a la derecha española, debido a que ha ganado estrepitosamente las elecciones regionales y municipales y, según las encuestas, lleva camino de hacerse también estrepitosamente con el Gobierno del país, se siente en ascenso, triunfadora, jóvenes y no tan jóvenes sobradamente preparados, se creen ellos. Ya se ven copando puestos, repartiéndose cargos y presidiendo parafernalias múltiples. Ya se exhiben en abundancia en las fotos, creando ambiente y gobiernos en la sombra o paralelos, como si el voto ciudadano ya lo hubiera decidido todo. ¿Leerá el Quijote toda esa gente? No parece que la otra parte de la clase política, la que ha venido gobernando y se ha estrellado estrepitosamente también, lo conociera tampoco demasiado. Yo les recomendaría a tirios y troyanos que se bajaran de los altares donde se autoerigen (eso sí, justificándolo con los votos), distinguieran de una santa vez lo que son gigantes y molinos y no hicieran pagar a los de siempre el precio de una crisis que no hemos generado. Pero para eso haría falta que se leyeran con más atención los consejos del hidalgo y escucharan algo más. ¿Tal vez las voces difusas de los movimientos del 15M que, sospecho, ni unos ni otros han querido apreciar demasiado? Yo, de momento, sigo tomando mi dosis del Quijote, simplemente porque me ayuda a sobrellevar mejor el ascenso irresistible de los prepotentes de turno. Y lo que cabe esperar de ellos.  



(Las imágenes son obra de la ilustradora madrileña AleKa, http://themrskfiles.blogspot.com/)


viernes, 26 de agosto de 2011

Ali Ferzat: la fuerza de las caricaturas


Hay momentos en que la sensibilidad explota dentro de uno. Los bárbaros son los bárbaros, y como la célula, nacen, crecen, se reproducen y, si la sociedad quiere, se les puede hacer desaparecer. Los movimientos en los países norteafricanos y árabes tienen desde hace unos meses en jaque a toda la geoestrategia occidental. Pero lo fundamental es que probablemente persiguen cambios profundos en sus políticas y en su reparto de riqueza. Está costando sangre, más sangre y más desgracia. Lo que está pasando en Siria parece que clama al cielo de las Huríes. Y lo último de lo que me entero es que a un notable caricaturista satírico llamado Ali Ferzat le han destrozado las manos los partidarios del presidente El Asad. Las fotos ya corren por la Red, pero yo prefiero rescatar una en su gabinete de trabajo antes del ataque sufrido.  



¿No recuerda esta anécdota cruel a aquella otra que se contó en su día de que los esbirros de Pinochet habían destrozado las manos del cantante Víctor Jara? Independientemente de que en el caso de Jara además fuera asesinado y de que Ali Ferzat de momento ha salvado la vida, no deja de tener un contenido simbólico potente la brutal acción. Es como si los energúmenos necesitaran el gesto de ver que aquella parte del cuerpo de un artista que pare los dibujos intencionados o con la que se toca una guitarra queda maltrecha. Piensan que acabando con la herramienta corporal acallan las críticas. O la vieja creencia de que matando al hombre se acaba con las ideas.




Pero imagino al caricaturista Ali Ferzat, hecho un cristo en una cama de hospital, según nos ofrecen las imágenes, imagino, digo, dándole vueltas a cómo va a caricaturizar la propia acción que han tenido con él. Coloco algunos de sus dibujos en reconocimiento al valor que este hombre ha mostrado en defensa de la libertad de expresión, de opinión y de crítica. El precio pagado es alto, pero sobrevive, pues otros intelectuales y artistas sirios opuestos al régimen han sido encontrados muertos en las últimas semanas. ¿Resonará también en Siria el feroz grito de ¡abajo la inteligencia, viva la muerte!? Tal parece que el grito del patético militar español que lo pronunció en 1936 ha creado escuela por el mundo de los que son de su estilo.




lunes, 22 de agosto de 2011

La voz silenciosa


Nuevamente me parece estar escuchando al maestro: “Si las palabras de siempre no os sirven, inventad otras nuevas; si os fallan las nuevas, retornad a las antiguas por si valoráis de otra manera su significante; pero si os traicionan tanto las viejas como las actuales, recurrid descaradamente al cultivo del silencio”. Perdón, porque no son del maestro bueno, sino de este párvulo de vía estrecha al que le gusta también el juego de la retórica, y de paso el de la contrarretórica.



Debe ser por influencia de los mensajes liminares. Lo liminar es lo que está en el umbral de algo nuevo y cuando uno ve en las paredes ciertas frases que hablan aunque parezca que callan, se pregunta si será premonición o surrealismo o lenguaje subliminal (y vuelta a la misma raíz) De todas las palabras que me encuentro pintadas por las paredes las que más me atraen son las que me obligan a dar vueltas y buscar posibles sentidos. Pongo algunos ejemplos cogidos al vuelo de los muros. Leer “Queremos la cabeza de Botín”, pues la verdad lo único que me lleva es a decir para qué puede querer alguien la cabeza de ese señor. Ya se la pedirán en su momento los consejeros de su imperio bancario si el negocio hace aguas. Porque utilizar la metáfora como grito de las masas para cambiar integralmente el sistema, incluído el financiero, pues ciertamente no se escucha precisamente con claridad. Leer un imperativo: “Toma la calle” me resulta nostálgico, suena a mi particular 68 y siguientes, y me pone mal cuerpo. Entiendo que tiene que ver con los movimientos recientes del 15M, pero es que por más que miro no veo a nadie tomando nada.



Leer “Vivir con miedo…etc.”, por ejemplo. Aparte de la sintaxis enrevesada, suena excesivamente sacra, pero me gusta ese puntito de retorno a aquella vieja didáctica ácrata que buscaba la afirmación personal en la condición obrera y la reafirmación de su clase como elemento dinamizador y revolucionario de la sociedad. Mas, ¿sigue hoy en vigor tal precepto? ¿Permanece aquella fe? ¿Está la condición trabajadora de hoy, en su atomizada y contradictoria dispersión, por aunar fuerzas tras objetivos idealistas?



Sin embargo, me intrigan otros mensajes como “Mamá se muere”, porque es literatura pura y probablemente dura. Vincular dos elementos tan íntimos y familiares como la madre y la muerte pueden dar repelús, pero también atracción y morbo. No obstante, enseguida entras en el juego de las preguntas. ¿Se lo dice un hermano a otro con el que no se habla colocando la pintada frente a su casa? ¿Es una señal entre unos y otros clanes mafiosos? ¿Una clave entre iniciados sectarios? ¿Se refieren a una madre metafórica? ¿O no tan metafórica como Gea o la Tierra, por ejemplo? ¿Es una referencia al Estado del Bienestar? ¿Es el primer capítulo de otro que dirá algo así como “Pasa y despídete”? Al final resultará que, como siempre, el medio era el mensaje. Aunque reconozco que el mensaje que más aborrezco es aquel que desde mi infancia más adorna nuestras paredes: “Prohibido fijar carteles”.




jueves, 18 de agosto de 2011

Volver a las tablas


Leer el Juan de Mairena como si fuera un Libro de horas, por lo que tiene de entrega a él. O hacerse acólito del mismo como si consistiera en un Tratado del saber vivir, por aquello de que uno necesita la ironía y la paradoja. Y hallar de pronto este párrafo:

“…Es la dramática un arte literario. Su medio de expresión es la palabra. De ningún modo debemos mermar en él los oficios de la palabra. Con palabras se charla y se diserta; con palabras se piensa y se siente y se desea; con palabras hablamos a nuestro vecino, y cada cual se habla a sí mismo, y al Dios que a todos nos oye, y al propio Satanás que nos salga al paso. Los grandes poetas de la escena supieron esto mejor que nosotros; ellos no limitaron nunca la palabra a la expresión de cuantas naderías cambiamos en pláticas superfluas, mientras pensamos en otra cosa, sino que dicen también esa otra cosa, que suele ser lo más interesante.”




Si eso es así, uno piensa que deberíamos tomar como ejemplo a esos artistas. Y esforzarnos en que la dramática cotidiana de nuestras vidas se elevara algo más con la palabra bien utilizada. Vivimos ordinariamente una inercia de las palabras, lo cual nos conduce ineludiblemente a un agotamiento por vaciedad, repetición o pérdida de significado. Si las palabras pierden significado en nuestro interior y en su uso con los demás lo que está retrocediendo es el sentido de las cosas. Y la sensatez se ausenta, la interpretación empieza a mostrarse extraña, la cordura ingeniosa se devalúa, el diálogo, el interior y el exterior, se torna monólogo de sordos. ¿Por qué se despilfarra tanto la palabra? ¿Por qué se la traiciona? ¿Por qué no es hacedora de entendimiento en lugar de escupitajo distante? Se me dirá: es que hay palabras y palabras. Sí, pero no me refiero a su variedad y cuantificación. Me refiero a la calidad de la palabra. A su recuperación para la cohesión en la tribu. Y para el aplacamiento de las turbulencias. Como dice el maestro, abundamos en un tiempo y en un mundo donde la nadería y la superficialidad se imponen al esfuerzo mental, a la indagación y al argumento aproximativo. Mamá, yo quiero ser artista de las tablas. Al menos ellos decían con más intención lo que había que decir y lo que los espectadores tenían que escuchar, aunque antes nadie se lo hubiera dicho.



(Las pinturas son obra de la pintora gallega B. Santos, http://santoslavandeiras.artelista.com/)

sábado, 13 de agosto de 2011

Cuando Tel Aviv vibra


Leo esta parrafada del maestro, tan irónica como paródica, y pienso en ella por lo que me afecta: “El escepticismo pudiera estar o no estar de moda. Yo no os aconsejo que figuréis en el coro de sus adeptos ni en el de sus detractores. Yo os aconsejo, más bien, una posición escéptica frente al escepticismo. Por ejemplo: «Cuando pienso que la verdad no existe, pienso, además, que pudiera existir, precisamente por haber pensado lo contrario, puesto que no hay razón suficiente para que sea verdad lo que yo pienso, aunque tampoco demasiada para que deje de serlo». De ese modo nadáis y guardáis la ropa, dais prueba de modestia y eludís el famoso argumento contra escépticos, que lo es sólo contra escépticos dogmáticos.”



Que el escepticismo siempre me ha parecido un recurso defensivo y sabio ante tanta credulidad y tanto agobio, no me cabe duda. Pero es cierto que a veces uno teme verse envuelto en la espiral de perderse en la duda eterna, desfigurar los hechos y apartarse de sus secuencias inevitables. Es verdad que los medios de comunicación  -nunca me cansaré de citarlos y criticarlos-  generan presión, excesivas palabras vanas y escasos argumentos de ciudadanos con criterios constructivos. Pero también los hay, pocos pero los hay, en algún rotativo que otro. 



Que la violencia acapare portadas se justificará con que es noticia. Dejo la discusión para otro momento sobre los criterios que el periodismo corto y de negocio tiene sobre la noticia. Y así, estos días, toca tragar las revueltas londinenses, con escasez de análisis válidos y de perspectiva amplia. Esa sensación de que lo malo acapara portada y lo bueno pasa a páginas interiores, si pasa y en menor medida, es uno de los factores que alimentan mi escepticismo respecto a leer medios informativos. Hace unos días, previamente al estallido de violencia en Londres, tuvo lugar algo que me parece de una entidad digna de resaltar en portada y de prestar una atención más prolongada. Se trata de las manifestaciones masivas en Israel, al estilo del 15M,  de carácter pacífico, vindicativo y laico. Contra el aumento del precio de las viviendas, el coste de la vida, el deterioro de la asistencia pública, de las inversiones sociales,  y en defensa de una calidad  de vida digna de los ciudadanos de infantería de ese país. Bien, dicen que suscitó acogida principalmente entre clases medias que van siendo empobrecidas  -como parece ser la tónica en todas partes-  por las medidas de ajuste de todos los gobiernos. Los mismos que causan previamente el despilfarro y los gastos desmesurados para enriquecimiento de sus amigos los industriales y financieros.





Que hayan tenido lugar esas protestas cívicas en un Estado extraordinariamente militarista como es Israel, donde el presupuesto de defensa y de seguridad se lleva una tajada impresionante, con unos márgenes democráticos a veces deficitarios (en nombre de la defensa del Estado el Gobierno de turno limita lo que le place) y reservados a los que considera solamente sus ciudadanos, puestos que los palestinos de paso son sólo súbditos, y donde el peso del sionismo sigue condicionando una libertad superior, me parece digno de que se le preste atención. Fueron unas manifestaciones exigentes pero hacedoras de paz, y hechos así debe hacer concebir esperanzas de cambio en todo tipo de sociedades. Y sin embargo, la noticia, verdadera y loable noticia, ha durado lo que un pastel a la puerta de un colegio.



Cuesta no ser escéptico, de ahí que ese juego machadiano de proponer ser escéptico del escepticismo me parezca no sólo válido sino sugerente. Para evitar una parálisis de la conciencia y un inmovilismo en los actos. Algo se mueve en el mundo que ha tiranizado el capital a sus anchas que nos remite a pequeñas briznas de fe hacia otra manera de vivir el reparto de la riqueza. Mas mi lado escéptico me dice que el túnel es aún demasiado largo y que acaso la salida quede lejos. Mi parte más escéptica de lo escéptico apostilla: si la hay.




(Las fotografías de las esculturas provienen de http://joachimmalikverlag.blogspot.com/  y son representaciones de los capiteles del Monasterio de las Dueñas, en Salamanca)




sábado, 6 de agosto de 2011

La resurrección de Claude Eatherly o 66 años de Hiroshima

(Claude Eatherly en fotografía de Avedon)


Sesenta y seis años de la barbarie de Hiroshima. Conceder un minuto siquiera de nuestras vidas al recuerdo de aquella obscenidad sangrienta por la que el Imperio norteamericano no llegó a pedir perdón jamás, que yo sepa. Unas obscenidades no suplen a otras, como unos crímenes no anulan los anteriores. También es la historia de un hombre que vivió traumatizado el resto de sus días. Claude Eatherly, piloto de uno de los aviones que participaron en la operación, el que tenía que proporcionar información precisa sobre el objetivo. Tras el crimen la personalidad de Eatherly no fue ya la misma. Pero se elevó por encima de las trampas de la administración militar norteamericana y por encima de su propia crisis interior que le hundió en psiquiátricos. ¿Hasta qué punto lo logró?



Ni siquiera la correspondencia que mantuvo con el filósofo  austríaco Günther Anders (o mejor dicho, de éste con aquél) nos responde con exactitud. Pero a través de esa correspondencia, el piloto Eatherly pudo afrontar su crisis. Aunque ya había cosas que vio con claridad desde el primer momento. Lo claro es lo que turba muchas veces, sobre todo si se siente uno impotente para tomar decisiones y sentirse, por lo tanto, libre.

“…solamente tenemos una vida, y si las experiencias de la mía pueden contribuir al bien de la humanidad, ése ha de ser su fin: no el dinero o la fama, pues yo debo a todos una explicación. Si actúo de este modo, mi vida será un continuado acto de reparación y me sentiré liberado de mi culpa. De estar ligado a otros fines, el dinero que pudiese obtener me recordaría las 30 monedas de plata que recibió Judas Iscariote a cambio de su traición. (Por lo demás, evidentemente siempre me pareció que el verdadero culpable del asesinato legal de Jesucristo fue el sumo sacerdote Caifás, el representante de la gente respetable y buena, en un sentido convencional, de todas las épocas, también de la nuestra) Aunque a esta  gente no se le pueda reprochar lo mismo que a Judas, también ella es culpable, pero en un sentido más sutil y profundo. Es precisamente esto lo que hace tan difícil que la sociedad comprenda el sentido de mi culpa, que yo reconozco desde hace mucho tiempo. La verdad es que la sociedad no puede aceptar mi culpa sin reconocer simultáneamente en sí misma una culpa mucho mayor…” 



Con esta sencillez y claridad expresaba Eatherly en una de sus cartas el fondo de la cuestión que estaba viviendo. Al entrar en la dinámica de la correspondencia con Anders lo hacía también con infinidad de personas que se dirigían a él desde muchos países, principalmente desde Japón, estimulándole y apoyándole en la lucha sin igual contra su mala conciencia y contra la proliferación de armas nucleares.

“…intento dar respuesta a todas las cartas que escribo. Creo que la correspondencia personal es el mejor camino para lograr que los hombres de todos los países del mundo se comprendan. Todos los hombres son iguales (all mankind is alike) No creo que existan líneas divisorias entre los pueblos, el único camino que puede conducir a la paz es la fraternidad y la comprensión mutua, no la guerra. Muchas de estas cartas las escriben jóvenes japoneses. En ella me cuentan que hacen todo lo posible para detener la proliferación de las temibles armas actuales, y que para ellos mis escritos son una especie de estímulo. Esto me hace muy feliz”, comentaba en otra de sus cartas con el filósofo.



¿Quién podría disputarle su esfuerzo y su clarividencia? ¿Un punto de contrición da al hombre la salvación, que se dice en el Tenorio? Y de no haber participado en primer plano en la barbarie, ¿mantendría esa actitud crítica y rigurosa sobre el peligro de nuestros tiempos modernos y del abuso de poder con el armamento destructor de que actualmente se dispone por parte de los gobiernos? Le confesaba a Günther Anders en otra misiva:

“…Nunca sabrás cuánto he necesitado a alguien como tú para mantener vivas mis convicciones. Para la mayoría, mi rebelión contra la guerra es una forma de locura. Pero no hubiese podido encontrar otra manera de explicar a los hombres que una guerra atómica no sólo trae consigo destrucción física, sino que también desmoraliza al ser humano. Me da completamente igual qué piensen los hombres de mi moralidad, si de esta forma puedo causarles perplejidad y lograr que comprendan que no pueden volver a hacerse esto a sí mismos ni a sus hijos”.




¿Quién puede dudar de la entidad ética, del riesgo en su salud y el desprecio en su honor que padeció durante años Claude Eatherly por discrepar y no callar sobre la barbarie contra la población civil de Hiroshima y Nagasaki? Sesenta y seis años después, junto a las víctimas del holocausto causado por Estados Unidos en Japón, el piloto arrepentido bien merece el homenaje de nuestra memoria.


(Las fotografías son obra del artista japonés Eikoh Hosoe)



jueves, 4 de agosto de 2011

Más allá del límite de la tontería

(Montaje de Andrzej Polakowski)


Que las cosas que se dicen y se escriben no son necesariamente verdades, es algo que aprendimos algunos hace tiempo. Que, no obstante, mucha gente gusta de aceptar esas transferencias de la palabra, dándoles igual lo que contienen de luz o de tinieblas, sin valorar ni distinguir lo que hay de excelencia y de perverso, y pacen de manera abundante en ellas es un hecho innegable. El maestro Juan de Mairena, cuya sapiencia estaba fuera de toda duda, volvería a ratificar lo que en sus tiempos opinó:

Señores: nunca un gran filósofo renegaría de la verdad si, por azar, la oyese de labios de su barbero. Pero esto es un privilegio de los grandes filósofos. La mayoría de los hombres preferirá siempre, a la verdad degradada por el vulgo –por ejemplo: dos y dos, igual a cuatro -, la mentira ingeniosa o la tontería sutil, puesta más allá del alcance de los tontos.

Un discípulo de Mairena hizo – al día siguiente – algunas intencionadas preguntas a su maestro: "¿Cómo puede un hombre poner la tontería más allá del alcance de los tontos, es decir, más allá de sí mismo? Si, como usted nos enseña, la tontería del hombre es inagotable, ¿dónde pondrá el hombre la tontería que su propia tontería no le alcance? Y, en general, ¿cómo puede una cosa ponerse más allá de sí misma?”


(Montaje fotográfico de Gilbert Garcin)


Es probable que el maestro replanteara la pregunta y la matizara un poco más, de vivir ahorita mismo. O bien arriesgara respuesta, tentado por los cambios formales. Pues resulta obvio que el número de mentiras ingeniosas y de sutiles tonterías han crecido sobre manera. Yo diría incluso: cada vez hay más mentiras escasamente ingeniosas y hay que ver cómo entra la gente al trapo. Y la calidad de las tonterías no se ven tan sutiles ni delicadas, sino que más bien se muestran cutres y ruines. Pero a la gente parece no importarles.


(Grabado de Francisco de Goya)


¿Qué prueba aporto? Simplemente una: la televisión. A partir de esta tecnología socializada e interiorizada en la médula de los individuos, se despliega desde los embustes de la publicidad, pasando por los falsarios programas del corazón, siguiendo por las tramas pseudo dramatizadas sobre gente que no vale un real y concluyendo en los debatillos empobrecidos y partidistas sobre la cosa pública. Naturalmente, hay otra característica implícita al poderoso medio de nuestro tiempo: la ocultación de los hechos desnudos, el vivir a espaldas de las realidades sociales, el no traspasar la falacia del concepto noticia que esconde las verdades y vende las mentiras. Sí, la tontería se ha puesto al alcance de los tontos más allá de su tontería. La tontería, me atrevería a aseverar en nombre del maestro, es una autopista por donde circula la grey, sin ton ni son. No les bastaba la propia que diariamente les da por tomar más dosis. Y si no, deduzcan. Observen cómo viven, qué compran, cómo se comportan en sus conductas habituales, de qué hablan, de qué se inhiben, qué vendas se ponen y qué concesiones están haciendo al todopoderoso mercado sin que parezca importarles un rábano.

(Montaje de Gilbert Garcin)