hoy es siempre todavía

sábado, 10 de diciembre de 2011

Del racionamiento al despilfarro


Recordando los años del hambre, la década de los 40 del siglo pasado, mi padre solía decir: que no tengáis que pasar nunca penurias ni necesidades. A los que ya hemos crecido, si bien no en la abundancia y el despilfarro, como ahora, sino en una contenida y modesta subsistencia que iba cubriendo lo imprescindible y un poco más, aquello del hambre en España nos parecía cosa exagerada. Incluso había quien opinaba que todavía había sido peor aquella década de aislamiento que la guerra en sí. Bueno, la cosa iría por barrios, se supone. Pero tras el resultado del fin de la guerra civil, la situación alimentaria fue bastante precaria y homogénea para el ochenta por ciento de la población al menos. Pobreza, carencia, paro, dificultad para dar de comer a todas las bocas de una familia.



Empeñado como estuvo el nuevo régimen en una autarquía económica sin precedentes, las producciones agrarias fueron canalizadas por el estado, aunque los grandes propietarios y latifundistas se quedaban con una parte para especular y vender en el mercado negro. Fue el llamado estraperlo. Como no había por lo tanto capacidad de compra ni mercado accesible para toda la población, los alimentos llamados de primera necesidad se racionaron. Azúcar, pan, aceite, arroz, carne, llegado el caso. Para hacerlo posible se instauraron las cartillas de racionamiento. Se adjudicaban equis cantidades por persona y familia, y se arrancaban los consiguientes cupones. Por supuesto, todo resultaba insuficiente y probablemente sería irregularmente repartido.  Era la intervención alimenticia sobre una sociedad sumida en la miseria, donde no obstante el férreo control de la policía y los falangistas, la gente vivía inquieta y disconforme con las carencias.


Esto viene a cuento de considerar el modo antípoda, respecto a aquellos desgraciados tiempos, en que se vive hoy día. En vísperas del gran mito, o de la adoración a ese gran becerro de oro que es el consumo desaforado de las llamadas Navidades, si te paseas por los grandes almacenes verás que la gente cae ya sobre las secciones para ejercitar el monótono culto al regalo que no es sino el tradicional impuesto al consumo, aderezado por la costumbre y el mito de lo entrañable y lo familiar. No se sabe bien todavía si las tradicionales comidas y cenas de empresa y amigos se van a mantener como en años anteriores, aunque conociendo la psicología del paisanaje sospecho que no se reducirán considerablemente. Por supuesto, desde aquella época del hambre y de las privaciones a ésta de lujo y de vivir por encima de la satisfacción de las necesidades ha transcurrido demasiado tiempo para que la memoria siga con cierto eco de vigencia. Uno no quisiera que volvieran jamás los malos tiempos, pero tal como están las cosas, al menos vamos a pasar un período difícil. Deberíamos dedicar un punto de reflexión sobre nuestros modos de vida. Dicen que hay mecanismos de regulación biológica de las sociedades. Adaptación a los cambios. Pero, ¿por qué no instaurar un modo de vida menos gastador y derrochón que aquél que ha dañado los recursos naturales y los mismos cuerpos humanos?  Ah, ya, con la avaricia desmedida de las finanzas, la  industria y el comercio hemos topado, amigo Sancho. Y por el volumen de basura acumulada por doquier conoceréis a los depredadores, dice una voz en off.

jueves, 8 de diciembre de 2011

El drama griego (y el de todos)



Dice el poeta griego Hesíodo en su obra Trabajos y días “…y es que los dioses mantienen oculto para los hombres el medio de vida, pues de otra manera fácilmente trabajarías en un día de manera que tuvieras para un año aun estando inactivo; al punto podrías colocar el gobernalle sobre el humo y cesarían las faenas de los bueyes y de los infatigables mulos.”  Uno lee en esta frase algo así como que los mitos clásicos ya reflejaban la disposición y el ejercicio maniobreros de los dioses sobre los hombres. Y si bien los dioses de entonces eran inmortales, pero producto de la inventiva humana como todos los dioses, en los tiempos presentes los endiosados de las grandes finanzas, si bien son mortales afortunadamente, su capacidad de dominio, control y manipulación de la economía y de las sociedades no tiene límite.




Su avaricia y su acometida destructiva contra la política y la ética que deben regir las relaciones humanas y sus instituciones no tienen parangón. Y aunque esa casta en las alturas  -¿es su reflejo o su herramienta pensante ese misterioso y en la sombra club Windelberg que periódicamente se reúne para hablar de los destinos del mundo, al cual pertenece, por cierto, la reina de España?-   constituye materia humana no parece haber clase social, ni resorte político, ni fuerza organizada, ni ciudadanía capaz de poner coto a sus tejemanejes, cuyos objetivos comienzan a mostrarse cada vez más predecibles y obvios.

 


Hesíodo, o bien por su experiencia o bien por su clarividencia (aunque no creo que dispusiera de la bola de cristal para saber lo que iba a acontecer veintisiete siglos después de vivir él) decía también: “A partir de los trabajos los hombres son ricos en rebaños y en oro; y si trabajas serás mucho más grato para los inmortales (es decir, los dioses) y para los mortales, pues muchos desprecian a los inactivos. Nada reprochable es el trabajo, muy reprochables es la actividad. Pero si trabajas muy rápidamente, el hombre inactivo te envidiará a ti que te enriqueces, pues éxito y prestigio acompañan a la riqueza.”  Naturalmente, Hesíodo no podía prever la evolución de las clases sociales y el papel que éstas iban a jugar en la historia, pero el hombre ya iba sacando sus conclusiones, aunque no me queda claro en qué bando estaba.


Me envían este vídeo que anda por la red, grabado y emitido por un español que vive en Atenas. Sin tanta poesía como Hesíodo, pero con un realismo feroz y contundente no parece andar descaminado en cuanto a la apreciación de lo que sucede en Grecia y en Europa. No solo en espacios sino en tiempo...en lo que va a venir.






(Las tres primeras imágenes son obra del pintor, poeta y grabador inglés William Blake)


martes, 6 de diciembre de 2011

Tres eran (fueron) tres



Huele a conmemoración oficial y punto. Una fecha más que se traduce en festividad y en conducta social de ocio y salida disparada (quien puede) ¿Eso es todo lo que dice a los españoles ese sistema fundamental de leyes supuestamente garantes de sus derechos  llamado Constitución? No sé qué tienen las cartas magnas que escasamente han cundido en este país que o se ignoran o se traicionan o simplemente se quedan viejas porque no se adecuan a los tiempos. Y ésta de ahora hace agua por distintas partes, sin que ni los juristas de prestigio ni los políticos que nos tocan en suerte ni los ciudadanos, que somos los que más interés deberíamos tener en su puesta al día y en su aplicación, planteen su revisión, el cambio, una nueva redacción basada en amplio diálogo y acuerdo, que responda al momento histórico.




De ahí que en estos tiempos que llegan en que se exigirá al ciudadano más sacrificios para salvar los problemas gigantescos de las altas finanzas y de la dudosa gestión económica mundial, en que las injusticias van a ser más notorias dado que se restringirán los ingresos salariales y la atención social, en que el acceso al trabajo se reduce sin parar, en que la política sufre una merma considerable de su capacidad de influencia y decisión, y en que poderes que superan la esfera doméstica son ya decisivos y van a pedir lo imposible a la gente, convirtiéndonos en víctimas más que en ciudadanos de pleno derecho, muchos nos preguntemos: ¿qué garantiza la presente Constitución ahora mismo? ¿Se trata de papel mojado para mantener el paripé y que nada se mueva para dar sensación de estabilidad jurídica? ¿Es que acaso ha quedado también resuelta la percepción territorial de las diversas comunidades de España o se la ha arrinconado una vez más? ¿Se va a respaldar con la Constitución en la mano la denuncia de los débiles y se va a hacer frente a la injusticia?



Ahí quedan esas preguntas, por no cansar haciendo otras nuevas que se irían generando en cadena. Aprovechando la fecha, quiero traer aquí la redacción de los tres Artículos Primeros de tres Constituciones de la etapa contemporánea de España. Dos de ellas traicionadas y la actual en trance de perecer en su propia inacción. En el lector dejo que compare, que tenga en cuenta las circunstancias históricas diferentes y también el valor con que se encuentran redactadas. Y de paso, invitar a conocerlas en su texto ampliado.  

CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA, PROMULGADA EN CÁDIZ A 19 DE MARZO DE 1812.

ARTÍCULO 1. La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios.

ART. 2. La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona.

(Incluyo el artículo 2 por la peculiaridad del matiz que aporta ¡nada menos que en 1812!)







CONSTITUCIÓN DE LA REPÚBLICA ESPAÑOLA DE 9 DE DICIEMBRE DE 1931.

ARTÍCULO 1. España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y Justicia.
Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo.
La República constituye un Estado integral compatible con la autonomía de los Municipios y las Regiones.
La bandera de la República española es roja, amarilla y morada.




CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 6 DE DICIEMBRE DE 1978

ARTÍCULO 1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.




domingo, 27 de noviembre de 2011

Considerad si es un hombre (un poema de Primo Levi)




Sobre el Holocausto (la Shoah) hay muchos testimonios, bastante historiografía y no poca literatura buena. Sin embargo, no nos resulta cómodo ni agradable leer de seguido varios libros sobre el tema. Enseguida se convierte en obsesión y la interiorización que efectuamos nos horroriza de tal manera que preferimos huir. ¿O es el miedo a que lo que les pasó a los judíos, comunistas, homosexuales, gitanos, partisanos y demás clases de disidentes del régimen nazi pueda pasarnos a nosotros? Para anticiparme a quien pueda pensar que uno tiene déficit de memoria, diré que obviamente no podemos olvidar otros episodios terribles de la historia más reciente: los progroms de los zares, el Gulag, la barbarie de los jmeres rojos en Camboya o las purgas maoístas. Pero ya se sabe que unas barbaries jamás pueden ocultar otras. Y si no las tenemos en cuenta  -el siglo XX ha sido tan prolífico como doloroso y sangriento en el mal ejercido por unos hombres sobre otros hombres-  mal podremos asegurarnos la convivencia del futuro. Mas, ¿aprendemos de las lecciones de la vida?



Acaso me equivoque, porque dentro de lo escrito sobre el tema de la persecución nazi hay muchas cosas interesantes que clarifican y transmiten, pero de aquellas más equilibradas y contundentes recomiendo sobre todo la trilogía de Primo Levi (Si esto es un hombre, La tregua y Los hundidos y los salvados) Levi fue un afortunado superviviente de Auschwitz y su relevancia radica en el interés moral de su obra. Toda la escritura de este hombre, de profesión químico primero y esritor más tarde, es un pulso, por otra parte ganado, por evitar el odio, la sinrazón y el espíritu de venganza. Para ello contrapone el análisis, el diálogo, la ética de los valores humanos, la vindicación de la memoria y la objetividad, algo difícil de afrontar cuando se ha sufrido tanto como un deportado o mejor dicho, como un sentenciado. Formalmente, su estilo es firme, sobrio, descriptivo sin concesiones, pero consecuente con una idea: no hay que vivir y contar, sino vivir para contar, como solía decir. Tal vez ese enfoque riguroso y serio fue su ajuste de cuentas con la persecución de que fue objeto y con la manera de pensar basada en la ignorancia asumida y de mirar para otro lado de la sociedad alemana.



En este poema queda claramente su mensaje para generaciones venideras, si no se quiere repetir la barbarie. Muy adecuado para estos tiempos de inseguridad y de grandes movimientos entre los poderosos de la Tierra que nos aportan incertidumbre.


“Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
     Considerad si es un hombre
     Quien trabaja en el fango
     Quien no conoce la paz
     Quien lucha por la mitad de un panecillo
     Quien muere por un sí o por un no.
     Considerad si es una mujer
     Quien no tiene cabellos ni nombre
     Ni fuerzas para recordarlo
     Vacía la mirada y frío el regazo
     Como una rana invernal.
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.
      O que vuestra casa se derrumbe,
      La enfermedad os imposibilite,
      Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.”



(Los grabados adjuntos son obra de la pintora y escultora alemana Käthe Kollwitz)


viernes, 25 de noviembre de 2011

Y los que siempre estuvieron aquí






Es probable que el arte de hacer dinero dejara de ser arte hace mucho tiempo. Tal vez no lo fue nunca. En todo caso fue artificio, habilidad y amplia disposición de poder. Con dudosos cuando no delictivos mecanismos. A donde está llegando el sistema financiero hoy día puede que sea sobre todo a una situación laberíntica. Las finanzas han copado de manera tal todos los sistemas de producción, distribución y consumo que nada parece ser posible ya sin sus leyes. Han intervenido de modo tan manifiesto sobre los gobiernos que poco margen les queda a estos para hacer política. Y han interferido, por no decir hipotecado, que también, de tal manera la vida de cada ciudadano que solo parece que les queda un asalto al poder de modo absolutista y acaso totalitario, y sobre todo definitivo. Acaso sea esa la gran lucha selvática que se desarrolla ahora mismo en las altas esferas de los gobiernos del mundo y en particular en Occidente.

Por eso, lo anómalo en cuanto a práctica, pero correcto en cuanto a interpretación escasea. Difundo este vídeo en el que un accionista atípico del todopoderoso Banco Santander, entidad tratada con guante de seda por los últimos gobiernos del país, canta las cuarenta, en una mezcla de denuncia, protesta e ingenuidad calculada, al señor Botín. Y observen, de paso, el talante democrático del dueño del banco. Disfrútenlo.





lunes, 21 de noviembre de 2011

Ya están aquí



A veces, las palabras de  Juan de Mairena hay que leerlas en clave de futuro, aunque suenen a pasado o incluso al triunfalista  -para algunos-  presente…”Si algún día España tuviera que jugarse la última carta  -habla Juan de Mairena-  no la pondría en manos de los llamados optimistas, sino en manos de los desesperados por el mero hecho de haber nacido. Porque éstos la jugarían valientemente, quiero decir desesperadamente, y podrían ganarla. Cuando menos, salvarían el honor, lo que equivaldría a salvar una España futura. Los otros la perderían sin jugarla, indefectiblemente, para salvar sus míseros pellejos. Habrían perdido la última carta de su baraja y no tendrían carta alguna que jugar en la nueva baraja que apareciese, más tarde, en manos del destino.”



Supongo que en este país se ha jugado infinidad de veces últimas cartas, partidas que parecían las definitivas porque no te iban a dejar jugar más. Tiempos en que se prohibieron las partidas democráticas, las reglas libres, el respeto a las opiniones diversas y la tolerancia con cada forma de pensar y de expresarse. A algunos les parece que estamos ante el retorno a no dejar que los juegos para todos cundan de nuevo. Se mantendrán las formas, se dice, tal como este ritual aparente de votar cada cuatro años. Pero en el día a día no se respetará la voluntad social, sino sólo las de la mayoría elegida. Mayoría según la Ley d’Hont, naturalmente. Y en nombre del consenso obtenido, los ganadores de la última partida de cartas, harán lo que les venga en gana. Es una opinión que ya venía extendiéndose en la Red.



De hecho lo hemos estado viendo durante los últimos cuatro años. En las autonomías en que lo vencedores supremos de hoy venían gobernado, han hecho lo que han querido en múltiples facetas de la vida social y política. Las pinzas de sus poderes autonómicos unidas a la falta de colaboración total en el Congreso les ha dado resultado. Si eso es patriotismo, ese patriotismo de que tanto se llenan la boca con sus colores, que venga su dios y lo vea. En función de sus poderes transferidos no han aplicado leyes y normas o han demorado su aplicación esperando precisamente sus buenos tiempos. Estos de ahora, los de su poder absoluto. O absolutista, que es lo que más se huele.



La mayor desafección la veo yo en su falta de colaboración con la sociedad española y en concreto con el Gobierno que ha tenido nuestro Estado. Su táctica ha sido poner pegas, dificultades, no pactar nunca en interés del bien público, apoyar las reivindicaciones reaccionarias en las calles, ni siquiera parece que se alegraran de la derrota de ETA. Y por supuesto, lo más crudo, no echar una mano en los problemas económicos que se ciernen sobre España como sobre cualquier otro país europeo, culpando oportunistamente al presidente en vigor. Han utilizado a la judicatura proclive a ellos para vadear sus corrupciones o perseguir a jueces libres de sospecha. Han estado apoyados por activa y pasiva por su brazo ideológico más seguro, la Iglesia Católica y su Episcopado. Vamos, ¿no recuerda esto a la España Eterna unida en una santa alianza a la que tanto nos acostumbraron en el pasado?


Bueno, pues ya están aquí, tiñendo España de azul. La Democracia, en la que creen cuando les interesa, les ha puesto ahí. Son un bloque de casi once millones de votantes. El resto de partidos supone otros doce millones y pico, pero el espectro es sumamente variado. Como siempre, hay dos Españas, aunque la de izquierdas no es tan numerosa ni tan homogénea. Pero domina una sola, y de qué manera, y la política que hagan va a marcar los próximos años de los ciudadanos. ¿Van a  entrar a sangre y fuego, como dice el tebeo del Capitán Trueno? ¿Van a hacer felices a los españoles como predicaba en sus mítines el candidato de la derecha, ya ungido? Señor, que me perdone el noble caballero español de los tebeos de nuestra infancia. Sus aventuras eran liberadoras, dentro de los márgenes que la dictadura permitía, y rompía el esquema gris y patriotero transmitiendo universalidad e ignorando cualquier apología de los preceptos del régimen. El viejo Mairena, de ver lo acontecido hoy, dudaría una vez más de los ejecutivos nuevos que van a venir a contarnos chistes viejos. Así que a prepararse para recibir los leñazos, los hachazos y los golpes de mandoble. Es el sino de los de abajo. Pero ¿para siempre?





martes, 15 de noviembre de 2011

Fina tela de araña...



En este país de tirios y troyanos, y que muchos se reclaman por un nombre común, pero que no se entiende de la misma manera, priva la ambigüedad, el tópico y el desentendimiento. Miento. La gente se entiende al coincidir en el lado hedonístico y de bajo esfuerzo, en la parte de querer recibir mucho y dar poco, en la fiesta despreocupada y en la no asunción de responsabilidades, en el despilfarro de los bienes y en la carencia de exigencia sobre los gobernantes de cualquier administración pública. Se entiende, pues, en sus contradicciones manifiestas.

No se entiende a la hora de tener una versión ni comprobada ni homogénea de su pasado, ni a la hora de entender qué significa civismo y participación en la cosa pública, ni en el concepto de abordar sin miedo el derecho a una democracia, heredada tarde y mal por nuestra cultura, pero sin cuya valorización, y viendo los aires que soplan en Europa y en el mundo, va a ir a menos con todas las consecuencias. Pero ya se sabe que hay un sector importante de los españoles (el domingo próximo se comprobará cuánto supone numéricamente) a los que les importa un bledo el ejercicio de la democracia, con todo lo que debe llevar de regeneración, limpieza en las administraciones, rechazo a la corrupción, alejamiento del despilfarro, protección y avance de los derechos sociales y fiscalización de los cargos nombrados vía urna.

Hay un poema de Rafael Alberti titulado De la pintura. Poema del color y la línea, dedicado a Pablo Picasso, al que pertenecen estas estrofas:

España:
fina tela de araña,
guadaña y musaraña,
braña, entraña, cucaña,
saña, pipirigaña,
y todo lo que suena y que consuena
contigo: España, España. 

El toro se estrena y que se llena
de ti y en ti se baña,
se laña y deslaña,
se estaña y desestaña,
como el toro que es toro y azul toro de España.



Vista la complejidad de este país o, mejor dicho, del paisanaje, propongo una reflexión sobre el poema, con el diccionario de la RAE a mano. Por mi parte, soy de la opinión de que las palabras del poema de Alberti no están puestas ahí solo para formar una mera aliteración, sino que poseen un hondo e intencionado significado. Un significado que desborda la simpleza (o el fanatismo) de quienes atienden al nombre y concepto de España identificándola con el equipo de la roja, los colores de una bandera de tradición monárquica, las corridas, la tradición de la charanga y el botellón o el Estado.

Por cierto, ¿ese toro de España es el animal del tópico de la fiesta nacional o el mítico Minotauro del Laberinto de tradición mediterránea? A la vista del panorama (Gerald Brenan escribió un trabajo estupendo titulado precisamente El laberinto español) siempre se han estado revelando dos mentalidades españolas diferentes y desgraciadamente antagónicas. Por si alguien no había meditado en ello, se le brinda la oportunidad.



(Los grabados son obra de Pablo Picasso y forman parte de la colección denominada Suite Vollard)


Nota añadida con posterioridad a la entrada: recomiendo la entrevista que hacen en El País al sabio Emilio Lledó. Como todo sabio clarividente, razonable y que va más allá de la superficie de las cosas, suele ser ignorado por tirios, troyanos, gobernantes y gobernados. Ver:


jueves, 10 de noviembre de 2011

Un partido en la sombra



Es un partido en la sombra, aunque cada vez menos en la sombra. Porque cuando tiene que manifestarse públicamente porque tiene que defender sus negocios, por ejemplo el de su financiación por el Estado o su enseñanza privada, no se anda con chiquitas. Salta a la calle, toma el espacio público, se deja acoger y proteger por las instituciones de las comunidades en las que gobierna el partido proclive a ese partido y emite sus preceptos sin cortapisas. Es un partido que no es partido pero que toma partido. Y que trata de influir tanto o más que los partidos. Y no puede morderse la lengua ante una Elecciones Generales porque, aunque su reino, según ellos, no es de este mundo, no pueden reprimir su instinto autoritario y dejar de decirnos a los demás lo que tenemos que hacer.



Y como es su costumbre cada vez que va a haber elecciones, han sacado una nota diciendo lo que piensan, aunque como nunca dicen nada nuevo, ya sabemos lo que devanean. Que digan lo que piensan es tan legítimo como si lo hace el más minúsculo partido o ente o individuo de esta sociedad, mantenga las posiciones políticas o de criterio que mantenga ( por supuesto, y viceversa) ¿Cuál es el problema de ese partido en la sombra? Que quieren seguir teniendo una presencia influyente para seguir logrando medios, prebendas y presupuesto del erario público, en nombre de una discutible ordenación ética y de una acaparadora función social, sobre todo en el terreno de la enseñanza, aunque no solamente en este espacio de la actividad social. Y siguen con sus manías tradicionales y trasnochadas acerca de la interrupción del embarazo, de los matrimonios entre homosexuales o de la convivencia libre de las parejas. Leemos, pues, en la nota de prensa de los obispos españoles:

"5. Por todo ello, hemos de llamar de nuevo la atención sobre el peligro que suponen determinadas opciones legislativas que no tutelan adecuadamente el derecho fundamental a la vida de cada ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, o que incluso llegan a tratar como un derecho lo que en realidad constituye un atentado contra el derecho a la vida. Son también peligrosos y nocivos para el bien común ordenamientos legales que no reconocen al matrimonio en su ser propio y específico, en cuanto unión firme de un varón y una mujer ordenada al bien de los esposos y de los hijos. Es necesario promover nuevas leyes que reconozcan y tutelen mejor el derecho de todos a la vida, así como el derecho de los españoles a ser tratados por la ley específicamente como “esposo” y “esposa”, en un matrimonio estable, que no quede a disposición de la voluntad de las partes ni, menos aún, de una sola de las partes."



 
De acuerdo con estas directrices, piden a todos los electores que no voten a los partidos que propician lo que muchos consideramos avances sociales y ellos solo aberraciones. Ya no se dirigen a sus fieles, a sus seguidores. Tienen que pontificarnos a todos. Pues bien, que se constituyan en partido abierto y reconocido públicamente. No, lo suyo es nadar y guardar la ropa más bien. Poner la piedra en la mano para que otros la tiren. Por una parte dicen que lo que dan son consejos de índole moral y por otra tratan de influir por todos los medios y porfiando  -ahora tocan Elecciones-  por una toma de postura implícita y partidista a favor del PP.


 
 Así que a muchos nos parece que es un partido más bien de las tinieblas. De los que no quieren que ni los individuos ni la sociedad avancen en logros que lleve más libertad y felicidad a sus componentes.  Ah, una cosa más. Leo en esa misma nota:

“…En su discurso sobre los fundamentos del derecho, pronunciado el mes pasado ante el Parlamento federal de Alemania, el Papa recordaba que “el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, un ordenamiento jurídico derivado de una revelación. Se ha referido, en cambio, a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho [...], la razón abierta al lenguaje del ser”. Francamente, o esta gente tiene mala memoria o simplemente miente. Ejemplos hay a mansalva de haberse impuesto, cruzado y casado con los poderes terrenales más abyectos de este mundo. Lo han hecho incluso a sangre y fuego. Lo suyo no es precisamente la claridad. No creo que fuera necesario recordarles cierta frase de su profeta. En Lucas 16 – 8 se dice: “Pues los hijos del mundo son más sagaces que los hijos de la luz”. ¿En sus relaciones, en sus negocios, en sus perversiones? 

Aunque a muchos nos gustaría sobre todo que llegara un momento de la historia de España en que no tuviéramos que decir jamás: con la Iglesia hemos topado, Sancho.


sábado, 5 de noviembre de 2011

¿De verdad que todo es lo mismo siempre?



El historiador medievalista  francés Georges Duby fue entrevistado hace más de treinta años por Guy Lardreau, acerca de la investigación histórica, los métodos, los comportamientos sociales, entrevista que se reflejó en un libro, Diálogo sobre la Historia, editado en España por Alianza Universidad. Entre los muchos temas que me han llamado la atención especialmente destaco esta pregunta:

Guy Lardreau.- …¿Acaso no se ve arrastrado, de vez en cuando, a pensar que los sujetos humanos repiten indefinidamente las mismas cosas; que, efectivamente, no hay progreso, y que, como decían los antiguos, nada hay nuevo bajo el sol? ¿Cómo evitar la sensación de que lo que sucede en todo el mundo, donde normalmente hay horror, es increíblemente aburrido y repetitivo? ¿Cómo evitar la sensación de que cuanto más diferente, más parecido?




Georges Duby.- Es evidente, y lo hemos dicho, que los comportamientos de los hombres son en gran medida dependientes de los impulsos que vienen de su cuerpo, cuya regulación responde a un código de naturaleza biológica. Ahora bien, no es posible pensar que el sistema de código, de naturaleza puramente biológica, evolucione en la especie humana con gran rapidez. Parece que, desde el Homo sapiens, hay las mismas reacciones de agresividad, de terror, la misma voluntad de poder en los individuos; son cosas que vienen del ser humano, en su forma corporal; si evolucionan, es un movimiento tan lento que, en la limitada cronología de lo que llamamos la historia, podemos hablar de fenómenos sin cambio ni diversidad en el espacio. Es precisamente en esta parte de la naturaleza en la que se apoya lo que en la historia es la repetición, los gestos repetidos sin fin, con una monotonía desesperante, por el conquistador, el torturador, el misionero, el investigador, el filósofo, el historiador.



Pero la pregunta que usted me hace es grave porque lleva a esta otra: ¿acaso el otro código, el cultural, que sí se mueve, es tan superficial y operante que, muy a menudo, los mecanismos de regulación de orden moral, ético, demuestran ser incapaces de dominar otros mecanismos, de orden corporal o biológico? ¿Constituyen mucho más que una simple cobertura, en todo caso para una gran mayoría de individuos, una especie de pantalla tras la cual se ocultan para responder a escondidas a los impulsos de la naturaleza biológica del hombre?



Un tema para la reflexión personal. ¿Quién no ha pensado muchas veces que parece mentira que teniendo tantos avances técnicos, tantas comodidades, tanta mercancía a nuestro alcance, tantos medios jurídicos y políticos sofisticados, ande todavía la Humanidad como anda? Por una parte, no podemos hablar de una sola Humanidad, puesto que la riqueza, quebradiza, de unas zonas de la tierra no debe ocultarnos las miserias de otras regiones del planeta. Por otro lado, lo que dice contundentemente Duby es que la naturaleza humana y sus apetencias siguen interviniendo y rigiendo decisiva y desgarradoramente sobre las propias creaciones culturales de la especie. Y que los elementos de corte ético desarrollados no están bastando para una reorientación de los objetivos de convivencia y aprovisionamiento de bienes que haga justicia por doquier, y que incluso a la primera de cambio son traicionados incluso en este primer mundo en el que habitamos. ¿Tiranía de la tendencia biológica humana? ¿Está condenada siempre la historia de los hombres a repetirse? ¿O sólo nos lo parece? ¿Cómo poner el cascabel al gato? De momento, los criterios expuestos por Georges Duby me parecen dignos de utilizar en cualquier debate, con ánimo de aproximarnos más a la verdad de las cosas.


(El historiador Georges Duby)


(Los tres fotomontajes son obra de Josep Renau. La imagen del tebeo Hazañas bélicas es de Guillermo Sánchez Boix)

miércoles, 26 de octubre de 2011

Cuando se apropian de los símbolos

(Imagen de Vladimir Clavijo)


Respecto a la decisión reciente de ETA de abandonar la lucha armada se ha dicho de todo estos días. Poco que añadir. Hay análisis serios y rigurosos, hay comentarios de tertulianos vinculados a los medios amarillos bastante huecos e interesados, hay frases lapidarias de la extrema derecha que habita en el interior del PP, hay confusión y radicalismo entre las asociaciones de víctimas. En mi criterio destacan dos actitudes dignas de consideración y bastante extendidas en la sociedad española. Por una parte satisfacción porque pare de una santa vez la actividad armada y se superen cuarenta y tres años de violencia que solo ha dejado muertos, sangre, sufrimiento a toda banda y desencuentro social. Por otro lado, necesidad de mantener un estado de cautela, calma y tratamiento prudente y dialogante del tema. Nada cabe agradecer a ETA, sino más bien reprocharla que haya dificultado la convivencia entre los españoles, procurado el ascenso de la derecha tradicional y extremista y haber vivido de espaldas al conjunto de la sociedad.


(Imagen de Michal Macku)


Uno no sabe si la guerre c’est finie, que decía la película de Alain Resnais, parodiando el parte victorioso de Franco, o si el sotobosque mantendrá todavía las brasas de una reactivación violenta. Los años le han vuelto a uno más incrédulo y muy escéptico y los fenómenos que se cuecen en este país nuestro crían muchas larvas. Las cosas serán como tengan que ser y probablemente nos sorprendamos de lo que acontezca. Pero yo no quería hablar más del tema, porque otros lo hacen mejor. Pero sí citar un elemento que ni los mismos etarras tienen claro de donde procede. Me refiero a esa imagen de la serpiente enredándose en un hacha. Hace tiempo uno de los dirigentes justificaba el símbolo etarra como una representación de la unión de la fuerza y la inteligencia. Fuerza bruta (que es lo que ha sido, y no fuerza nutriéndose de fortaleza) e inteligencia (algo ausente en el historial de la organización, al menos en su interpretación positiva) son términos antitéticos, excluyentes. En su simplismo, ese mismo dirigente reducía más el significado al decir que el hacha significaba lo militar y la serpiente lo político. O dicho de otra manera, con el hacha se golpeaba al enemigo y la serpiente quería decir que se hacía de modo inteligente (para mí sigue siendo un enigma el uso y la demostración de dicha inteligencia por parte del ente) Un casamiento iconográfico que ni siquiera lo inventaron ellos, ya que debe remontarse a alguno de los últimos resistentes antifranquistas de 1936, pero que ETA lo resucitó con bastante oportunismo y vaciándolo del carácter ácrata que debió tener en su momento.


(Imagen de Michal Macku) 

Si buscamos una interpretación tradicional de los símbolos, el hacha era ante todo el símbolo del poder de la luz, según recuerda Juan Eduardo Cirlot en su libro Diccionario de símbolos. Otra cosa más compleja e interesante es el hacha doble, que se da en todas las culturas antiguas, con diversos significados, de los cuales el más próximo es el culto al laberinto cretense. Dice Cirlot: El laberinto expresa el mundo existencial, el peregrinaje en busca del centro. El hacha doble alude a la revelación de dicho centro. Como se puede ver, hay más hondura en el sentido de las viejas culturas que en la superficialidad de un grupo armado que ha vivido en un callejón sin salida y sin búsqueda del centro. Entre el carácter filosófico de las culturas orientales y el maniqueísmo de los terroristas vascos creo que media un abismo.


(Imagen de Michal Macku)


La serpiente es un símbolo todavía más poliédrico. Si en realidad todos los símbolos son funciones y signos de lo energético, la serpiente es simbólica por antonomasia de la energía, de la fuerza pura y sola, dice Cirlot en el libro citado. No cabe duda de que entre la amplia variedad de significados que todas las culturas conceden a la serpiente la que domina de una manera u otra es la representación de la sabiduría. La imagen que aparece en el Génesis de la serpiente ofreciendo a Eva una manzana no es sino la invitación al conocimiento. A la capacidad de discernir entre el bien y el mal, un objetivo que la humanidad persigue incesantemente desde el principio de los tiempos, mal que les pese a los clérigos, las castas y los detentadores de poder de toda condición. ¿Algo de esa caracterización de la serpiente se encuentra en el historial e ideología de ETA? El mejor camino para interpretar los símbolos no es precisamente utilizarlos fuera de contexto, con afán de justificar las tinieblas en lugar de aportar la luz de la que tan necesitada está el género humano.   


miércoles, 19 de octubre de 2011

A treinta días vista




¿Cabe preguntarse si los versos de Antonio Machado siguen, de manera total o parcial, en vigor?

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios:
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.





Para quienes crecimos sin saber qué era la democracia ni de qué iban unas elecciones, y desconocíamos el sistema de representación política de europeos y americanos, del que oíamos hablar como de un rara avis, la circunstancia que tendrá lugar dentro de un mes en España debería ser siempre motivo de congratularse. Los medios periodísticos suelen denominar Fiesta de la democracia a unas elecciones, lo cual suena bonito la primera vez que lo oyes. Después, y tal como van las cosas, ya no te parece tan digno de festejar. Y es que hay un abanico de posibilidades restrictivas entre las dictaduras que impiden cualquier votación libre y las elecciones formales de la democracia. De todo ha habido en la española viña del Señor antes y después de 1936: elecciones dirigidas, elecciones aparentes, votos amañados, pucherazos, instrucciones de a quién votar provenientes de una mano caciquil, la actual ley D’Hondt. Procedimientos de limitación y reparto diversos y que hoy con esa ley benefician a los dos partidos mayoritarios y a los partidos nacionalistas a los que en su día se les hizo un guiño desmesurado. Las demás agrupaciones o partidos obtienen siempre un reparto menor de escaños, no obstante los votos importantes recibidos, por causa de la aplicación de una ley injusta. Todo eso ya es sabido.



Ahora, a un mes justo de las elecciones generales, ya empieza a sonar la aburrida música, más que la deficitaria letra, que no se va a cumplir, de la campaña electoral. Por supuesto, el partido que ha figurado como oposición ya lleva haciendo su campaña desde hace cuatro años. Sin hacer propuestas serias y creíbles. Claro que se dirá que para qué iba a hacerlas, si les cunde más el ataque de energúmenos y la ausencia de razonamientos, cuando no el simple callar, en esa carrera desenfrenada por recuperar la influencia de otros tiempos y que habían extraviado un poco. Campaña agresiva, para la que ha contado, como es de recibo, con aliados tan tradicionales y fieles como la Iglesia católica y los sectores ultras. Campaña a la que no ha podido ni sabido reducir sus efectos el Gobierno que agota sus últimos días, en parte por la mala pata del ciclo negativo de la economía y en parte por sus desaciertos al tratar de hacer política de concesiones al sistema en temas fundamentales. Es el problema permanente de la socialdemocracia en cualquier país. Que tiene que gestionar una política de Estado que es subsidiaria de la economía europea y mundial, que depende de los grandes grupos de presión financieros e industriales y que tiene un margen cada vez más reducido para actuar con algún tipo de independencia que le permitiera ser más social. Resulta difícil, si no imposible, llevar a cabo una política social en los márgenes de un sistema que coloca como objetivo fundamental sus propios intereses de beneficio y poder. Si además, la crisis del propio sistema se ahonda, los recursos quedan mermados y la socialdemocracia no sabe ni puede dar satisfacción a las necesidades de las clases trabajadoras, capeando a su vez los objetivos que constantemente exige la patronal y la derecha tradicional. No se puede nadar y guardar la ropa, por mucho que se intente.




Está bien que se celebren elecciones. ¿Pero todo queda ahí? Entendemos que hasta ahora no se había inventado nada más perfeccionado, pero ¿acaso no va siendo el momento de empezar a generar algo más auténtico y más efectivo? Porque el invento se muestra cada vez más descafeinado. La mayoría de la sociedad entra al trapo y se limita a refrendar con su derecho al voto al partido electo. Solo una minoría de españoles intenta ejercer la democracia además de otras maneras. Asociándose, por ejemplo, para afrontar las cuestiones con realismo en la base de la vida social y sugerir medidas. Esta gente es digna de reconocimiento, no obstante el esfuerzo y el clamor en el desierto en que suelen moverse. Votar cada cuatro años no tiene mayor mérito. Pero estar día a día interesándote por los asuntos que compiten a la sociedad para que no te la cuelen es de gran valor. No basta ya con delegar en los elegidos y marcharse a casa.




Hay alegría y expectativa en una de las dos Españas por cambiar el partido del gobierno. Hay preocupación en la otra de las Españas por lo que se intuye que viene, que va a ser duro, antisocial y antiobrero. Para aquellos que se quedan en ver la democracia por encima, esto de los recambios cíclicos es bueno y ya justifica por sí mismo el sistema de representación público. Para quienes saben que tras el control de un gobierno hay intereses profundos y voluntad de ser sobre todo portavoz de los poderes efectivos, el cambio hacia peor implica inquietud. Pero no todo el mundo ve las cosas de la misma manera. Entre el flaco ejercicio de pensamiento que se hace en este país y la nula existencia de un debate razonado y extensivo (ay qué ausencia de debate padecemos, por dejación de los mismos políticos y por desinterés de los medios periodísticos) saldrá lo que salga o lo que saldrá. Que prácticamente está cantado. Un apunte final. Hay que ver qué poco cuenta para los españoles el tema de la integridad moral de sus representantes. Que los innumerables casos de corrupción que han salpicado la política no castigue al partido que más méritos se ha marcado en esa lid hace que uno se intranquilice por nuestra deficiente catadura. Y si hay algo que debería ser un axioma es que sin ética no hay política ni convivencia dignas de tal nombre. ¿Traerán los vientos de la indignación un nuevo espíritu cara a los próximos tiempos?




sábado, 8 de octubre de 2011

Placas al peso


Siempre me pareció España un país de placas de fachada. Y eso que muchas han desaparecido. De placas inútiles, naturalmente. Se salvan de mi respeto las que aún recuerdan a ciertos ciudadanos que han aportado algo a la ciencia, a la literatura, al arte y al desarrollo del país. En definitiva, a la cultura. Pero aún persisten ingentes cantidades de plaquitas de personajes menores, muchos vinculados al clero o al ejército, sin mayores méritos y glorias que sus respectivos estamentos les quisieron conceder en su día. Hay una moda más reciente en algunas ciudades, que consiste en que si las autoridades municipales han encontrado en la obra literaria de un escritor de este tiempo, por ejemplo, su parte de filón turístico, hay que situar con citas de alguna novela suya una placa en determinado solar, otra en cierta calle, otra a la vuelta de tal iglesia. Como se dice ahora, una pasada del culto a la personalidad, con un criterio provinciano y comercial que no le cura ni el frío serrano.




Este país ha gustado de honrar a sus próceres y autoridades, muertos o vivos, con placas por doquier. ¿Quién no tiene en su memoria la imagen de alguna inauguración de obra pública o privada donde las autoridades descubrían la cortinilla de una placa? A mi este tipo de ejercicios me ha parecido siempre propio de siervos y de estómagos agradecidos, y ya digo que puedo salvar los que realmente han aportado algo importante. El tema da para desarrollarlo ampliamente. Y no estaría mal que los historiadores se pusieran de acuerdo para analizar los significados de esa práctica de rotular edificios y hacer un inventario en toda regla.  Pero quiero hacer constar lo que me parece aún un escarnio y un desprecio. Que todavía permanezcan en calles, plazas o iglesias cierta iconografía del viejo régimen que, como ya es sabido, se instauró en base a un hecho ilegítimo e ilegal como fue el alzado en armas contra un Estado votado democráticamente. Y más triste es comprobar que muchos ciudadanos condenen la investigación de los crímenes del franquismo o la exhumación de las fosas de los fusilados republicanos mientras aceptan gustosa o indiferentemente que ciertas placas permanezcan rotulando nombres de calles de nuestras ciudades. Se me dirá que aquí no hubo el ajuste histórico y la reconciliación de verdad y que así nos va.




Una de las cosas que más me impresionaron cuando hace años visité Praga fue que también existían placas. Por supuesto, había placas honrando al poeta Jan Neruda o a Dvorak o a Mucha, como las hay en nuestras ciudades a Cervantes, Cernuda, Jorge Guillén o Sarasate. En Praga hay un tipo de placas muy especial. En estos términos, más o menos: de esta casa fue sacado para ser asesinado por las SS el ciudadano Fulanito de tal. Un matiz que honra el ejercicio de memoria histórica que responde a una clara conciencia moral de la que muchos españoles carecen todavía hoy día. Desde luego, la permanencia de placas recordando a personajes funestos y de ciudadanos que entonces optaron por formar parte de la insidia de un golpe letal a la democracia y el progreso no tiene el mismo significado que la memoria de Praga.




Acabemos con un cantar de Antonio Machado, de sus Proverbios y cantares, que puede parecer que no viene a cuento pero que a mí me apetece porque hace pensar:

¿Conoces los invisibles
hiladores de los sueños?
Son dos: la verde esperanza
y el torvo miedo.
Apuesta tienen de quién
hile más y más ligero,
ella, su copo dorado;
él, su copo negro.
Con el hilo que nos dan
tejemos, cuando tejemos.



domingo, 2 de octubre de 2011

Vox populi


Digamos que se trata de expresión popular. Que, de manera análoga a como la publicidad comercial lanza sus mensajes, el espontáneo ciudadano reproduce los suyos. He aquí un ejemplo de cómo el significado metafórico se ha impuesto al lineal. Por supuesto, uno se puede identificar con la frase o sentirse alejada de ella. En lo que discrepo relativamente es en esa parte en letra pequeña del mensaje: todos. Nunca he aceptado que se nos involucre a todos, que se invoque la totalidad. Los políticos, por ejemplo, son muy dados a hablar de que todos los españoles saben, quieren, desean, reclaman… Lo lanzan principalmente en este proceso preelectoral la derecha, arrogándose la totalidad y la representatividad del conjunto del país. Como si España fueran ellos. Aberrante. Lo comunican también los publicitarios con un tono sacro mundano y con sibilina frecuencia. No en vano los intereses de ciertos políticos, industriales y comerciantes convergen en un solo dios: el mercado. Pero quiero salvar al grafista que sobre el banco ha añadido, probablemente al final, esa asunción de la totalidad. Quiero sospechar que tiene una intuición de que las cosas no van a pintar bien para un sector amplio de la sociedad, no sé si mayoría o totalidad. De que la crisis y recomposición del sistema va a traer fuertes sacrificios para muchas clases sociales, probablemente las obreras y las llamadas medias. Y en ese sentido, el grafitero librepensador lanza más un aviso que una arrogancia. Una invitación a pensar más que pedir un voto o vender un producto. Sinceramente, he agradecido que este banco de parque de barrio hable. Los otros bancos ya están hablando demasiado, exigiendo demasiado, pero apropiándose de la voz callada de los ciudadanos que son quienes les inyectan dinero a través del erario público para el rescate de sus agujeros negros.