hoy es siempre todavía

lunes, 21 de noviembre de 2011

Ya están aquí



A veces, las palabras de  Juan de Mairena hay que leerlas en clave de futuro, aunque suenen a pasado o incluso al triunfalista  -para algunos-  presente…”Si algún día España tuviera que jugarse la última carta  -habla Juan de Mairena-  no la pondría en manos de los llamados optimistas, sino en manos de los desesperados por el mero hecho de haber nacido. Porque éstos la jugarían valientemente, quiero decir desesperadamente, y podrían ganarla. Cuando menos, salvarían el honor, lo que equivaldría a salvar una España futura. Los otros la perderían sin jugarla, indefectiblemente, para salvar sus míseros pellejos. Habrían perdido la última carta de su baraja y no tendrían carta alguna que jugar en la nueva baraja que apareciese, más tarde, en manos del destino.”



Supongo que en este país se ha jugado infinidad de veces últimas cartas, partidas que parecían las definitivas porque no te iban a dejar jugar más. Tiempos en que se prohibieron las partidas democráticas, las reglas libres, el respeto a las opiniones diversas y la tolerancia con cada forma de pensar y de expresarse. A algunos les parece que estamos ante el retorno a no dejar que los juegos para todos cundan de nuevo. Se mantendrán las formas, se dice, tal como este ritual aparente de votar cada cuatro años. Pero en el día a día no se respetará la voluntad social, sino sólo las de la mayoría elegida. Mayoría según la Ley d’Hont, naturalmente. Y en nombre del consenso obtenido, los ganadores de la última partida de cartas, harán lo que les venga en gana. Es una opinión que ya venía extendiéndose en la Red.



De hecho lo hemos estado viendo durante los últimos cuatro años. En las autonomías en que lo vencedores supremos de hoy venían gobernado, han hecho lo que han querido en múltiples facetas de la vida social y política. Las pinzas de sus poderes autonómicos unidas a la falta de colaboración total en el Congreso les ha dado resultado. Si eso es patriotismo, ese patriotismo de que tanto se llenan la boca con sus colores, que venga su dios y lo vea. En función de sus poderes transferidos no han aplicado leyes y normas o han demorado su aplicación esperando precisamente sus buenos tiempos. Estos de ahora, los de su poder absoluto. O absolutista, que es lo que más se huele.



La mayor desafección la veo yo en su falta de colaboración con la sociedad española y en concreto con el Gobierno que ha tenido nuestro Estado. Su táctica ha sido poner pegas, dificultades, no pactar nunca en interés del bien público, apoyar las reivindicaciones reaccionarias en las calles, ni siquiera parece que se alegraran de la derrota de ETA. Y por supuesto, lo más crudo, no echar una mano en los problemas económicos que se ciernen sobre España como sobre cualquier otro país europeo, culpando oportunistamente al presidente en vigor. Han utilizado a la judicatura proclive a ellos para vadear sus corrupciones o perseguir a jueces libres de sospecha. Han estado apoyados por activa y pasiva por su brazo ideológico más seguro, la Iglesia Católica y su Episcopado. Vamos, ¿no recuerda esto a la España Eterna unida en una santa alianza a la que tanto nos acostumbraron en el pasado?


Bueno, pues ya están aquí, tiñendo España de azul. La Democracia, en la que creen cuando les interesa, les ha puesto ahí. Son un bloque de casi once millones de votantes. El resto de partidos supone otros doce millones y pico, pero el espectro es sumamente variado. Como siempre, hay dos Españas, aunque la de izquierdas no es tan numerosa ni tan homogénea. Pero domina una sola, y de qué manera, y la política que hagan va a marcar los próximos años de los ciudadanos. ¿Van a  entrar a sangre y fuego, como dice el tebeo del Capitán Trueno? ¿Van a hacer felices a los españoles como predicaba en sus mítines el candidato de la derecha, ya ungido? Señor, que me perdone el noble caballero español de los tebeos de nuestra infancia. Sus aventuras eran liberadoras, dentro de los márgenes que la dictadura permitía, y rompía el esquema gris y patriotero transmitiendo universalidad e ignorando cualquier apología de los preceptos del régimen. El viejo Mairena, de ver lo acontecido hoy, dudaría una vez más de los ejecutivos nuevos que van a venir a contarnos chistes viejos. Así que a prepararse para recibir los leñazos, los hachazos y los golpes de mandoble. Es el sino de los de abajo. Pero ¿para siempre?





martes, 15 de noviembre de 2011

Fina tela de araña...



En este país de tirios y troyanos, y que muchos se reclaman por un nombre común, pero que no se entiende de la misma manera, priva la ambigüedad, el tópico y el desentendimiento. Miento. La gente se entiende al coincidir en el lado hedonístico y de bajo esfuerzo, en la parte de querer recibir mucho y dar poco, en la fiesta despreocupada y en la no asunción de responsabilidades, en el despilfarro de los bienes y en la carencia de exigencia sobre los gobernantes de cualquier administración pública. Se entiende, pues, en sus contradicciones manifiestas.

No se entiende a la hora de tener una versión ni comprobada ni homogénea de su pasado, ni a la hora de entender qué significa civismo y participación en la cosa pública, ni en el concepto de abordar sin miedo el derecho a una democracia, heredada tarde y mal por nuestra cultura, pero sin cuya valorización, y viendo los aires que soplan en Europa y en el mundo, va a ir a menos con todas las consecuencias. Pero ya se sabe que hay un sector importante de los españoles (el domingo próximo se comprobará cuánto supone numéricamente) a los que les importa un bledo el ejercicio de la democracia, con todo lo que debe llevar de regeneración, limpieza en las administraciones, rechazo a la corrupción, alejamiento del despilfarro, protección y avance de los derechos sociales y fiscalización de los cargos nombrados vía urna.

Hay un poema de Rafael Alberti titulado De la pintura. Poema del color y la línea, dedicado a Pablo Picasso, al que pertenecen estas estrofas:

España:
fina tela de araña,
guadaña y musaraña,
braña, entraña, cucaña,
saña, pipirigaña,
y todo lo que suena y que consuena
contigo: España, España. 

El toro se estrena y que se llena
de ti y en ti se baña,
se laña y deslaña,
se estaña y desestaña,
como el toro que es toro y azul toro de España.



Vista la complejidad de este país o, mejor dicho, del paisanaje, propongo una reflexión sobre el poema, con el diccionario de la RAE a mano. Por mi parte, soy de la opinión de que las palabras del poema de Alberti no están puestas ahí solo para formar una mera aliteración, sino que poseen un hondo e intencionado significado. Un significado que desborda la simpleza (o el fanatismo) de quienes atienden al nombre y concepto de España identificándola con el equipo de la roja, los colores de una bandera de tradición monárquica, las corridas, la tradición de la charanga y el botellón o el Estado.

Por cierto, ¿ese toro de España es el animal del tópico de la fiesta nacional o el mítico Minotauro del Laberinto de tradición mediterránea? A la vista del panorama (Gerald Brenan escribió un trabajo estupendo titulado precisamente El laberinto español) siempre se han estado revelando dos mentalidades españolas diferentes y desgraciadamente antagónicas. Por si alguien no había meditado en ello, se le brinda la oportunidad.



(Los grabados son obra de Pablo Picasso y forman parte de la colección denominada Suite Vollard)


Nota añadida con posterioridad a la entrada: recomiendo la entrevista que hacen en El País al sabio Emilio Lledó. Como todo sabio clarividente, razonable y que va más allá de la superficie de las cosas, suele ser ignorado por tirios, troyanos, gobernantes y gobernados. Ver:


jueves, 10 de noviembre de 2011

Un partido en la sombra



Es un partido en la sombra, aunque cada vez menos en la sombra. Porque cuando tiene que manifestarse públicamente porque tiene que defender sus negocios, por ejemplo el de su financiación por el Estado o su enseñanza privada, no se anda con chiquitas. Salta a la calle, toma el espacio público, se deja acoger y proteger por las instituciones de las comunidades en las que gobierna el partido proclive a ese partido y emite sus preceptos sin cortapisas. Es un partido que no es partido pero que toma partido. Y que trata de influir tanto o más que los partidos. Y no puede morderse la lengua ante una Elecciones Generales porque, aunque su reino, según ellos, no es de este mundo, no pueden reprimir su instinto autoritario y dejar de decirnos a los demás lo que tenemos que hacer.



Y como es su costumbre cada vez que va a haber elecciones, han sacado una nota diciendo lo que piensan, aunque como nunca dicen nada nuevo, ya sabemos lo que devanean. Que digan lo que piensan es tan legítimo como si lo hace el más minúsculo partido o ente o individuo de esta sociedad, mantenga las posiciones políticas o de criterio que mantenga ( por supuesto, y viceversa) ¿Cuál es el problema de ese partido en la sombra? Que quieren seguir teniendo una presencia influyente para seguir logrando medios, prebendas y presupuesto del erario público, en nombre de una discutible ordenación ética y de una acaparadora función social, sobre todo en el terreno de la enseñanza, aunque no solamente en este espacio de la actividad social. Y siguen con sus manías tradicionales y trasnochadas acerca de la interrupción del embarazo, de los matrimonios entre homosexuales o de la convivencia libre de las parejas. Leemos, pues, en la nota de prensa de los obispos españoles:

"5. Por todo ello, hemos de llamar de nuevo la atención sobre el peligro que suponen determinadas opciones legislativas que no tutelan adecuadamente el derecho fundamental a la vida de cada ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, o que incluso llegan a tratar como un derecho lo que en realidad constituye un atentado contra el derecho a la vida. Son también peligrosos y nocivos para el bien común ordenamientos legales que no reconocen al matrimonio en su ser propio y específico, en cuanto unión firme de un varón y una mujer ordenada al bien de los esposos y de los hijos. Es necesario promover nuevas leyes que reconozcan y tutelen mejor el derecho de todos a la vida, así como el derecho de los españoles a ser tratados por la ley específicamente como “esposo” y “esposa”, en un matrimonio estable, que no quede a disposición de la voluntad de las partes ni, menos aún, de una sola de las partes."



 
De acuerdo con estas directrices, piden a todos los electores que no voten a los partidos que propician lo que muchos consideramos avances sociales y ellos solo aberraciones. Ya no se dirigen a sus fieles, a sus seguidores. Tienen que pontificarnos a todos. Pues bien, que se constituyan en partido abierto y reconocido públicamente. No, lo suyo es nadar y guardar la ropa más bien. Poner la piedra en la mano para que otros la tiren. Por una parte dicen que lo que dan son consejos de índole moral y por otra tratan de influir por todos los medios y porfiando  -ahora tocan Elecciones-  por una toma de postura implícita y partidista a favor del PP.


 
 Así que a muchos nos parece que es un partido más bien de las tinieblas. De los que no quieren que ni los individuos ni la sociedad avancen en logros que lleve más libertad y felicidad a sus componentes.  Ah, una cosa más. Leo en esa misma nota:

“…En su discurso sobre los fundamentos del derecho, pronunciado el mes pasado ante el Parlamento federal de Alemania, el Papa recordaba que “el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, un ordenamiento jurídico derivado de una revelación. Se ha referido, en cambio, a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho [...], la razón abierta al lenguaje del ser”. Francamente, o esta gente tiene mala memoria o simplemente miente. Ejemplos hay a mansalva de haberse impuesto, cruzado y casado con los poderes terrenales más abyectos de este mundo. Lo han hecho incluso a sangre y fuego. Lo suyo no es precisamente la claridad. No creo que fuera necesario recordarles cierta frase de su profeta. En Lucas 16 – 8 se dice: “Pues los hijos del mundo son más sagaces que los hijos de la luz”. ¿En sus relaciones, en sus negocios, en sus perversiones? 

Aunque a muchos nos gustaría sobre todo que llegara un momento de la historia de España en que no tuviéramos que decir jamás: con la Iglesia hemos topado, Sancho.


sábado, 5 de noviembre de 2011

¿De verdad que todo es lo mismo siempre?



El historiador medievalista  francés Georges Duby fue entrevistado hace más de treinta años por Guy Lardreau, acerca de la investigación histórica, los métodos, los comportamientos sociales, entrevista que se reflejó en un libro, Diálogo sobre la Historia, editado en España por Alianza Universidad. Entre los muchos temas que me han llamado la atención especialmente destaco esta pregunta:

Guy Lardreau.- …¿Acaso no se ve arrastrado, de vez en cuando, a pensar que los sujetos humanos repiten indefinidamente las mismas cosas; que, efectivamente, no hay progreso, y que, como decían los antiguos, nada hay nuevo bajo el sol? ¿Cómo evitar la sensación de que lo que sucede en todo el mundo, donde normalmente hay horror, es increíblemente aburrido y repetitivo? ¿Cómo evitar la sensación de que cuanto más diferente, más parecido?




Georges Duby.- Es evidente, y lo hemos dicho, que los comportamientos de los hombres son en gran medida dependientes de los impulsos que vienen de su cuerpo, cuya regulación responde a un código de naturaleza biológica. Ahora bien, no es posible pensar que el sistema de código, de naturaleza puramente biológica, evolucione en la especie humana con gran rapidez. Parece que, desde el Homo sapiens, hay las mismas reacciones de agresividad, de terror, la misma voluntad de poder en los individuos; son cosas que vienen del ser humano, en su forma corporal; si evolucionan, es un movimiento tan lento que, en la limitada cronología de lo que llamamos la historia, podemos hablar de fenómenos sin cambio ni diversidad en el espacio. Es precisamente en esta parte de la naturaleza en la que se apoya lo que en la historia es la repetición, los gestos repetidos sin fin, con una monotonía desesperante, por el conquistador, el torturador, el misionero, el investigador, el filósofo, el historiador.



Pero la pregunta que usted me hace es grave porque lleva a esta otra: ¿acaso el otro código, el cultural, que sí se mueve, es tan superficial y operante que, muy a menudo, los mecanismos de regulación de orden moral, ético, demuestran ser incapaces de dominar otros mecanismos, de orden corporal o biológico? ¿Constituyen mucho más que una simple cobertura, en todo caso para una gran mayoría de individuos, una especie de pantalla tras la cual se ocultan para responder a escondidas a los impulsos de la naturaleza biológica del hombre?



Un tema para la reflexión personal. ¿Quién no ha pensado muchas veces que parece mentira que teniendo tantos avances técnicos, tantas comodidades, tanta mercancía a nuestro alcance, tantos medios jurídicos y políticos sofisticados, ande todavía la Humanidad como anda? Por una parte, no podemos hablar de una sola Humanidad, puesto que la riqueza, quebradiza, de unas zonas de la tierra no debe ocultarnos las miserias de otras regiones del planeta. Por otro lado, lo que dice contundentemente Duby es que la naturaleza humana y sus apetencias siguen interviniendo y rigiendo decisiva y desgarradoramente sobre las propias creaciones culturales de la especie. Y que los elementos de corte ético desarrollados no están bastando para una reorientación de los objetivos de convivencia y aprovisionamiento de bienes que haga justicia por doquier, y que incluso a la primera de cambio son traicionados incluso en este primer mundo en el que habitamos. ¿Tiranía de la tendencia biológica humana? ¿Está condenada siempre la historia de los hombres a repetirse? ¿O sólo nos lo parece? ¿Cómo poner el cascabel al gato? De momento, los criterios expuestos por Georges Duby me parecen dignos de utilizar en cualquier debate, con ánimo de aproximarnos más a la verdad de las cosas.


(El historiador Georges Duby)


(Los tres fotomontajes son obra de Josep Renau. La imagen del tebeo Hazañas bélicas es de Guillermo Sánchez Boix)

miércoles, 26 de octubre de 2011

Cuando se apropian de los símbolos

(Imagen de Vladimir Clavijo)


Respecto a la decisión reciente de ETA de abandonar la lucha armada se ha dicho de todo estos días. Poco que añadir. Hay análisis serios y rigurosos, hay comentarios de tertulianos vinculados a los medios amarillos bastante huecos e interesados, hay frases lapidarias de la extrema derecha que habita en el interior del PP, hay confusión y radicalismo entre las asociaciones de víctimas. En mi criterio destacan dos actitudes dignas de consideración y bastante extendidas en la sociedad española. Por una parte satisfacción porque pare de una santa vez la actividad armada y se superen cuarenta y tres años de violencia que solo ha dejado muertos, sangre, sufrimiento a toda banda y desencuentro social. Por otro lado, necesidad de mantener un estado de cautela, calma y tratamiento prudente y dialogante del tema. Nada cabe agradecer a ETA, sino más bien reprocharla que haya dificultado la convivencia entre los españoles, procurado el ascenso de la derecha tradicional y extremista y haber vivido de espaldas al conjunto de la sociedad.


(Imagen de Michal Macku)


Uno no sabe si la guerre c’est finie, que decía la película de Alain Resnais, parodiando el parte victorioso de Franco, o si el sotobosque mantendrá todavía las brasas de una reactivación violenta. Los años le han vuelto a uno más incrédulo y muy escéptico y los fenómenos que se cuecen en este país nuestro crían muchas larvas. Las cosas serán como tengan que ser y probablemente nos sorprendamos de lo que acontezca. Pero yo no quería hablar más del tema, porque otros lo hacen mejor. Pero sí citar un elemento que ni los mismos etarras tienen claro de donde procede. Me refiero a esa imagen de la serpiente enredándose en un hacha. Hace tiempo uno de los dirigentes justificaba el símbolo etarra como una representación de la unión de la fuerza y la inteligencia. Fuerza bruta (que es lo que ha sido, y no fuerza nutriéndose de fortaleza) e inteligencia (algo ausente en el historial de la organización, al menos en su interpretación positiva) son términos antitéticos, excluyentes. En su simplismo, ese mismo dirigente reducía más el significado al decir que el hacha significaba lo militar y la serpiente lo político. O dicho de otra manera, con el hacha se golpeaba al enemigo y la serpiente quería decir que se hacía de modo inteligente (para mí sigue siendo un enigma el uso y la demostración de dicha inteligencia por parte del ente) Un casamiento iconográfico que ni siquiera lo inventaron ellos, ya que debe remontarse a alguno de los últimos resistentes antifranquistas de 1936, pero que ETA lo resucitó con bastante oportunismo y vaciándolo del carácter ácrata que debió tener en su momento.


(Imagen de Michal Macku) 

Si buscamos una interpretación tradicional de los símbolos, el hacha era ante todo el símbolo del poder de la luz, según recuerda Juan Eduardo Cirlot en su libro Diccionario de símbolos. Otra cosa más compleja e interesante es el hacha doble, que se da en todas las culturas antiguas, con diversos significados, de los cuales el más próximo es el culto al laberinto cretense. Dice Cirlot: El laberinto expresa el mundo existencial, el peregrinaje en busca del centro. El hacha doble alude a la revelación de dicho centro. Como se puede ver, hay más hondura en el sentido de las viejas culturas que en la superficialidad de un grupo armado que ha vivido en un callejón sin salida y sin búsqueda del centro. Entre el carácter filosófico de las culturas orientales y el maniqueísmo de los terroristas vascos creo que media un abismo.


(Imagen de Michal Macku)


La serpiente es un símbolo todavía más poliédrico. Si en realidad todos los símbolos son funciones y signos de lo energético, la serpiente es simbólica por antonomasia de la energía, de la fuerza pura y sola, dice Cirlot en el libro citado. No cabe duda de que entre la amplia variedad de significados que todas las culturas conceden a la serpiente la que domina de una manera u otra es la representación de la sabiduría. La imagen que aparece en el Génesis de la serpiente ofreciendo a Eva una manzana no es sino la invitación al conocimiento. A la capacidad de discernir entre el bien y el mal, un objetivo que la humanidad persigue incesantemente desde el principio de los tiempos, mal que les pese a los clérigos, las castas y los detentadores de poder de toda condición. ¿Algo de esa caracterización de la serpiente se encuentra en el historial e ideología de ETA? El mejor camino para interpretar los símbolos no es precisamente utilizarlos fuera de contexto, con afán de justificar las tinieblas en lugar de aportar la luz de la que tan necesitada está el género humano.   


miércoles, 19 de octubre de 2011

A treinta días vista




¿Cabe preguntarse si los versos de Antonio Machado siguen, de manera total o parcial, en vigor?

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios:
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.





Para quienes crecimos sin saber qué era la democracia ni de qué iban unas elecciones, y desconocíamos el sistema de representación política de europeos y americanos, del que oíamos hablar como de un rara avis, la circunstancia que tendrá lugar dentro de un mes en España debería ser siempre motivo de congratularse. Los medios periodísticos suelen denominar Fiesta de la democracia a unas elecciones, lo cual suena bonito la primera vez que lo oyes. Después, y tal como van las cosas, ya no te parece tan digno de festejar. Y es que hay un abanico de posibilidades restrictivas entre las dictaduras que impiden cualquier votación libre y las elecciones formales de la democracia. De todo ha habido en la española viña del Señor antes y después de 1936: elecciones dirigidas, elecciones aparentes, votos amañados, pucherazos, instrucciones de a quién votar provenientes de una mano caciquil, la actual ley D’Hondt. Procedimientos de limitación y reparto diversos y que hoy con esa ley benefician a los dos partidos mayoritarios y a los partidos nacionalistas a los que en su día se les hizo un guiño desmesurado. Las demás agrupaciones o partidos obtienen siempre un reparto menor de escaños, no obstante los votos importantes recibidos, por causa de la aplicación de una ley injusta. Todo eso ya es sabido.



Ahora, a un mes justo de las elecciones generales, ya empieza a sonar la aburrida música, más que la deficitaria letra, que no se va a cumplir, de la campaña electoral. Por supuesto, el partido que ha figurado como oposición ya lleva haciendo su campaña desde hace cuatro años. Sin hacer propuestas serias y creíbles. Claro que se dirá que para qué iba a hacerlas, si les cunde más el ataque de energúmenos y la ausencia de razonamientos, cuando no el simple callar, en esa carrera desenfrenada por recuperar la influencia de otros tiempos y que habían extraviado un poco. Campaña agresiva, para la que ha contado, como es de recibo, con aliados tan tradicionales y fieles como la Iglesia católica y los sectores ultras. Campaña a la que no ha podido ni sabido reducir sus efectos el Gobierno que agota sus últimos días, en parte por la mala pata del ciclo negativo de la economía y en parte por sus desaciertos al tratar de hacer política de concesiones al sistema en temas fundamentales. Es el problema permanente de la socialdemocracia en cualquier país. Que tiene que gestionar una política de Estado que es subsidiaria de la economía europea y mundial, que depende de los grandes grupos de presión financieros e industriales y que tiene un margen cada vez más reducido para actuar con algún tipo de independencia que le permitiera ser más social. Resulta difícil, si no imposible, llevar a cabo una política social en los márgenes de un sistema que coloca como objetivo fundamental sus propios intereses de beneficio y poder. Si además, la crisis del propio sistema se ahonda, los recursos quedan mermados y la socialdemocracia no sabe ni puede dar satisfacción a las necesidades de las clases trabajadoras, capeando a su vez los objetivos que constantemente exige la patronal y la derecha tradicional. No se puede nadar y guardar la ropa, por mucho que se intente.




Está bien que se celebren elecciones. ¿Pero todo queda ahí? Entendemos que hasta ahora no se había inventado nada más perfeccionado, pero ¿acaso no va siendo el momento de empezar a generar algo más auténtico y más efectivo? Porque el invento se muestra cada vez más descafeinado. La mayoría de la sociedad entra al trapo y se limita a refrendar con su derecho al voto al partido electo. Solo una minoría de españoles intenta ejercer la democracia además de otras maneras. Asociándose, por ejemplo, para afrontar las cuestiones con realismo en la base de la vida social y sugerir medidas. Esta gente es digna de reconocimiento, no obstante el esfuerzo y el clamor en el desierto en que suelen moverse. Votar cada cuatro años no tiene mayor mérito. Pero estar día a día interesándote por los asuntos que compiten a la sociedad para que no te la cuelen es de gran valor. No basta ya con delegar en los elegidos y marcharse a casa.




Hay alegría y expectativa en una de las dos Españas por cambiar el partido del gobierno. Hay preocupación en la otra de las Españas por lo que se intuye que viene, que va a ser duro, antisocial y antiobrero. Para aquellos que se quedan en ver la democracia por encima, esto de los recambios cíclicos es bueno y ya justifica por sí mismo el sistema de representación público. Para quienes saben que tras el control de un gobierno hay intereses profundos y voluntad de ser sobre todo portavoz de los poderes efectivos, el cambio hacia peor implica inquietud. Pero no todo el mundo ve las cosas de la misma manera. Entre el flaco ejercicio de pensamiento que se hace en este país y la nula existencia de un debate razonado y extensivo (ay qué ausencia de debate padecemos, por dejación de los mismos políticos y por desinterés de los medios periodísticos) saldrá lo que salga o lo que saldrá. Que prácticamente está cantado. Un apunte final. Hay que ver qué poco cuenta para los españoles el tema de la integridad moral de sus representantes. Que los innumerables casos de corrupción que han salpicado la política no castigue al partido que más méritos se ha marcado en esa lid hace que uno se intranquilice por nuestra deficiente catadura. Y si hay algo que debería ser un axioma es que sin ética no hay política ni convivencia dignas de tal nombre. ¿Traerán los vientos de la indignación un nuevo espíritu cara a los próximos tiempos?




sábado, 8 de octubre de 2011

Placas al peso


Siempre me pareció España un país de placas de fachada. Y eso que muchas han desaparecido. De placas inútiles, naturalmente. Se salvan de mi respeto las que aún recuerdan a ciertos ciudadanos que han aportado algo a la ciencia, a la literatura, al arte y al desarrollo del país. En definitiva, a la cultura. Pero aún persisten ingentes cantidades de plaquitas de personajes menores, muchos vinculados al clero o al ejército, sin mayores méritos y glorias que sus respectivos estamentos les quisieron conceder en su día. Hay una moda más reciente en algunas ciudades, que consiste en que si las autoridades municipales han encontrado en la obra literaria de un escritor de este tiempo, por ejemplo, su parte de filón turístico, hay que situar con citas de alguna novela suya una placa en determinado solar, otra en cierta calle, otra a la vuelta de tal iglesia. Como se dice ahora, una pasada del culto a la personalidad, con un criterio provinciano y comercial que no le cura ni el frío serrano.




Este país ha gustado de honrar a sus próceres y autoridades, muertos o vivos, con placas por doquier. ¿Quién no tiene en su memoria la imagen de alguna inauguración de obra pública o privada donde las autoridades descubrían la cortinilla de una placa? A mi este tipo de ejercicios me ha parecido siempre propio de siervos y de estómagos agradecidos, y ya digo que puedo salvar los que realmente han aportado algo importante. El tema da para desarrollarlo ampliamente. Y no estaría mal que los historiadores se pusieran de acuerdo para analizar los significados de esa práctica de rotular edificios y hacer un inventario en toda regla.  Pero quiero hacer constar lo que me parece aún un escarnio y un desprecio. Que todavía permanezcan en calles, plazas o iglesias cierta iconografía del viejo régimen que, como ya es sabido, se instauró en base a un hecho ilegítimo e ilegal como fue el alzado en armas contra un Estado votado democráticamente. Y más triste es comprobar que muchos ciudadanos condenen la investigación de los crímenes del franquismo o la exhumación de las fosas de los fusilados republicanos mientras aceptan gustosa o indiferentemente que ciertas placas permanezcan rotulando nombres de calles de nuestras ciudades. Se me dirá que aquí no hubo el ajuste histórico y la reconciliación de verdad y que así nos va.




Una de las cosas que más me impresionaron cuando hace años visité Praga fue que también existían placas. Por supuesto, había placas honrando al poeta Jan Neruda o a Dvorak o a Mucha, como las hay en nuestras ciudades a Cervantes, Cernuda, Jorge Guillén o Sarasate. En Praga hay un tipo de placas muy especial. En estos términos, más o menos: de esta casa fue sacado para ser asesinado por las SS el ciudadano Fulanito de tal. Un matiz que honra el ejercicio de memoria histórica que responde a una clara conciencia moral de la que muchos españoles carecen todavía hoy día. Desde luego, la permanencia de placas recordando a personajes funestos y de ciudadanos que entonces optaron por formar parte de la insidia de un golpe letal a la democracia y el progreso no tiene el mismo significado que la memoria de Praga.




Acabemos con un cantar de Antonio Machado, de sus Proverbios y cantares, que puede parecer que no viene a cuento pero que a mí me apetece porque hace pensar:

¿Conoces los invisibles
hiladores de los sueños?
Son dos: la verde esperanza
y el torvo miedo.
Apuesta tienen de quién
hile más y más ligero,
ella, su copo dorado;
él, su copo negro.
Con el hilo que nos dan
tejemos, cuando tejemos.



domingo, 2 de octubre de 2011

Vox populi


Digamos que se trata de expresión popular. Que, de manera análoga a como la publicidad comercial lanza sus mensajes, el espontáneo ciudadano reproduce los suyos. He aquí un ejemplo de cómo el significado metafórico se ha impuesto al lineal. Por supuesto, uno se puede identificar con la frase o sentirse alejada de ella. En lo que discrepo relativamente es en esa parte en letra pequeña del mensaje: todos. Nunca he aceptado que se nos involucre a todos, que se invoque la totalidad. Los políticos, por ejemplo, son muy dados a hablar de que todos los españoles saben, quieren, desean, reclaman… Lo lanzan principalmente en este proceso preelectoral la derecha, arrogándose la totalidad y la representatividad del conjunto del país. Como si España fueran ellos. Aberrante. Lo comunican también los publicitarios con un tono sacro mundano y con sibilina frecuencia. No en vano los intereses de ciertos políticos, industriales y comerciantes convergen en un solo dios: el mercado. Pero quiero salvar al grafista que sobre el banco ha añadido, probablemente al final, esa asunción de la totalidad. Quiero sospechar que tiene una intuición de que las cosas no van a pintar bien para un sector amplio de la sociedad, no sé si mayoría o totalidad. De que la crisis y recomposición del sistema va a traer fuertes sacrificios para muchas clases sociales, probablemente las obreras y las llamadas medias. Y en ese sentido, el grafitero librepensador lanza más un aviso que una arrogancia. Una invitación a pensar más que pedir un voto o vender un producto. Sinceramente, he agradecido que este banco de parque de barrio hable. Los otros bancos ya están hablando demasiado, exigiendo demasiado, pero apropiándose de la voz callada de los ciudadanos que son quienes les inyectan dinero a través del erario público para el rescate de sus agujeros negros.

  


miércoles, 28 de septiembre de 2011

La felicidad, ah ah ah ah


La felicidad es un viaje que se inicia desde niño. No lo dice Tagore, ni Osho, y dudo que aparezca en el Tao te King. O acaso sí lo han dicho, a su manera, y algún listo del marketing y de los nuevos pontífices de la psicología de ventas se ha apuntado el lema. Pero ahora lo escucho desde un anuncio de los que emiten en televisión. No me quedé con el producto que venden, lo que quiere decir que, de momento, conmigo han pinchado en hueso, pero la frase se me grabó seguramente porque tiene mucho de palabrista. Y los avispados publicitarios saben que si algo aporta la literatura es su capacidad de síntesis. Algo que, obviamente, no todos los que escriben cultivan con acierto. Los publicistas, sí. Buscan redondear una idea, expresarla con mínimo de palabras, incluso resumirla en una sola. En la frase se juega con tres claves harto literarias: infancia, viaje de la vida y ese absoluto a perseguir que nunca se alcanza, llamado felicidad.



Evidentemente, el eslogan es ladino. Proponer como objetivo ser feliz es de lo más tentador para el ser humano. Para el ser humano que aún se crea lo de la felicidad. Se ha incrustado en la esencia del mercado, luego del consumo, luego en el código mental de las gentes. Durante siglos la palabra se ha desconocido en prácticamente todas las sociedades. Las poblaciones se consideraban mejor cuando en la lucha por la supervivencia se alejaban temporalmente de una peste, de una hambruna, de una guerra o de una servidumbre. Dudo que en esas circunstancias la gente hablara de la felicidad. Procuraban el bien día a día y se congratulaban de las mejoras más pequeñas, hasta que las tornas se volvieran nuevamente en su contra.





El empleo y extensión socializada del término felicidad es más bien un factor propio de los tiempos modernos, de las sociedades del consumo y el bienestar. El hombre feliz se convirtió en paradigma del hombre occidental del siglo XX. Ese hombre que se creyó la seguridad, la estabilidad y que tocaba algo de la riqueza desigual. A costa del resto del mundo. Pero el hombre feliz está cuestionándose a velocidades de vértigo. La nueva religión que se paga con Visa a cambio de productos de supermercado puede que aún defina al hombre actual. ¿Por cuánto tiempo tal como van las cosas? Porque las felicidades que proporciona son transitorias, limitadas y escasamente satisfactorias. No hay ningún viaje a la felicidad. Simplemente porque destino tal no existe. Y el mercado nunca será sustitutivo de otros valores que el hombre occidental parece haber abandonado.


(Las imágenes pertenecen a algunas de las obras teatrales del polaco Tadeusz Kantor)


domingo, 25 de septiembre de 2011

Lo que hay que oír por esas calles


¿Quién dijo que el debate no estaba en la calle? Decir debate y decir calle pueden ser términos de altura o simplemente fruslerías. Los escépticos cotidianos creemos en la imaginativa capacidad de expresión humana. Pero dejamos de creer en cuanto escuchamos las bocanadas pútridas que algunas gargantas exhalan. Antes, si no entrabas en un bar no te enterabas de muchas conversaciones. Desde que la ley prohibitiva ha expulsado a los fumadores a la calle tienes que oír muchas cosas que de otra manera no tendrías conocimiento. Aunque siempre he dudado que el conocimiento pueda ser hijo natural de las conversaciones entre vinos. Por cierto, la ley prohibitiva ha beneficiado a los bares, les ha permitido ampliar sus metros cuadrados de local a costa de otros vecinos o del transeúnte, en definitiva del terreno público llamado calle. Y los ayuntamientos, encantados de cobrar más impuestos por metros de fachada usurpada. Bueno, suponiendo que los cobren, porque de lo contrario la desfachatez de hosteleros y de autoridades sería bastante abyecta. Una picaresca más, vamos.




Así que salgo de par de mañana y ya tenían montada su tertulia de calle tres o cuatro vecinos avanzados en edad, de voz cascada y flemas permanentes, de esos que son carne perpetua de holganza. Tertulia es un decir, porque sólo uno hablaba y el resto asentía o permanecía impasible. Y hablar también es una ironía porque, a su manera y con un tono categórico de sapiencia de vía estrecha, echaba su mitin. Les estaba instruyendo sobre García Lorca, hecho que, en principio me admiró. ¿Hay quien cita a García Lorca a estas alturas? Mas mi gozo acabó enseguida en el fondo del pozo más oscuro, porque pesqué a vuelo estas frases: A García Lorca, ¿habéis oído hablar de García Lorca, no?, le mataron por cuestiones de herencia y luego, anda, le echaron la culpa a los nacionales…Esta versión postmoderna no la había escuchado todavía y se me encogió el alma. Ciertamente, la calle resulta un campo abonado suculento y próspero. Pero de cizaña, más que de sembrados alimenticios.


Y automáticamente me preguntaba a mí mismo en qué fuentes abrevarán este tipo de seres. ¿En los César Vidal y Pío Mora, alevosos frustrados de la historiografía? ¿En la radio de los obispos y en la prensa amarilla y venenosa que se retroalimentan de la ignorancia política y del fanatismo soterrado más torpe y cruel? Me imagino a ese tipo de personajes de chascarrillo de calle, donde hay que pasar el rato porque les han echado de casa, negando el holocausto nazi, el cambio climático o que la tierra gira en torno al sol. No sé si me entristece más oír esa clase de opiniones estúpidas y desacreditadas o comprobar cómo se resignan algunos humanos a perseverar en la ignorancia, sempiterna fuente de maldad. La vía del fanatismo y la intolerancia está abierta siempre para los intereses más espúreos y demenciales. Caldo de cultivo de los votos más intransigentes.



Una conversación de calle me la trae al pairo. Pero un voto y los que arrastre la desinformación y la mentira me resulta ya grave. El maestro Juan de Mairena probablemente sabía mucho de situaciones análogas. Me le imagino comentando algo como lo que me permito inventar vergonzantemente en su ausencia:

“Si bebéis, bebed vino del bueno. Si escucháis, que sean voces sensatas. El mal vino y la peor palabra sólo conducen al mal cuerpo. Y el mal cuerpo, a la larga, sólo produce la iniquidad.”   



(Las ilustraciones que adjunto son obra del polifacético gallego Alfonso Castelao)

domingo, 18 de septiembre de 2011

¿Hasta cuándo, Catilina, abusaréis...?



En estos tiempos de confusión uno debe echar mano de la ironía para respirar. Para que la bola no se le instale en la boca del estómago o la bilis no le suba en cantidad más extraordinaria al esófago. No son tiempos de confusión en el sentido de la mano del destino, de los ángeles apocalípticos o del fin del mundo. Aunque tal como se suceden los acontecimientos todo podría tener lugar. Sabemos los nombres y apellidos del origen del mal y especialmente del mal de nuestro tiempo: el sistema basado en el capital que ya no funciona y nadie parece saber por qué. Notables de la economía, desde los centros de análisis de los bancos, pasando por profesores y catedráticos hasta los pomposos titulados del premio Nobel, y terminando con los dirigentes de las grandes instituciones que rigen los destinos económicos de la especie reina del planeta están dando muestras de un saber cero. Cuando arrecie la tormenta manifestándose en toda su capacidad de destrucción y cuando más tarde amaine, los supervivientes buscarán quién de toda esa clase de sabios y autoridades andaba más cerca del acierto.





“Aunque yo sea un hombre modesto- sigue hablando Mairena -, no he creído nunca en la modestia del hombre. Entendámonos. Nunca me he obligado a creer que sea el hombre una cosa modesta, mediana, mucho menos insignificante. Bien mirado, lo insignificante no es el hombre, sino el mundo. Reparad en cuán fácilmente podemos: primero, pensarlo; segundo, imaginarlo; tercero, medirlo; cuarto, dudar de su existencia; quinto, borrarlo; sexto, pensar en otra cosa…”



 


Y así parece ser, con la expresión de esa gran socarronería machadiana, como parece seguir ordenándose el caos del mundo. Hoy me levanto con la noticia de que la multinacional farmacéutica Roche, que se ha hecho de oro vendiendo a las administraciones públicas, deja de suministrar medicamentos a la sanidad pública griega. Eso es un ejemplo claro del funcionamiento capitalista (¿se nos había olvidado la palabra?) No me pagan luego no suministro. Ley severa, ley del ojo por ojo, ley del talión sin posibilidades de treinta, sesenta y noventa, como antaño. Y de paso avisa también a España. Se agradece que sean caballerosos y se decidan por el refrán el que avisa no es traidor. ¿A qué nos atenemos? Y no es más que un ejemplo, pero puede que se multipliquen en cosa de días los gestos conciliadores, solidarios y fomentadores de  riqueza ciudadana de tal guisa por parte de las empresas que más beneficios han obtenido. ¿Quién dijo que el hombre era soberbio, depredador, injusto y traicionero con la propia especie? Nada, que el mundo es abstracto, etéreo y feliz, como la economía política que cabalga contra la ciudadanía. ¿Hasta cuándo abusaréis de nuestra paciencia, Catilina?




(Las imágenes son obra del pintor amazónico Brus Rubio)



lunes, 12 de septiembre de 2011

O Historia o leyendas

(Fotografía de Ramón Simón)

“–¿Me perdonaría el ilustre prócer, si le dijese que no he creído el cuento con que nos regaló hace un momento?
–¿Qué cuento? 
–El de la conversión. ¿Puede saberse la verdad? 
–Donde nadie nos oiga, Fray Ambrosio. 
Asintió con un grave gesto. Yo callé compadecido de aquel pobre exclaustrado que prefería la Historia a la Leyenda, y se mostraba curioso de un relato menos interesante, menos ejemplar y menos bello que mi invención. ¡Oh, alada y riente mentira, cuándo será que los hombres se convenzan de la necesidad de tu triunfo! ¿Cuándo aprenderán que las almas donde sólo existe la luz de la verdad, son almas tristes, torturadas, adustas, que hablan en el silencio con la muerte y tienden sobre la vida una capa de ceniza? ¡Salve, risueña mentira, pájaro de luz que cantas como la esperanza! ¡Y vosotras resecas Tebaidas, históricas ciudades llenas de soledad y de silencio que parecéis muertas bajo la voz de las campanas, no la dejéis huir, como tantas cosas, por la rota muralla! Ella es el galanteo en las rejas, y el lustre en los carcomidos escudones, y los espejos en el río que pasa turbio bajo la arcada romana de los puentes: Ella, como la confesión, consuela a las almas doloridas, las hace florecer, les vuelve la Gracia. ¡Cuidad que es también un don del Cielo!…¡Viejo pueblo del sol y de los toros, así conserves por los siglos de los siglos, tu genio mentiroso, hiperbólico, jacaresco, y por los siglos te aduermas al son de la guitarra, consolado de tus grandes dolores, perdidas para siempre la sopa de los conventos y las Indias! ¡Amén!”



(

(Fotografía de Tadeusz Kantor)

La ironía de Valle-Inclán es infatigable. O la oración por pasiva. Desquite agudo de la inteligencia. Creo que lo que pinta Valle-Inclán en este párrafo de Sonata de invierno es el espíritu de hartazgo de nuestros intelectuales sobre la España secular que padecían Valle y los ilustres de la Generación del 98. Aquella preferencia mental entre conocer la Historia o la Leyenda sigue en vigor hoy día. En parte porque no se ha hecho demasiado por divulgar las realidades históricas. Porque la historia pasada se ha vivido como un relato distante y legendario, sentido en la ficción, si bien padecido en las carnes por los pertinentes. Los españoles prefieren no conocer lo que fue, ni el por qué fue ni el cómo corregir en el futuro para no repetir errores. Prefieren las historias a la Historia. No sé si es cosa de todos los ciudadanos o sólo de una parte a instigación de ciertas clases e instituciones que no quieren ver que se les señala con el dedo de la crítica. Que ellos interpretan enseguida como revancha. Pero que un sector amplio de la población prefiere dejarse guiar en y hacia la oscuridad por los próceres de esa clase no me cabe duda alguna. Disponen de los mismos elementos que en el pasado, pero actualizados en función de todos los avances mediáticos. Historiadores de pacotilla y falsarios que cuentan los acontecimientos con arreglo a sus ideologías los ha habido y los habrá. Soportes de nuevo cuño como cadenas de televisión no hacen apenas nada por colaborar en el conocimiento, pues su mentalidad de entretenimiento es siempre más proclive. Las universidades trabajarán en sus departamentos, y creo que se ha avanzado considerablemente, pero la divulgación de las investigaciones se mantiene en el petit comité de los iniciados, sin mayor proyección social. Y las administraciones públicas, suma y gravemente responsables en canalizar u ocultar los conocimientos hacen un flaco favor a la ciudadanía, al saber y a la convivencia del futuro.

(Cuadro de Anselmo Nieto)


Puede resultar más duro aproximarnos a la interpretación de lo que realmente ocurrió en la Historia, siempre que los datos y el hilar de la investigación nos lo permitan, pero es más luminoso cara a mirar hacia adelante. Nunca he entendido muy bien el temor que a mucha gente inspira ver las cosas. Y cómo se refugia en los cuentos y desfiguraciones, simplemente porque resultan más bonitas y como uno desearía que hubieran sido. El bagaje de ideologías, religiones, intereses y costumbres, si bien rancias y poco constructivas, sigue influyendo entre los españoles. Cuando tengo que escuchar a un dirigente de la derecha que se ha desgajado hace poco de su partido madre decir que desde Asturias se va a llevar a cabo la segunda reconquista me pregunto si, aparte de la demagogia del caso, no será que explota burdamente, aunque él cree que buen tino, una idea tradicional y equivocada que prende en la mente de muchos, y más ahora que ya no quedan casi mineros y el alma legendaria de sus gestas apenas hierve en las cuencas. Al mundo del business actual le trae al pairo la Historia porque vive pendiente del negocio de los mercados. Pero a la convivencia y sabiduría de los ciudadanos debería interesar. Una vez más, me ratifico en que palabras como las de Valle-Inclán en su Sonata de invierno, preñadas de sutileza, ironía y crítica velada, están en candelero. Los clásicos nos persiguen como conciencia sana del pasado para recordarnos que acaso muchas pautas y comportamientos apenas han cambiado, o tal vez no para todos en la misma medida.



martes, 6 de septiembre de 2011

Un año más, cabalgando



Un año más, a punto. Nunca una sociedad tuvo tantos medios para los niños. Doble faz de eso que unos llaman enseñanza, otros educación, otros formación. A mi me gusta llamarlo simplemente aprendizaje escolar. Porque el aprendizaje no es solo ir a la escuela, ni se limita a esas edades, sino que la escuela debe complementar la información que los niños van recibiendo desde múltiples espacios. Excesivos espacios hoy día. Veo niños de cuatro años a los que no han enseñado a leer y manejan los deditos sobre un teclado de ordenador para ponerse juegos que te asombras. Un año más, a punto. Sí, hay una extraordinaria escolaridad, una socialización masiva de la escolaridad. También empiezan a verse los efectos de las vacas flacas que acechan: recortes en las inversiones, una administración pública no todo lo sensible que debiera, el eterno negocio de las privadas que buscan siempre el trato de favor y un profesorado desanimado y tal vez también muy cansado. Son tiempos de enigmas. Los ámbitos en que los niños perciben informaciones son tan variados como complejos y hasta, a veces, dudosos. Rodeados de televisiones, de cantidad de objetos y juguetes que se les compra, de actividades múltiples a las que los padres les someten, del permisivo abandono a los juegos de ordenador para que estén entretenidos y no den guerra, y bombardeados por una publicidad directa e inmoral que recaba de sus mentes inocentes que se incorporen al consumo…uno se pregunta qué puede significar la escuela hoy para un niño, para un joven. Tras décadas en que era la referencia por excelencia de aprender algo, lo elemental, lo imprescindible, hoy no se sabe si sigue siéndolo.



Un año más, a punto. De parafernalia, de gastos desorbitados, de mercado abusivo y avasallador en torno al ejercicio de una de las necesidades más fundamentales del ser humano, junto con la nutrición y el abrigo. ¿Qué significado tiene hoy ir a la escuela? Únicamente se sabrá a posteriori. Cuando un individuo de los de ahora crezca y se vea que sigue aprendiendo. Y no sólo en las técnicas y en los sistemas de integración productiva. Sino cuando su fuero interno reclame comprender que la vida no es exclusivamente pasar, probar y consumir. Sino que se debe asimilar la experiencia y tener claros valores y significados. Enigma y desafío.  La vida entera como aprendizaje: o la escuela no habrá servido para mucho.



(Ilustraciones de Aitana Carrasco, http://aitaneta.blogspot.com/)

sábado, 3 de septiembre de 2011

Los Borbones en pelota (o los Bécquer en acción)


A propósito del castigo infringido hace unos días al autor de viñetas sirio Ali Ferzat recordé que esta práctica satírica ha sido ampliamente practicada en España desde hace siglos. Abundantes publicaciones de los siglos XIX y XX incorporaban hasta páginas enteras de dibujos críticos con los gobiernos, las clases pudientes y los partidos al uso. Incluso dos españoles célebres por su calidad literaria y gráfica lo practicaron de una manera mordaz y antimonárquica. Se trataban de los Hermanos Bécquer.

(Valeriano Bécquer)

Valeriano Bécquer era un espléndido pintor y dibujante, retratista y paisajista fundamentalmente, y su hermano Gustavo Adolfo nos resulta más conocido porque es uno de esos autores que ya de niños conocimos a  través de las Rimas y las Leyendas. Pero por supuesto nadie nos habló en su momento de otras vertientes, capacidades y realizaciones de estos hermanos.


(Gustavo Adolfo Bécquer)

Entre 1868 y 1869 hicieron caricaturas sobre los últimos tiempos del reinado de Isabel II, de la vida española y de las veleidades de la reina. Sobre esto último no dudaron en practicar un dibujo grotesco y erótico absolutamente mordaz y libérrimo. Valeriano Bécquer ilustró infinidad de periódicos y publicaciones de la época. Pero la labor con su hermano Gustavo se concentró sobre todo en las casi noventa acuarelas conservadas que firmaban como SEM o SEMEN.



En esta colección de estampas arremetían contra todos los grupos políticos de su tiempo (¿serían ellos una especie de conciencia crítica antisistema de entonces o simplemente unos díscolos que no se casaban con nadie?), pero especialmente contra las andanzas de Isabel II, su esposo Francisco de Asís, su confesor el padre Claret, Sor Patrocinio y una serie de nobles, ministros y personajes de la Corte (la Corte de los Milagros, como la calificó Valle-Inclán) A esta obra se la conoce como Los Borbones en pelota, título que ya define por sí mismo de qué guisa eran retratados los gobernantes monárquicos, tanto a través de los dibujos eróticosatíricos  como en los breves pero sustanciosos textos que se acompañaban al pie de los mismos. 



Por supuesto que los hermanos Bécquer suscitaron la animadversión de muchos sectores de la vida política española, pero también el reconocimiento y la complicidad, cuando no la protección, de personajes influyentes de talante ilustrado. En la caída de la monarquía isabelina y el proceso triunfante de la Revolución de 1868 la prensa jugó un papel determinante. Era el elemento de comunicación punta que generaba opinión, debate e influencia sobre todos los agentes en litigio. Y ahí, la sátira tanto literaria como gráfica iba directa a la mente y el corazón de los españoles. La sátira política ha sido y sigue siendo uno de los sistemas expresivos más necesarios en cualquier sociedad, aunque ya vemos cuán en decadencia está ahora mismo en España y qué importancia decisiva adquiere sin embargo en plenas crisis de otros regímenes tambaleantes, cuyos dictadores donde no se andan con chiquitas, tal el caso de Siria, Irán, etc.