hoy es siempre todavía

sábado, 5 de mayo de 2012

La avaricia y los riesgos laborales (A propósito de un crimen en Toledo)





Desde la antigüedad más lejana se ha trabajado en este mundo bajo la espada de Damocles de la necesidad, de la herida y de la muerte. Albañiles, peones, mineros, herreros, armadores, carpinteros, carreteros, campesinos, vaqueros…todo tipo de oficios se han debatido entre el esfuerzo y el riesgo de salir con vida de sus quehaceres. A mayores de las otras clases de contingencias: las hambrunas, los climas destructores, las enfermedades, la escasez de trabajos y obras, las guerras. Aunque en nuestros días hay empresas punteras que vigilan las medidas de seguridad e higiene en sus factorías, hay otras de menor envergadura que no quieren destinar inversión a las condiciones de trabajo de sus empleados. Por no citar las subcontratas que utilizan mano de obra de inmigrantes sin vigilar ni garantizar esas condiciones. Y hablo de nuestro espacio occidental. Porque nos siguen llegando imágenes de mineros de Sudamérica, de los garimpeiros brasileños, de los niños utilizados como mano de obra en fábricas de calzado deportivo de Asia o en la fabricación de ladrillos o adobe en África. Hay un panorama mucho peor por ahí fuera.




Es probable que se siga discutiendo sobre si primero es el huevo o la gallina en el asunto de los accidentes laborales. Si los obreros bajan la guardia o si los empresarios no toman las medidas oportunas. Soy de la opinión de que, por principio, la responsabilidad recae en los propietarios de los medios productivos, distribuidores o de transporte. En ellos está el cumplir las leyes, aplicar los cuidados y hacerlos cumplir. Disponer recursos y destinar parte del capital a hacer lo posible por evitarlos. Mas, ¿cómo se enfoca el tema cuando tiene lugar algo como el atraco eb esa entidad bancaria de un pueblo de Toledo donde ha muerto una limpiadora? Supongo que el tema hará meditar a los banqueros y a las empresas de limpieza. Todo es previsible. Aunque las medidas de seguridad en los bancos ya se extremaron hace tiempo, ¿por qué fallan a veces causando daños colaterales?





El riesgo de los banqueros es menor que el de los empleados. Aquellos están para lo fundamental del negocio. Protegidos en sus cubículos, a buen recaudo como sus dineros, blindados por sus buenas dotaciones económicas. ¿A la mujer de la limpieza de esa caja de ahorros de Toledo le tocó la china porque estaba en el lugar inadecuado en el momento inoportuno? Igual hay quien cínicamente lo dice. Pero todo lo contrario: ella estaba haciendo lo que hacía todos los días y en su tiempo laboral. Y nada era al azar. Tiene narices la cosa que, al final, en esta dialéctica siniestra entre los que quieren obtener dinero de formas legales y los que tratan de conseguirlo ilegalmente, repercuta la desgracia sobre la gente común.





Hay una recíproca atracción entre los lugares donde circula el dinero y los desalmados que lo quieren obtener con facilidad y sin escrúpulos. En eso se parecen unos y otros. Las armas son diferentes, el resultado inmediato es diferente, pero la ansiedad bancaria y la de los atracadores beben en fuentes análogas. ¿Quién paga el pato al final? Desde el punto de vista de la situación económica del país los que tienen ahorrillos, quienes necesitan créditos, cuantos se embarcan en inversiones y productos torticeros y mal explicados por los propios bancos. Pero si te descuidas hasta te puedes encontrar lo menos deseado si estás para pagar un recibo ante una ventanilla o haciendo la limpieza del local. Los tiempos actualizan las viejas perversiones y reactivan los riesgos. Toca aumento de la ambición y de la avaricia. Otro de los efectos de la crisis que puede ir a más. Si los gobernantes creen que se resuelve el problema con cárceles y leyes penales más duras, aviados estamos.


  


* Las ilustraciones son de Luis Scafati, http://luisscafati.blogspot.com.es/


martes, 1 de mayo de 2012

Pintan bastos




Asusta pensar hasta qué punto pueden los hombres propugnar la paz y trabajar para la guerra futura, defender el orden social establecido y contribuir a su más implacable subversión; aterra pensar cuánta es la fe de la política europea en la retórica mala, en la virtud de las palabras horras de todo contenido, como parapetos defensivos contra las realidades futuras, como banderas para alistar incautos, o como armas arrojadizas con que achocar al adversario.


Si este párrafo lo dejara tal cual, sin comillas ni cita de autor, ¿quién podría averiguar que no se está hablando del presente? Y no obstante, el párrafo es del Juan de Mairena de los últimos años de la vida de Antonio Machado. Que eran, a su vez, las vísperas de la gran barbarie europea. Pero el tufo de la siniestra crisis europea de nuestros días, que nadie acierta a precisar con exactitud ni su dimensión ni su tiempo, me lleva a meditar las palabras del poeta español.



Cuando lo que está pasando resulta oscuro e ininteligible para los ciudadanos. Cuando las medidas que se toman y los efectos que se derivan son principalmente contra los ciudadanos. Cuando el precio que hay que pagar por solventar las dificultades de los sectores financieros y de la hacienda de los Estados va a correr a cuenta del ciudadano común, ¿no estamos viviendo ya el principio de una especie de situación de enfrentamiento, posiblemente a varias bandas, que aún no se define ni se manifiesta en todas sus peligrosas posibilidades? La inquietud, el enfado y el desconcierto crecientes entre la población, contenidos o alimentados desigualmente en unos u otros países, pueden traducirse en un comportamiento menos pacífico que la mera protesta, de no cambiar el rumbo los dueños del FMI, del Banco Central Europeo y de los Estados que cortan más el bacalao en Europa.     
  



De un tiempo a esta parte me encuentro a amigos que con frecuencia echan las muelas por la situación del país. Gente sencilla y generosa que lleva toda la vida esforzándose, soñando con que alguna vez las dificultades se solventarían y que las escaseces, penurias, carencias e inseguridades sufridas en carne propia en el pasado no se volverían a conocer. Esos cuatro términos no quieren decir lo mismo, aunque lo parezca. Y en ellos se engloban tanto las necesidades más elementales de subsistencia alimentaria o de hábitat, como las de disponer de trabajo, de conocimientos, de estar atendidos ampliamente por el Estado para el que se tributa espléndidamente o disponer y ejercer las libertades. Ese tipo de personas están sufriendo mucho últimamente por lo que ellos consideran retroceso en el peor sentido del concepto, y algunos empiezan además a expresarse con una virulencia, cuando no odio, que les hace perder su referencia pacífica al expresar su descontento. Es decir, hay gente que empieza a insinuar el uso de otros medios de autodefensa nada legales  -la licitud es otro asunto a tratar aparte-  si los gobernantes se empeñan en atornillar las vidas e ignorar los argumentos y el descontento de los sectores sociales. Puede que esa gente hable con la boca grande, como desahogo, pero el espíritu les arde.




Malo sería entrar en terrenos de expresión violenta, porque entrar es fácil, pero conduciría a una espiral de la que se sale mal, generando además mucho sufrimiento, proporcionando a mayores a los gobernantes motivos con los que harían demagogia y justificarían sus actos represivos. Resumiento: hay ya un sector importante de la sociedad que se siente agredido por la casta que gobierna el país. Nadie desea el desencadenamiento de la violencia de los de abajo. Pero tal vez es el momento de recordar que la violencia es ante todo una conducta larvada, pertinaz y vinculada al ejercicio del poder. Que el poder encarna violencia latente por su propia existencia y condición de imponerse sobre la ciudadanía. Mientras una sociedad se mantiene en un equilibrio más o menos estable, la fuerza bruta permanece agazapada en los cubículos de las castas oligárquicas y del Estado. Pero cuando la falta de trabajo, por citar el caso más escandaloso, lleva camino de convertir a seis o siete millones de ciudadanos en un ejército desesperado de parados, ¿qué cabe esperar?




Pintan bastos. Ya lo ha dicho en plan chulesco el ínclito presidente del Gobierno de España: con el consejo de ministros de cada viernes, un nuevo recorte. La atrocidad no va a parar. Hoy es Uno de Mayo, miren qué casualidad. Si alguien pensaba que el Uno de Mayo era una monótona fiesta ritual o una excusa sindicalista o una fecha sinsentido o algo que había pasado ya a la historia, que medite sobre lo que acontece. Por que esta suerte de infelicidad en ciernes sobre la sociedad española puede estar haciendo renacer un símbolo que ha permanecido aletargado. Conviene abandonar la ingenuidad: hay que preguntarse y responder quién carga el arma de la inquietud social, de la inseguridad colectiva y del cabreo generalizado






* Las obras plásticas adjuntas pertenecen a la serie Náufragos del pintor mejicano Sergio Garval.


martes, 24 de abril de 2012

Los inmigrantes y un poema de Brecht





Vivimos tiempos en Europa en que los populismos de ciertos gobiernos y de algunos que pretenden acceder a ellos claman cada vez más contra el inmigrante. Ver como enemigo a aquel que llegó para hacerse cargo de trabajos que muchos de dentro no querían es lo que se lleva. Y, lo que es peor, lo que empieza a fomentarse desde esas instancias políticas que, en su inutilidad por reconducir y solventar los problemas, buscan el caldo de cultivo del miedo, la inseguridad y la disputa de los puestos de trabajo con objeto de obtener votos. En España la falta de trabajo en general ha producido una especie de autorregulación, de tal manera que muchos inmigrantes que se instalaron legalmente vuelven a marcharse. Pero cuando se trata de hacer de los presupuestos del Estado una suerte de acoso y derribo sobre la ciudadanía, recortando por doquier las inversiones sociales y asistenciales, ya empiezan a decirse cosas como que los inmigrantes abusan de la sanidad pública, y se toman medidas para que los irregulares no sean atendidos. Después, ¿por dónde seguirá la perversidad de las decisiones autoritarias?




El tema está caldente y en nuestro país que, desgraciadamente, ha sido un país de emigración y de exilio, adquiere una dureza superior. Una sociedad azotada durante siglos por fuertes migraciones no debería olvidar lo que eso significó para tantas generaciones. El fenómeno de la condición del emigrante ya lo trató Bertolt Brecht que escribió el poema titulado Sobre la denominación de emigrantes.

"Siempre me pareció falso el nombre que nos han dado: emigrantes.
Pero emigración significa éxodo. Y nosotros
no hemos salido voluntariamente
eligiendo otro país. No inmigramos a otro país
para en él establecernos, mejor si es para siempre.
Nosotros hemos huido. Expulsados somos, desterrados.
Y no es hogar, es exilio el país que nos acoge.
Inquietos estamos, si podemos junto a las fronteras,
esperando el día de la vuelta, a cada recién llegado,
febriles, preguntando, no olvidando nada, a nada renunciando,
no perdonando nada de lo que ocurrió, no perdonando.
¡Ah, no nos engaña la quietud del Sund! Llegan gritos
hasta nuestros refugios. Nosotros mismos
casi somos como rumores de crímenes que pasaron
la frontera. Cada uno
de los que vamos con los zapatos rotos entre la multitud
la ignominia mostramos que hoy mancha nuestra tierra.
Pero ninguno de nosotros
se quedará aquí. La última palabra
aun no ha sido dicha."

Nuestros gobernantes deberían palparse la ropa porque, como dice el poeta alemán, la última palabra no ha sido dicha todavía en el camino de injusticias y agravios de los hombres. De los de fuera y de los de dentro. La vida da muchas vueltas y el rencor permanece parejo a la necesidad.




* La obra reproducida es de la artista Mery Maroto.



viernes, 20 de abril de 2012

La montería africana y el Quijote



(Escena rupestre de caza del Neolítico africano)


Sospecho que el capítulo bochornoso del Rey de España cazando en Botswana pasará a formar parte del anecdotario histórico. Mi vecino piensa que no hay por qué rasgarse las vestiduras demasiado. Y añade que esa acción, con todo lo que cueste el desplazamiento y los cuidados hospitalarios posteriores a su accidente, más el espectáculo fotográfico del elefante caído, no es ni más ni menos bochornosa que otras que han venido ejecutando los miembros de la familia. El asunto es que hoy día las monarquías, afortunadamente, ya no son lo que eran. Tiempos aquellos en que un monarca podía fulminar a un súbdito o a una legión entera de súbditos, sin rendir más cuentas que ante Dios y la Historia.




Sobre el tema se ha hablado mucho estos días y, tranquilos, que por mucha opinión pública que haya ejercitado la degustación de la crítica fácil o de la sesuda, un capítulo como el de Botswana no va a acabar con la institución monárquica. De hecho, estoy convencido de que en breve se va a producir una campaña de defensa y prestigio de la realeza, probablemente con la abdicación de Juan Carlos I y la asunción del rol por parte del sucesor. Una tangada que cambie los actores para que la representación permanezca.




Miren ustedes. A mí me hubiera gustado un punto de contrición rebelde en este rey que tenemos. Su puesta en escena pidiendo perdón me ha parecido lamentable. Era como ver a un chico de colegio, al que le presionan con un castigo superior, agachado y sometido. No sé hasta qué punto se lo habrá creído él, pero su petición de perdón y reconocimiento del error (¿no venían a cuenta ahora otros errores?) huele a punto de partida de ese proceso de presunta regeneración de la Casa Real. Uno, que no es proclive a que se mantenga una institución inservible en estos tiempos, hubiera deseado ver a un rey enérgico, que pasa de todo, y hasta chulesco, sacando un remedo de pecho absolutista. Habrá quienes quieran observar en el gesto del rey un gesto bondadoso, simpático y condescendiente con sus súbditos, a los que hay que ganar de nuevo. Hay quienes creemos que se ha tratado del prólogo de un guión que tratarán de llevar adelante con apoyo de los dos partidos mayoritarios porque, eso sí, de seguir los miembros de la monarquía por esa senda de despropósitos que van jalonando, su misión del cargo podría acabar antes de lo previsto.




En el capítulo XXXIV de la Segunda Parte de Don Quijote de la Mancha figura una escena de montería que para sí quisiera seguir como lección el Rey de España actual.

“…En esto atravesaron al jabalí poderoso sobre una acémila, y, cubriéndole con matas de romero y con ramas de mirto, le llevaron, como en señal de vitoriosos despojos, a unas grandes tiendas de campaña que en la mitad del bosque estaban puestas, donde hallaron las mesas en orden y la comida aderezada, tan sumptuosa y grande, que se echaba bien de ver en ella la grandeza y magnificencia de quien la daba. Sancho, mostrando las llagas a la duquesa de su roto vestido, dijo:

 —Si esta caza fuera de liebres o de pajarillos, seguro estuviera mi sayo de verse en este estremo. Yo no sé qué gusto se recibe de esperar a un animal que, si os alcanza con un colmillo, os puede quitar la vida. Yo me acuerdo haber oído cantar un romance antiguo que dice:

De los osos seas comido
como Favila el nombrado.

—Ese fue un rey godo —dijo don Quijote— que yendo a caza de montería le comió un oso.

—Eso es lo que yo digo —respondió Sancho—, que no querría yo que los príncipes y los reyes se pusiesen en semejantes peligros, a trueco de un gusto que parece que no le había de ser, pues consiste en matar a un animal que no ha cometido delito alguno.

 —Antes os engañáis, Sancho —respondió el duque—, porque el ejercicio de la caza de monte es el más conveniente y necesario para los reyes y príncipes que otro alguno. La caza es una imagen de la guerra: hay en ella estratagemas, astucias, insidias, para vencer a su salvo al enemigo; padécense en ella fríos grandísimos y calores intolerables; menoscábase el ocio y el sueño, corrobóranse las fuerzas, agilítanse los miembros del que la usa, y, en resolución, es ejercicio que se puede hacer sin perjuicio de nadie y con gusto de muchos; y lo mejor que él tiene es que no es para todos, como lo es el de los otros géneros de caza, excepto el de la volatería, que también es solo para reyes y grandes señores. Así que, ¡oh Sancho!, mudad de opinión, y cuando seáis gobernador, ocupaos en la caza y veréis como os vale un pan por ciento.”





* Los relieves escultóricos pertenecen al arte asirio.

miércoles, 11 de abril de 2012

Thoreau y Gandhi, a la cárcel


(Imagen del fotógrafo griego Stelios Tsagris)

 


"¿No puede haber un gobierno en el que las mayorías no decidan de manera virtual lo correcto y lo incorrecto sino a conciencia? ¿En el que las mayorías decidan sólo los problemas para los cuales la regulación de la conveniencia sea aplicable? ¿Tiene el ciudadano en algún momento, o en últimas, que entregarle su conciencia al legislador? ¿Para qué entonces la conciencia individual? Creo que antes que súbditos tenemos que ser hombres. No es deseable cultivar respeto por la ley más de por lo que es correcto. La única obligación a la que tengo derecho de asumir es la de hacer siempre lo que creo correcto. Se dice muchas veces, y es cierto, que una corporación no tiene conciencia; pero una corporación de personas conscientes es una corporación con conciencia. La ley nunca hizo al hombre un ápice más justo, y a causa del respeto por ella, aun el hombre bien dispuesto se convierte a diario en el agente de la injusticia. Resultado corriente y natural de un indebido respeto por la ley es el ver filas de soldados, coronel, capitán, sargento,  etc., marchando en formación admirable sobre colinas y cañadas rumbo a la guerra, contra su voluntad, contra su sentido común y sus conciencias, lo que hace la marcha más ardua y produce un pálpito en el corazón.  No les cabe duda de que la tarea por cumplir es infame; todos están inclinados hacia la paz. Pero, ¿qué son? ¿Son hombres acaso? ¿O pequeños fuertes y polvorines al servicio de algún inescrupuloso que detenta el poder?"



(Imagen del fotógrafo checo Roman Sejkot)


¿Qué diría Henry Thoreau de la penúltima broma de nuestro gobierno? ¿Se admitirían por las buenas hoy día en nuestra española sociedad las palabras del pensador norteamericano? El ministro del Interior quiere que la reforma del Código Penal incluya como delito de integración en organización criminal lo que él llama convocar manifestaciones violentas a través de Internet. Y también resistirse a la detención, ya sea por el mecanismo biológico de oponerse con la propia fuerza personal o resistiéndose pasivamente a ser detenido. Pero ¿quién decide lo de la violencia? ¿El propio ministerio, es decir, la policía?

Pues apañados estamos, porque sospecho que en ese sentido cualquier acto de resistencia pasiva que no sea bien visto por el Gobierno puede ser calificado de violento y aplicársele la ley innovadora. Como la mano dura ya se venía aplicando (recordemos 15M en Plaza Cataluña, estudiantes en Valencia o huelga 29M en Barcelona, por ser los casos recientes más flagrantes) les faltaba el paso judicial. La criminalización del prójimo, vaya, como se dice ahora. Se escudan en la minoritaria acción de aquellos contados casos en que sí se han comportado algunos con violencia  premeditada (¿alguna mano negra detrás?) para restringir derechos cívicos. Así que ya por fin van a pintar bastos con todas las de la ley, y suponemos que con apoyo de los socios del Gobierno en las comunidades históricas.


(Imagen del fotógrafo checo Roman Sejkot)


¿Tan malos tiempos prevén? No cabe duda. No están seguros de que la situación económica y sus efectos sociales vaya a remontarse. Por lo que, en previsión de protestas y reclamaciones múltiples ya toman las únicas medidas que saben tomar sin que nadie les mande. Puesto que se restringen derechos (los recortes no son otra cosa) se restringen también libertades (el ejercicio popular de la defensa de los derechos) Henry Thoreau, no sé hasta qué punto conocido en España, pero mucho en Estado Unidos, fue un personaje que teorizó la idea de la resistencia y de la desobediencia civiles a la autoridad, es decir, al Estado. De alguna manera fue inspirador de los planteamientos de resistencia pasiva de Mahatma Gandhi, lo cual indica la trascendencia de fronteras y cerebros que tuvo sus interesantes teorías.



(Imagen del fotógrafo checo Roman Sejkot)



La cultura occidental ha tenido en las últimas décadas una alta estima sobre las prácticas del liberador indio, por aquello de que proporcionó la independencia de un Estado en ascenso frente al colonial británico. Pero en la Celtiberia parece ser que todavía no se han enterado muchos del valor de oponer resistencia pacífica frente a la tentación emocional de la violencia activa de ciertas minorías. A veces uno piensa si lo que les gusta a los dirigentes es contar siempre con la latencia de algún sector violento en la sociedad, pues eso permite desviar objetivos y justificar prácticas represivas del propio Estado. Creo que hemos tenido durante muchísimos años un caso obvio que ha sido una barbaridad para la convivencia.


(Imagen del fotógrafo checo Roman Sejkot)


Realmente, creo que la manera de pensar y de actuar de Thoreau y Gandhi siguen sin ser bien vistos por los gobernantes de nuestras sociedades decadentes, que están viendo perder sus referencias democráticas. Así que ahí va otra perla de Henry Thoreau que, salvando distancias y tiempos, tiene su aura libertaria y utópica. Tal vez aún haya que aprender de los viejos teóricos consecuentes y ungirnos con sus sanas ideas cuando lleguen los palos.


"La autoridad del gobierno – porque yo gustosamente obedeceré a aquellos que pueden actuar mejor que yo, y en muchas cosas hasta a aquellos que ni saben ni pueden actuar tan bien – es una autoridad impura: porque para ser estrictamente justa tiene que ser aprobada por el gobernado. No puede tener derecho absoluto sobre mi persona y propiedad sino en cuanto yo se lo conceda. El paso de la monarquía absoluta a una limitada, de la monarquía limitada a la democracia, es el progreso hacia el verdadero respeto al individuo. Hasta el filósofo chino fue lo suficientemente sabio para ver en el individuo la base del imperio. ¿Es la democracia que conocemos la última mejora posible de gobierno? ¿No es posible adelantar un paso en el reconocimiento y la organización de los derechos del hombre? Jamás existirá un Estado realmente libre e iluminado hasta cuando ese Estado reconozca al individuo como un poder más alto e independiente, del cual se deriva su propio poder y autoridad y lo trate de acuerdo a ello. Me complace imaginar un Estado que finalmente pueda darse el lujo de ser justo con todos, y que trate al individuo con respeto; más aún, que no llegue a pensar que es inconsistente con su propia tranquilidad si unos cuantos viven separados de él, no mezclándose con él, sin abrazarlo, pero cumpliendo con su obligación de vecinos y compañeros. Un Estado que produjera este fruto y lo entregase tan pronto estuviese maduro abriría el camino para otro Estado, aún más perfecto y glorioso, que yo he soñado también, pero que aún no he visto por ninguna parte."



jueves, 5 de abril de 2012

El ajusticiamiento de la plaza Syntagma





Esperaba verlo en las portadas de los periódicos de hoy. Pero no interesa a las manos que actúan ocultamente. No interesa que interese. Un jubilado griego de 77 años se pegó ayer un tiro en el corazón simbólico del Estado y de las protestas masivas de los ciudadanos griegos. En la Plaza Syntagma de Atenas. En el ágora. ¿Qué dirían los padres de la Democracia ateniense de saberlo? ¿Qué pensarían los filósofos que nutrieron el pensamiento del que todavía bebemos de una manera u otra? ¿Revisarían y actualizarían sus ideas? No ha sido el primer suicidio de la crisis europea. Seguro que ya habrá habido muchos más motivados por situaciones semejantes: suicidas anónimos, desesperados, con sentimiento de culpa incluso. El suicidio de Dimitris Christoulas ha sido un símbolo. Una autoinmolación que conlleva mucho de ajusticiamiento, que compromete a la sociedad, al Estado y a esos misterioso poderes hegemónicos que se esconden tras la palabra sacrosanta de mercados. Porque lo que le ha conducido al fin ha sido la situación de penuria y probablemente de desesperanza en la que había caído su vida, como efecto de la situación general del país. Pero él quiso convertir su muerte en una denuncia y la tradujo en un gesto de cólera heroica sin vuelta. ¿Servirá para algo esa actitud que conecta con los mitos más antiguos?
  




Recientemente un informe presentado en el Parlamento griego señalaba que la tasa de suicidios había aumentado un cuarenta por ciento. Teniendo en cuenta que este país tradicionalmente pacífico y apacible tenía la tasa de suicidios más baja del mundo  -en 2010 la OMS daba el dato de apenas 6,5 casos por cada 100.000 habitantes-  el triste y espectacular incremento de suicidios pone sobre el tapete la degradación colectiva y, sobre todo, personal a la que está conduciendo la crisis de los mercados, ese dios tan desconocido como brutal que tiene nombres y apellidos en las altas esferas pero que se nos vende como un ente abstracto y exigente al que cada ciudadano humilde tiene que responder quiera o no quiera.  



Ya no es sólo el paro, la carencia de ingresos, la degradación de los servicios públicos, o la deuda que cada ciudadano y el Estado tienen contraída lo que coacciona y condiciona la vida de los ciudadanos griegos. Es también el flujo abusivo de prestamistas lo que viene a complicar aún más el coste de la supervivencia y, sobre todo, la ineptitud e incapacidad del Estado para garantizar los derechos fundamentales y la vida de sus ciudadanos, a los que, como ya va siendo de rigor en más países, incluida España, les trata como súbditos, como fuente de obtención de dinero y en definitiva, como imbéciles a los que desprecia. No me imaginaba hace algún tiempo a mí mismo utilizando este lenguaje duro, pero creo que estamos llegando a un plano en que al menos hay que llamar a las cosas por su nombre. Un tiempo histórico en que hay que dejarse de eufemismos y saber lo que nos está pasando, al menos para salvar nuestra dignidad íntima y tener la mente lo más sana posible para no darles el placer a los mercados de que los individuos desaparezcan gratuitamente de la faz de la tierra. 




No me cabe duda que el gesto terrible y doloroso del jubilado caído en la Plaza Syntagma servirá al menos para pensar. Allí ha provocado ya indignación colectiva y su eco nos llega y nos conmueve. La periodista Rosa María Artal cuenta en su blog que hay un mensaje de puño y letra de Dimitris Christoulas, y reproduce un fragmento aparecido en el diario Athens News:

“El Gobierno de ocupación de Tsolakoglou [gobierno colaboracionista nazi durante la segunda guerra mundial] ha reducido a la nada, literalmente, mi capacidad de supervivencia que dependía de una respetable pensión que, durante más de 35 años, yo solo (sin contribución del estado) he pagado. Dado que tengo una edad con la que ya no tengo el poder de resistir activamente (aunque, por supuesto, no descarto que, si cualquier griego hubiese empuñado un kalashnikov, yo habría sido el segundo en hacerlo) no encuentro otra solución para un final digno antes de que esté reducido a buscar en la basura para alimentarme. Creo que los jóvenes sin futuro tomarán las armas algún día y colgarán a los traidores nacionales en la Plaza de la Constitución [Plaza Syntagma], igual que los italianos colgaron a Mussolini (en la Piazza Poreto de Milán)”.





¿Qué pensamos en España de todo esto? Muchos recordamos que cuando nos contaban del crac estadounidense de 1929 se nos decía que se suicidaban banqueros, brokers y especuladores de la bolsa. Pero en estos tiempos la única especie que va cayendo es la de los de abajo, por utilizar el término tradicional. Y por otra parte, aquí en nuestra tierra se vive la semana catequística por excelencia del catolicismo barroco, aunque vivida más por el lado hedonístico que el fervoroso, naturalmente, con la salida masiva vacacional y todo eso. O acaso no hay tanta salida y encima el dios de la lluvia compite con el dios de la hostelería y ya nos contarán. Mientras, esperando acontecimientos de la última vuelta de tuerca de los amos de fuera y los de dentro.



Ver http://www.athensnews.gr/





* Las ilustraciones magníficas que se acompañan son obra del artista Tomás Pariente Dutor, tomadas de su web  http://www.tomaspariente.net/

martes, 27 de marzo de 2012

Los recortes o cuando Cadalso ya lo veía




Sabido es que vivimos tiempos de recortes. Como las palabras se afinan, refinan y disimulan, con objeto de que oculten lo que hay detrás y no se vea la dureza de los hechos, lo que quiere decir es que habrá menos dinero o ningún dinero para tal o cual finalidad presupuestaria. Cuando el Estado o las administraciones en general tratan de ahorrar se suele hacer a costa del ciudadano común y del bien público. Procurando una recaudación superior de impuestos e invirtiendo menos en obras y realizaciones de los distintos ministerios competentes. Pero ¿por qué esa regla de recortar las inversiones previstas inicialmente se produce principalmente en sectores clave como sanidad, investigación, enseñanza y cultura?



Los economistas más fríos, que es tanto como decir déspotas, suelen afirmar que no son sectores productivos, lo cual resulta una afirmación grotesca e insultante. Valorar a la sociedad como si se tratase de maquinaria de producción o gran almacén de mercancías  resulta repugnante, pero pinta neoliberalismo atroz y arremeten por los puntos más débiles. Sectores tras los que, también en principio, no se encuentran grandes corporaciones financieras o industriales, y cuyo objetivo reside en satisfacer necesidades y no tanto en promover beneficios.




Así que oímos y leemos con frecuencia en los medios de comunicación que tal centro de investigación se cierra, que los quirófanos de aquel hospital trabajan unos días solo a la semana,  que familiares de asociaciones de familiares con miembros que tienen Alzheimer denuncian desinversión en investigación sobre la enfermedad, que tal museo reduce horarios o personal, que las reducciones asistenciales se incrementan, que si habrá copago, que hay escuelas públicas sin calefacción o material de trabajo, que se cierran bibliotecas, que se eliminan subvenciones de carácter social, que equis investigadores protestan por el recorte de cientos de millones de euros en I+D, que las enfermedades raras no podrán investigarse adecuadamente, que la Ley de Dependencia se queda en agua de borrajas, que se produce fuga de cerebros…Un sinfín de obstáculos, limitaciones o privaciones que redundan tanto en el servicio público de la sociedad como en los trabajadores involucrados en diferentes sectores.





Leer ahora mismo las Cartas marruecas de José Cadalso, escritas entre 1773 y 1774, no tiene nada de descabellado sino, por el contrario, sirve para ratificarnos en la cruz que arrastra este país nuestro sobre la visión pública de las cosas. En la Carta VI se dice:   

“ El atraso de las ciencias en España en este siglo, ¿quién puede dudar que procede de la falta de protección que hallan sus profesores? Hay cochero en Madrid que gana trescientos pesos duros, y cocinero que funda mayorazgos; pero no hay quien no sepa que se ha de morir de hambre como se entregue a las ciencias, exceptuadas las de pane lucrando que son las únicas que dan de comer.

Los pocos que cultivan las otras, son como aventureros voluntarios de los ejércitos, que no llevan paga y se exponen más. Es un gusto oírles hablar de matemáticas, física moderna, historia natural, derecho de gentes, y antigüedades, y letras humanas, a veces con más recato que si hiciesen moneda falsa. Viven en la oscuridad y mueren como vivieron, tenidos por sabios superficiales en el concepto de los que saben poner setenta y siete silogismos seguidos sobre si los cielos son fluidos o sólidos.

Hablando pocos días ha con un sabio escolástico de los más condecorados en su carrera, le oí esta expresión, con motivo de haberse nombrado en la conversación a un sujeto excelente en matemáticas: «Sí, en su país se aplican muchos a esas cosillas, como matemáticas, lenguas orientales, física, derecho de gentes y otras semejantes».

Pero yo te aseguro, Ben-Beley, que si señalasen premios para los profesores, premios de honor, o de interés, o de ambos, ¿qué progresos no harían? Si hubiese siquiera quien los protegiese, se esmerarían sin más estímulo; pero no hay protectores.”



José Cadalso ya veía con claridad la poca importancia que se concedía a las ciencias y a la investigación. La pregunta sigue siendo: ¿hasta cuándo abusarán de nuestra paciencia? ¿No hay manera de que todo cambie positivamente? ¿De que revierta la economía que genera la sociedad en una economía de la sociedad y más que nunca de los que poseen menos recursos? Está claro que no se quiere. Un clásico más de nuestra Literatura observadora y clarividente sigue estando en vigor para nuestro placer de lectores, pero para nuestra desgracia de ciudadanos estafados.






* Las imágenes son de la pintora e ilustradora Camino Roque. Ver http://caminoroquetaller.blogspot.com.es/

domingo, 18 de marzo de 2012

Sabicas, cien años a tu salú



¿Cuántos españoles saben que uno de los grandes guitarristas de la historia cumpliría hoy cien años de haber vivido? Así es. Un 18 de marzo de 1912 nació en Pamplona el gitano Agustín Castellanos, cuyo nombre artístico fue Sabicas. En una entrevista reveló con aire irónico y divertido, cómo llegó a apodarse de esa manera. “De chiquito, en Madrid, mi madre mandaba a la criada a la compra y, cuando volvía, yo metía la mano en la cesta, sacaba las habas y me las comía con cáscara y todo. Entonces, mi madre me miraba y me decía: Pero, hijo mío, estás na más que con las habas. Te voy a poner habas y habas y habas, habicas. Y de las habas, la-s-habicas, me quedó Sabicas”.





Fue un guitarrista autodidacta y temprano, que ya con siete años actuó en público en el teatro más importante de su ciudad natal, el Gayarre. De la calles de la Mañueta y Jarauta pasó a Madrid, donde siguió desarrollando sus capacidades y buscándose la vida. Cuando estalló la guerra civil se marchó a Méjico con Carmen Amaya y su grupo, para más adelante acabar en los Estados Unidos, donde vivió casi toda su vida hasta morir pobre en el Bronx. Lo curioso no es que fuera solo un genial intérprete de flamenco, granadinas, sevillanas o de composiciones de diversos autores españoles, sino que participó del jazz y del rock, algo sorprendente pero inevitable también en un hombre de mundo hábil en el manejo de su oído y de sus diez dedos.




Recuerdo un proverbio de Antonio Machado, y lo traigo aquí en homenaje a Sabicas:


-  ¿Mas el arte?...
          -Es puro juego,
que es igual a pura vida,
que es igual a puro fuego.
Veréis el ascua encendida.


miércoles, 14 de marzo de 2012

Los carritos híbridos de Sergio Garval



Observar las pinturas del pintor mejicano Sergio Garval conduce a la sociología de calle. Una de sus series de óleos, titulado precisamente Tiempos de compras, da la medida de nuestro tiempo. Si las mujeres con bolsa de malla de nuestra infancia definían unas sociedades recién salidas del trueque y de compra de subsistencia diaria, las mujeres y hombres de hoy reflejan otra realidad. Una realidad que se absorbe a sí misma, se reduce, se contempla, se extasía. ¿O es la sociedad y sus miembros quienes hurtan la realidad y se la ponen como uniforme? La imagen puede ser el carrito del súper, pero el carrito es el icono por excelencia de unos objetivos propuestos y con una larga secuela. Es algo más: la fe, la idea, la identidad de nuestro tiempo. 



Porque el carrito no es solo el individuo que hay detrás ni siquiera la tarjeta de crédito que proporciona carta de solvencia al consumidor. Es su razón de existir. Y ya se sabe cómo se las gasta la sociedad actual: eres en cuanto consumes. No importa que no tengas para unos días después, o que llegues de mala manera a fin de mes, o que las dificultades y carencias te lleven a regatear la hipoteca u otros préstamos. Lo que cuenta en estos tiempos es que te exhibas. Siempre me llamaron la atención las caras de felicidad y satisfacción de las gentes que deambulan con los carritos llenos por las grandes superficies cuando han cobrado la paga. Grandes superficies: ya veis, hasta el nombre de la naturaleza se hurta para concedérselo a la dimensión del establecimiento del mercado. Rostros cuya seguridad se multiplica y reafirma en períodos como las navidades, esas fechas de culto al consumo por encima de todas las fechas. 




Llevar el carrito es ser parte del carrito. De manera análoga a como el automovilista es un híbrido  -parte individuo físico, parte motor y ruedas-  el consumidor es un hombre-carrito, una mujer-carrito. Cuando veo, además, que el supermercado proporciona mini-carritos para los niños me estremezco. Pues bien, creo que Sergio Garval participa de este enfoque. Convierte a los individuos no en algo imaginario, sino que los reconoce en lo que son. Seres fantásticos que se elevan sobre su miseria no para superarla sino para proyectarla. Seres cuyo comportamiento cautiva a los individuos de otros territorios del mundo donde aún no se han transfigurado en eso, pero en los que el mercado se abre camino para lograr que lo sean. Incluso, ¿no son nuevos púlpitos para los eméritos patriarcas de toda la vida revestidos de pontifical?



domingo, 11 de marzo de 2012

Dos fechas dolorosas

(Fotografía de T. Enami)


Las conmemoraciones o aniversarios de sucesos graves no resultan útiles si no nos conducen a la reflexión. De poco sirve recordar cómo el terremoto de Japón de hace un año desoló y causó tantas víctimas, involucrando a las centrales nucleares, si posteriormente no se analizan los riesgos y, sobre todo, no se toman medidas tajantes sobre la caja de Pandora nuclear. De poco sirve seguir evocando la barbarie del 11M de 2004 causada por fanáticos islamistas, que además de víctimas causó un trauma social, si no meditamos sobre la intolerancia, el fundamentalismo religioso y las ideologías cerradas, sean ajenas o propias.


(Fotografía de W. Eugene Smith)


Parece que la lección japonesa solo se entiende parcialmente. Se desvía el problema, culpabilizando a las fuerzas de la naturaleza de la tragedia. Es cierto que éstas siguen teniendo la palabra con frecuencia, y eso me hace recordar una cita del Libro del Tao: El cielo y la tierra no tienen benevolencia alguna, todas las cosas son para ellos como perros de paja. Pero precisamente por esa razón es por lo que habría que tener en cuenta los riesgos diversos que supone mantener lo nuclear como fuente de energía. Con la actitud de la mayor parte de los países que la utilizan de mantener sus centros de producción, incluso prolongando su vida útil (la de Garoña, en Burgos, es un caso exagerado, confirmado por el Gobierno) no se coopera ni al salto a las energías alternativas ni a la seguridad. El meollo del asunto, que se disfraza con la supuesta necesidad de abaratar la obtención de energía, estaría más bien en la obtención de beneficios por parte de las empresas de electricidad, fin vinculado al modelo productivo en vigor.   


(Composición fotográfica de Misha Gordin)


¿Y la lección de la intolerancia violenta? ¿La hemos aprendido? Por un lado, las políticas hegemónicas de las grandes potencias, que no dan su brazo a torcer y, paralelamente, la pervivencia de regímenes políticos compuestos por clanes y grupos religiosos, no son el mejor caldo de cultivo para el entendimiento entre pueblos y por el diálogo colectivo. No es la geoestrategia actual el mejor escenario para favorecer la distensión y desproveer a los fundamentalismos de excusas y argumentos que convierten más tarde en violencia. Está por ver si las revueltas que tienen lugar en una extensa geografía van a acabar con buen pie o van a ser  aquello de cambiar algo para que todo siga igual. De todos modos conviene no olvidar que el patrimonio de la intolerancia y el fanatismo no reside en ningún pueblo o mentalidad en concreto, sino que es un oleaje que históricamente se ha desatado en todo tipo de naciones. De ello, Europa sabe bastante, desgraciadamente.  

(Fotografía de W.Eugene Smith)


Es triste comprobar que, después de los años transcurridos de la matanza del 11M, cierta prensa y ciertos politiquillos (aunque a los que ya están en el Gobierno no les interesa tanto el tema), apoyados por un fiscal, sigan erre que erre dándole vueltas a la teoría de la conspiración. No les basta con sembrar la desconfianza, hurgar en las heridas y deshonrar la memoria de las víctimas. Probablemente, ese sector de intransigentes y paranoicos interesados sean los mismos que aún mantienen nostalgias por la dictadura pasada, que se frotan las manos por la condena a Garzón o que se rasgan las vestiduras por pretender la reposición moral de las víctimas de la barbarie franquista. Quiero pensar que son una minoría. Pero escucho a Pilar Manjón decir que las víctimas siguen siendo objeto de mentiras falaces e impúdicas, insultos y amenazas, y pienso en los bárbaros de casa.


(Composición fotográfica de Misha Gordin)

sábado, 3 de marzo de 2012

Las calles se vuelven peligrosas



En las paredes, tendría que haber añadido al título. Hoy debería escribir poco y dejar a la libre interpretación de cada cual las imágenes. Tengo que decir que, de momento, no me estoy encontrando en mi ciudad pintadas directas sobre la situación económica y social tan peligrosa en la que estamos entrando. O acaso aún no las he visto. Es como si los calígrafos reivindicativos estuvieran expectantes. Mientras las manos que sí tienen mucho que decir esperan, aparecen algunas pintadas inquietantes y de varia interpretación. La que abre el post es extremadamente estentórea. Y es la que me he tomado más en serio por el tono reduccionista e inquisitorial que emplea. Primero, porque la palabra hoguera me horroriza. Este término ha sido utilizado históricamente por un sector de la sociedad española clasista, represor e intransigente, y no me extrañaría que, a la sombra de las críticas que la ciudadanía ejerza sesudamente contra ciertos políticos y gobernantes, pretenda cundir como un grito siniestro de otro tiempo.



Reducir, simplificar y ocultar el sentido de los conceptos es equívoco y expuesto. A veces ese ejercicio tiene éxito entre la masa o una parte de ella. Recuerdo un lema muy difundido, pero con trampa. Se gritó mucho en las manifestaciones del 15M y era aquel que decía que no nos representan. Pero ¿se matizó quiénes no nos representaban? ¿Todos los políticos o solo una parte? ¿Los corruptos, los caraduras, los aprovechados, los miembros de los clanes? ¿Simplemente por haber sido elegidos? ¿No se libraban siquiera ciertos militantes de partidos que honestamente trataban de expresar alternativas? Y a continuación se lanzaba aquella torpe consigna del no votes. Pero no por eso dejó de haber elecciones y salieron los que salieron. Anda, di ahora que estos, te gusten o no, no nos representan.


Volviendo a la fotografía inicial. ¿A quién quieren impresionar los autores supuestamente nihilistas con aires de hijos de Torquemada? Tal vez sea un ejercicio particular de quien aún no entiende que la vida es separar el grano de la paja. Si, por ejemplo, la pintada dijera: políticos, trabajad para los trabajadores o bien políticos, sed honrados, ¿no habría un sentido positivo y paralelamente crítico? En la actual tesitura, nos agrade o no ésta, la pintada inquisitorial me parece vacía, no invita a la participación cívica ni fomenta precisamente la tolerancia. Quien eso escribe ¿quiere hacer deconstruir la política conceptualmente? Poco cabe esperar de quien así plantea los términos del debate. ¿No suena más bien a aquello de juden raus, eso sí, muy al estilo España eterna?

Pongo la última fotografía como una muestra enigmática. ¿De qué signo es la mano que la ha plasmado en el muro? Yo puedo verla desde un punto de vista, pero igual otro paisano la ve desde el opuesto. Dejemos la respuesta al improbable Oráculo.