hoy es siempre todavía

martes, 16 de julio de 2013

El historiador Ángel Viñas, visto por el historiador Sebastiaan Faber





“No hay uno solo de de los historiadores neoconservadores o neofranquistas que no manipule o distorsione la evidencia histórica. Lo que venden son mentiras descaradas. Esto suena duro, lo sé, pero lo he demostrado una y otra vez. En España, los mitos propagados por el franquismo han sobrevivido, convenientemente actualizados, y se movilizan en los conflictos políticos de hoy. Si la Guerra Civil es todavía origen de controversia, se debe a que la derecha no desea remover un pasado sangriento que la hace aparecer bajo una luz negativa. Solo por dar un ejemplo, uno de los biógrafos más serviles de Franco es miembro de la Real Academia de la Historia [Luis Suárez]. Como si fuera lo más normal del mundo”. 





Ángel Viñas no tiene miedo de decirlo tal y como son las cosas y tiene poca paciencia con la estupidez. Uno de los historiadores más prolíficos de las últimas dos décadas, Viñas ha emprendido ingentes proyectos de investigación y ha cruzado su espada con poderosos adversarios. Con todo, dado que poca de su obra está disponible en inglés, Viñas es menos conocido fuera de España de lo que su envergadura justifica. Su energía parece no tener límites: en los últimos diez años ha publicado o dirigido más de una docena de libros substanciales sobre la Guerra Civil. Entre ellos se cuenta una historia en cuatro volúmenes, 2.600 páginas, de la Segunda República asediada (2006-2009) [1] que Helen Graham ha llamado “magistral”, y que Gabriel Jackson describió en estas páginas como “sin duda, los estudios de archivo más detallados y plenamente documentados sobre las reacciones diplomáticas y militares internacionales que siguieron al estallido de la Guerra Civil”. Cuando en 2011, la Real Academia de la Historia publicó los primeros 25 volúmenes de su controvertido Diccionario Biográfico Español, financiados con fondos públicos —y cuyos textos estaban plagados de errores y nunca fueron adecuadamente revisados; la entrada sobre Franco no caracterizaba al Generalísimo como dictador —, fue Viñas quien congregó a un equipo de historiadores para elaborar rápidamente una recopilación alternativa más rigurosa. El contradiccionario de 976 páginas, titulado En el combate por la Historia [Pasado y Presente, Barcelona, 2012] se publicó en abril. Este pasado octubre el profesor Viñas interrumpió brevemente los muchos proyectos que se acumulan sobre su mesa de trabajo en Bruselas —entre ellos, nuevas investigaciones sobre el bombardeo de Guernica y una reedición española de la obra pionera de Herbert Southworth — para hablar con The Volunteer. 




La historiografía como campo de batalla, el historiador como combatiente por la verdad: la imagen parece adecuada para el campo de de los estudios de la Guerra Civil hoy en día y para la obra de Viñas en particular. Nacido en 1941, Viñas se considera un historiador a la vieja usanza. A lo largo de su carrera, ha insistido en la necesidad de investigar rigurosamente tomando como base las evidencias de primera mano del periodo, lo que llama evidencia primaria relevante de época. Su principal objetivo está bien definido. Quiere descubrir qué sucedió realmente, por qué sucedió y explicarlo tan claramente como pueda a un público lo más amplio posible. “En mi opinión,” dice Viñas, “el único modo de avanzar lo constituye la investigación primaria, para abrir nuevas rutas, señalar nuevas direcciones y mejorar anteriores interpretaciones del pasado. La investigación primaria abre puertas, no las cierra. Por supuesto, no es la única forma de escribir Historia. Aplicar nuevos paradigmas también puede deparar nuevos resultados. Pero yo soy un historiador al que le gusta estar cerca de realidades concretas, tratando de encontrar nuevas respuestas a viejas preguntas”. 




Viñas combinó en un principio su investigación con la carrera diplomática. Se enamoró de los archivos a finales de los años 60, cuando como joven diplomático destinado en Bonn le pidieron que escribiera un artículo sobre la financiación nazi del esfuerzo de guerra franquista. “Cuando entré en los archivos del Auswärtiges Amt (Ministerio de Asuntos Exteriores)”, recuerda, “supe que se trataba de un flechazo”. Este proyecto de investigación se convirtió en la tesis doctoral y el primer libro de Viñas, publicado en 1974 (La Alemania nazi y el 18 de julio, Alianza Editorial, Madrid). A continuación afrontó el tan mistificado episodio del “Oro de Moscú” —la controvertida transferencia a la Unión Soviética, por parte de las autoridades republicanas, de parte del Tesoro español. Viñas trabajó después sobre relaciones internacionales, sobre todo en torno a la alianza entre Franco y los Estados Unidos de los años 50, pasó veinte años trabajando para la Unión Europea, y cinco años de embajador en las Naciones Unidas en Nueva York. Vive actualmente en Bruselas. Y felizmente: “Estoy lejos del barullo de España. Vivir aquí me permite concentrarme en escribir, que es lo que hago doce horas al día, siete días a la semana”. 




La obra de Viñas es una lectura que revigoriza. Escribe una prosa directa, combativa, con pocas cautelas. No teme introducir una nota ocasional de divertida malicia. En La conspiración del general Franco (Crítica, Barcelona, 2012), por ejemplo, reconviene al conocido y prolífico historiador norteamericano Stanley Payne por su falta de rigor. Payne y Viñas llevan dándose topetazos durante algún tiempo. En años recientes, Payne ha hablado desdeñosamente de los historiadores académicos españoles mientras abogaba por aficionados “revisionistas” de derechas como Pío Moa o César Vidal. Resulta interesante, señala Viñas, que Payne, que “ha extendido su manto protector para cubrir algo que es verdadera pornografía histórica”, casi nunca haya utilizado más que fuentes secundarias. 

Desde luego, la clave de la solidez de Viñas reside en el amplio uso que hace de fuentes primarias de una gran cantidad de archivos españoles y extranjeros. Igual importancia tiene su insistencia en que ningún aspecto del conflicto puede explicarse sin tener en cuenta el complejo contexto internacional de la guerra, un contexto determinado por poderosos intereses tanto políticos como económicos. Al reconstruir los intensos esfuerzos diplomáticos que preceden y siguen inmediatamente al estallido de la guerra, por ejemplo, no deja dudas acerca de la tremenda diferencia entre el rechazo categórico por parte de las potencias occidentales a respaldar a la acosada República y la casi inmediata disponibilidad de los regímenes fascista y nazi a comprometer ayuda militar. Basándose en amplia evidencia, Viñas explica esa diferencia primordialmente en función de cómo se percibe el interés nacional y político. 




Los antecedentes del autor y su pericia como funcionario le ayudan a entender su material, pero también a dar forma a su enfoque. Le interesa en última instancia lo que impulsa a quienes toman las decisiones: dirigentes políticos y económicos, así como diplomáticos y mediadores. Al haber vivido las instituciones desde dentro, no se hace ilusiones sobre el calibre moral de sus motivaciones. Viñas también resulta excepcionalmente bueno reconstruyendo los flujos de información: la forma en que cartas, informes y conversaciones personales configuraron la percepción de los líderes sobre lo que estaba aconteciendo en España. Esto le permite, por ejemplo, a lo largo de treinta páginas del segundo volumen de su serie sobre la República una valoración desacostumbradamente matizada de los puntos de vista y de las decisiones de Stalin en relación con la República. 

Viñas cree encarecidamente que escribir la historia de España es tarea de historiadores españoles. “La batalla por la verdad tiene que librarse en España, por parte de los españoles. No hay nada extraño en esto: es la norma en todas las naciones. Mire Francia, Inglaterra o Alemania”. A buen seguro, reconoce las importantes aportaciones a la historia de la Guerra Civil hechas por historiadores de fuera de España. Pero su relativa relevancia en los años de postguerra fue una anomalía, debida a la graves restricciones que imponía el régimen de Franco a la historiografía española. Afortunadamente, la situación lleva ya tiempo normalizada. “Los avances más importantes provienen hoy de historiadores españoles. Esto no es más que algo lógico; al fin y al cabo, casi todos los archivos están en España, y son ahora casi todos accesibles. Dicho esto, lejos de mí negar las aportaciones de los historiadores no españoles. Aprecio enormemente su labor”. 




¿Por qué entonces esta actitud crítica hacia Payne? “Tenía por Payne el mayor de los respetos como historiador y solía ser ávido lector de sus obras. En términos académicos, mi dosis de respeto ha menguado. Payne no hace investigación de archivo. Y lo que necesitamos precisamente en este momento es fundamentar interpretaciones históricas sobre evidencias de primera mano de los archivos. Pero esa no es la peor parte. Aunque opera todavía so capa de rigor erudito, en la actualidad Payne es poco más que un producto y un defensor de la visión conservadora que insiste, contra toda evidencia, en culpar a la izquierda y a los reformistas republicanos del estallido de la Guerra Civil. Desde un punto de vista académico, la metodología y los presupuestos de Payne no tienen, sencillamente, fundamento. Y la protección que otorga a los payasos neofranquistas que se llaman historiadores es, la verdad, bastante repelente. 

Ciertamente, pocas cosas irritan más a Viñas que “las sandeces que algunos autores siguen difundiendo como si no hubiera pasado el tiempo”: el conjunto de ideas fundamentalmente erradas sobre la Guerra Civil que, pese a haberse demostrado que carecen de base, llevan circulando desde los años 30 y se niegan obstinadamente a desaparecer. La noción, por ejemplo, de que las políticas de no intervención salvaron a España de caer en una revolución y de un futuro como satélite de la Unión Soviética. O la idea de que las políticas de no intervención de Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos — su traición a la Segunda República Española, en una palabra— se viera impulsada por alguna otra cosa que no fuera “una política salvaje de protección del interés nacional, sazonada de connotaciones ideológicas, políticas y de clase, y sesgadas por análisis erróneos o prejuiciosos de la realidad española”. 




“La historiografía franquista, que todavía ejerce una tremenda influencia sobre los historiadores conservadores de la Guerra Civil, opera por medio de un mecanismo que yo, junto al profesor Alberto Reig Tapia, he llamado ejercicio de proyección. Por ello entiendo que los franquistas atribuyen el comportamiento de su propio bando a sus oponentes políticos o militares. De este modo encuadran la reacción republicana a la rebelión militar como resultado de un proyecto revolucionario, cuando en realidad se trató de un estallido espontáneo, respuesta a una sublevación militar cuidadosamente planeada y en buena medida incitada por partidarios civiles. Acusan a la República de solicitar ayuda extranjera —es decir, soviética— con el fin de imponer un Estado totalitario, cuando la verdad es que fueron los monárquicos los que comprometieron material de guerra de los italianos antes de la sublevación. Hablan de la creación de una ‘república popular’avant la lettre, controlada por los comunistas, mientras que en realidad fue la derecha la que generó el fascismo español que realmente existió. Condenan la matanza de españoles patriotas, cuando fueron los militares rebeldes los que empezaron de inmediato a masacrar a sus adversarios. Denuncian la supuesta dependencia de la República respecto a Stalin para distraer de la dependencia mucho mayor de Franco respecto a Hitler y Mussolini. Vemos cómo funciona el mismo mecanismo en el caso del bombardeo de Guernica en abril de 1937. De la destrucción se culpó a los ‘vascos bolchevizados’ o a las ‘huestes de dinamiteros asturianos’, pero en realidad el bombardeo fue resultado de órdenes directas emitidas por el mando del Ejército del Norte a la Legión Cóndor nazi”. Todas estas afirmaciones se basan en evidencias laboriosamente recogidas de archivos españoles y extranjeros. 




¿Es más difícil ser historiador de la Guerra Civil Española que, digamos, de la II Guerra Mundial o la Edad Media? “Sí, lo es. Tiene que ver en primer lugar con el hecho de que se tardara tanto en abrir los archivos a la investigación. Sólo después de la muerte de Franco se instauró la libertad de investigar y escribir. Y luego, como ya he dicho, está el problema de las posiciones ideológicas del neofranquismo, que siguen teniendo sus repercusiones. A día de hoy, es probable que un historiador que esté en desacuerdo con estas posturas tenga que soportar las arengas de la derecha, lo cual sería impensable en el contexto de la II Guerra Mundial. Nadie en su sano juicio pensaría en motejar de de ‘antinazis’ o ‘antifascistas’ a los historiadores franceses, británicos o norteamericanos que han analizado los mecanismos de las dictaduras nazi y fascista”. 

¿Qué piensa Viñas de las iniciativas de base de “recuperación de la memoria histórica” que han brotado por toda España desde finales del siglo XX? “El llamado movimiento por la memoria histórica está estrechamente relacionado con el esfuerzo colectivo por sacar a la luz las dimensiones ocultas de la represión franquista extremadamente severa durante el periodo de la guerra y la postguerra. Estos esfuerzos son muy importantes. Lo que me sorprende es que, pese a todo el trabajo hecho, la mayoría de los historiadores extranjeros todavía no reconozca el hecho de que España formó parte de lo que Timothy Snyder, en referencia a Europa Oriental, ha llamado Tierras de sangre [2] —la victimización masiva de civiles a manos de poderosas estructuras militares y estatales —si bien en distinta constelación y en una parte diferente de Europa”. Por suerte, Paul Preston ha expuesto el caso español al público lector de lengua inglesa. 




Hace un año Viñas se jubiló de su puesto de catedrático de la Universidad Complutense de Madrid. Sin embargo, continúa orientando a jóvenes historiadores. Entre sus discípulos se cuenta Fernando Hernández Sánchez, con el que escribió El desplome de la República (Crítica, Barcelona, 2010) y que publicaría luego una historia pionera del Partido Comunista durante la Guerra Civil (Guerra o revolución. El Partido Comunista de España en la guerra civil, Crítica, Barcelona, 2010). Observador de la actualidad española desde su mirador septentrional de Bruselas, Viñas ve pocos motivos para el optimismo. Le preocupa su país. El futuro pinta especialmente sombrío en el caso de la universidad española y la investigación académica. “La universidad franquista estaba corrompida. Era un subproducto de las relaciones de poder del país, oligárquicas y, en el mejor de los casos, paternalistas. La situación ha mejorado de algún modo desde la Transición, aunque no lo suficiente. Este ha sido un fallo grave de los gobiernos socialistas y, aún más, de los conservadores. Ha sido posible trabajar bien dentro de las estructuras existentes y hay mucha gente que lo ha hecho, aunque en ocasiones esto ha exigido una considerable dosis de valor cívico. Personalmente, no puedo envanecerme de nada debido a que por razones profesionales he podido trabajar 25 años fuera de la Universidad. Esto me permitió tomar cierta distancia y, sobre todo, no depender financieramente de nadie. Pero estoy extremadamente preocupado por el futuro de la universidad española. El conservadurismo español ha entrado en fase regresiva, tanto en términos económicos como ideológicos. El actual gobierno ultraconservador es un auténtico desastre. La situación me recuerda, mutatis mutandis, a la del ‘bienio negro’ de 1934-35. Toda una generación de jóvenes historiadores quedará frustrada”. 



Notas del traductor: 

[1] Esos cuatro volúmenes son La soledad de la República: El abandono de las democracias y el viraje hacia la Unión Soviética, Crítica, Barcelona, 2006; El escudo de la República: el oro de España, la apuesta soviética y los hechos de mayo de 1937, Crítica, Barcelona, 2007; El honor de la República: entre el acoso fascista, la hostilidad británica y la política de Stalin, Crítica, Barcelona, 2008; El desplome de la República: La verdadera historia del final de la Guerra Civil,Crítica, Barcelona, 2009. 

[2] Bloodlands, de Tymothy Snyder, se ha publicado en español como Tierras de sangre, Europa entre Hitler y Stalin (Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2011). Snyder es también conocido por su diálogo con Tony Judt en Pensar el siglo XX (Taurus, Madrid, 2012). 




(Sebastiaan Faber enseña Estudios Hispánicos en el Oberlin College de Oberlin, Ohio, y preside la directiva de ALBA -Abraham Lincoln Brigade Archives-, que custodia el legado de los veteranos norteamericanos de las Brigadas Internacionales, cuyo órgano de expresión es The Volunteer. 

Traducción de Lucas Antón. Este texto está tomado de http://www.sinpermiso.info/ que, a su vez lo toma de The Volunteer)


* Las imágenes son trabajos de David Seymour Chim, Gerda Taro, Robert Capa, cuyos negativos se hallaron en la llamada La maleta mexicana)



viernes, 12 de julio de 2013

Censura para conocer nuestro pasado




Se cumplen trescientos años de la firma del Tratado de Utrecht por el que España cedió Gibraltar a Inglaterra. Probablemente el tema siga siendo objeto de controversia tanto para historiadores como para profesores de Derecho Internacional. Siempre se podrá objetar que es un asunto áspero, sobre todo por el empecinamiento de los británicos y por la constitución social que se da en la Roca. Muchos considerarán que con la Gran Bretaña hemos topado y que una esquina peninsular no vale un conflicto. Incluso hay quienes esperamos que jamás se haga motivo de guerra de ello, simplemente porque a algún gobierno en crisis y dificultades le tiente el desviar la atención de los españoles sobre asuntos más importantes de interés colectivo o invocando una obsoleta llamada a un nacionalismo extemporáneo.La cuestión sigue ahí empantanada y, acaso, más vale no menealla si nos va a complicar la vida.

Sin embargo, hay situaciones internas que no hay manera tampoco de que puedan ser superadas. Las dificultades con las que sigue topando la investigación historiográfica para consultar documentos que van desde 1936 a 1968 no es, en este caso,  motivo de conflicto exterior. El enemigo está dentro de casa. En concreto las autoridades españolas que, no se sabe muy bien por qué, no permiten el acceso a documentos de Defensa y de Asuntos Exteriores. ¿Qué tiene que ocultar el Gobierno? ¿Teme todavía esta derecha actual que se la vincule aún más con el pasado y por ello cercena un derecho de conocimiento público? Sería mala conciencia y temores a vaya usted a saber qué. ¿Son capaces de invocar aún riesgos para la seguridad nacional, como dirían ellos? ¿Es el viejo rictus de un sector con complejo patrimonial sobre la sociedad y el territorio lo que les lleva a portarse de ese modo? Que nos quieran timar hasta para conocer nuestra propia Historia nos parece indecente.  




Parece interesante conocer algo más sobre el asunto, por lo que reproduzco el siguiente


Comunicado de H-SPAIN dirigido al Gobierno y a los distintos grupos parlamentarios de España

Haciéndonos eco del profundo malestar producido entre historiadores, archiveros, periodistas y otros grupos sociales por el cierre indefinido e injustificable del acceso a documentos históricos del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación y del Ministerio de Defensa de España, desde H-SPAIN solicitamos a las autoridades competentes la inmediata reapertura de dichos fondos y la garantía de su accesibilidad para todos los investigadores en el plazo más breve posible. 

Consideramos que de ninguna manera cabe justificar las trabas que se está imponiendo al acceso a dicha documentación histórica por medio de argumentos inverosímiles sobre el riesgo que su difusión entrañaría para la defensa y la seguridad del Estado o para las relaciones de España con terceros países. 10.000 documentos de Defensa de los años 1936 a 1968 estaban listos para su desclasificación, tras el preceptivo examen, antes de que el Ministerio cancelara su publicación en mayo de 2012 en una decisión que cabe considerar, como mínimo, de arbitraria. Menos se comprende aún que el Ministerio de Asuntos Exteriores haya declarado “secreta” o “reservada” la práctica totalidad de su documentación, incluyendo los fondos históricos de su archivo –compuestos por papeles diplomáticos del siglo XV al XX- que habían sido consultados hasta entonces sin mayores impedimentos por parte de historiadores de todo el mundo. 




Que la respuesta del Ministerio de Asuntos Exteriores a las denuncias de esta situación haya sido cerrar a los investigadores el acceso a su Archivo General, en septiembre de 2012, y dispersar sus fondos entre el Archivo Histórico Nacional y el Archivo General de la Administración sin comunicar si esos fondos serán algún día consultables de nuevo, y en su caso cuándo y en qué condiciones -lo que hace temer nuevos obstáculos y demoras que sumar a las que sufrimos desde hace casi dos años-, no hace más que ahondar en la enorme preocupación que genera la actual situación. 

El acceso y libre disposición de estos fondos históricos, dentro de los plazos y límites marcados por la actual normativa, no solamente constituye un derecho de los españoles, sino también un deber moral del ejecutivo. No se trata tan sólo del enorme perjuicio que se está causando a innumerables proyectos de investigación histórica tanto en España como en el extranjero, sino también del daño a la imagen y el prestigio del país más allá de nuestras fronteras, así como de la degradación de la calidad de la democracia española que se derivan de unas decisiones que nos alejan de los estándares europeos e internacionales de protección de derechos democráticos básicos como el de libertad de información e investigación, el acceso al patrimonio y la cultura, y el control y rendición de cuentas por parte del gobierno y la administración pública. 

En este sentido, instamos a nuestros gobernantes a que, rectificando su actual política, cumplan con los instrumentos internacionales que España ha suscrito en materia archivística y de documentación, como son la Recomendación Nº R (2000) 13 del Comité de Ministros del Consejo de Europa sobre una Política Europea en Materia de Comunicación de Archivos, y el Convenio del Consejo de Europa sobre el Acceso a los Documentos Públicos (Tromsø, 18 de junio de 2009). 




No se trata de una petición de unos pocos para unos pocos. Si bien este llamamiento parte del mundo académico, es a la sociedad en su conjunto a la que se está negando el derecho a conocer por sí misma, al margen de interpretaciones oficiales e interesadas, su propio pasado. No puede haber auténtica democracia allí donde no se garantiza a los ciudadanos el derecho a generar una visión crítica del propio desarrollo histórico basado en el acceso al patrimonio documental común. 

Firmando esta solicitud, pedimos al Gobierno que adopte cuantas medidas sean precisas para garantizar el acceso de los investigadores, profesionales o no, a los fondos documentales de estos archivos y en el plazo más breve posible. Solicitamos asimismo a los distintos grupos parlamentarios que exijan y respalden estas medidas, así como que controlen su cumplimiento. Instamos también a toda la sociedad que apoye esta petición, para que pueda hacer del conocimiento crítico de su pasado la mejor guía para una construcción consciente de su futuro. 




Todos aquellos que deseen adherirse deben enviar a h-spain@h-net.msu.edu los siguientes datos: nombre y apellidos, institución académica de pertenencia (o "investigador independiente" en su defecto) y número de DNI o pasaporte (el cual no se hará público). En el caso de tratarse de un organismo, se deberá enviar el nombre de dicha institución y el de la persona que la represente, con su número de DNI o pasaporte. 

Carlos Sanz Díaz (Universidad Complutense de Madrid) 

En nombre del Consejo Asesor de H-SPAIN, suscriben el presente escrito: 

David Jorge (Wesleyan University, Connecticut) 
Ángel Viñas (Universidad Complutense de Madrid) 
Helen Graham (Royal Holloway, University of London) 
Florentino Rodao (Universidad Complutense de Madrid) 
Sebastiaan Faber (Oberlin College, Ohio) H-Spain 





* Las imágenes son:  grabados de Goya, una fotografía de la visita de Eisenhower a España en 1959 respaldando a la dictadura y por último una simbólica instantánea del fotógrafo gallego Julio Souza Fernández, de los hermanos Mayo.


jueves, 4 de julio de 2013

No soy un aculturado, que diría Arguedas




La retención del avión del presidente de Bolivia ayer en Viena y la prohibición de sobrevolar Francia, Italia, España y Portugal por parte de sus respectivos gobiernos me ha hecho pensar. Más allá de su dimensión política inmediata. Que los ciudadanos de los países implicados en esa barbaridad humillante puedan justificarla por el hecho de que el motivo era localizar al espía arrepentido Snowden sería una inconsciencia, como poco. Participarían de las misma complicidad que esos gobiernos han tenido con los Estados Unidos, verdadero instigador del despropósito. Dejando de lado ahora mismo el entreguismo de Europa a los USA, lo que me llama la atención es el escarnio a que se ha sometido a Evo Morales. ¿Porque pertenece al área de mandatarios suramericanos que no se someten a las prescripciones del Imperio? Con esto no estoy entrando ni a defender ni a condenar la política de Morales en su país: no es el tema ni me siento capacitado para criticarla. 




El asunto es que le han tratado como un gobernante de un pueblo sometido tradicionalmente, observación que bien podría extenderse, con matices temporales y de calidad, a los demás países de Latinoamérica. Le han tratado como proscrito, como delincuente. ¿Se habrían atrevido a hacerlo con mandatarios chinos o rusos, por ejemplo? Pregunta incauta, respuesta obvia. Le han tratado como un gobernante de segunda, un ciudadano de tercera, un indígena de cuarta. Porque pertenece  -con sus aciertos y errores-  a la cantera de personajes que no se pliegan a dictados con facilidad y porque les resulta mosca cojonera para el desarrollo de los negocios de las multinacionales. Porque a la mentalidad europea  -que me parece más grave que la actitud estadounidense-  le ha salido el rictus colonial. Si Bartolomé de las Casas hubiera sabido de la actitud del gobierno español hubiera llorado de rabia y de vergüenza. En fin, ¿será que lo que no soporta la desmemoriada Europa es el talante de no aculturados de muchos latinoamericanos?  

Se lo han hecho porque Morales debe tener mucho de no aculturado, que hubiera dicho el escritor peruano José María Arguedas (1911-1969) Entonces me he acordado de un discurso de éste que causó su impacto. No soy amigo de los discursos, pero los escucho si dicen algo. Fue cuando le dieron en Lima en 1968 el Premio Inca Garcilaso de la Vega





"Acepto con regocijo el premio Inca Garcilaso de la Vega, porque siento que representa el reconocimiento a una obra que pretendió difundir y contagiar en el espíritu de los lectores el arte de un individuo quechua moderno que, gracias a la conciencia que tenía del valor de su cultura, pudo ampliarla y enriquecerla con el conocimiento, la asimilación del arte creado por otros pueblos que dispusieron de medios más vastos para expresarse. 

La ilusión de juventud del autor parece haber sido realizada. No tuvo más ambición que la de volver en la corriente de la sabiduría y el arte del Perú criollo el caudal del arte y la sabiduría de un pueblo al que se consideraba degenerado, debilitado o “extraño” e “impenetrable” pero que, en realidad, no era sino lo que llega a ser un gran pueblo, oprimido por el desprecio social, la dominación política y la explotación económica en el propio suelo donde realizó hazañas por las que la historia lo consideró como gran pueblo: se había convertido en una nación acorralada, aislada para ser mejor y más fácilmente administrada y sobre la cual sólo los acorraladores hablaban mirándola a distancia y con repugnancia o curiosidad. Pero los muros aislantes y opresores no apagan la luz de la razón humana y mucho menos si ella ha tenido siglos de ejercicio; ni apagan, por tanto, las fuentes del amor de donde brota el arte. Dentro del muro aislante y opresor, el pueblo quechua, bastante arcaizado y defendiéndose con el disimulo, seguía concibiendo ideas, creando cantos y mitos. Y bien sabemos que los muros aislantes de las naciones no son nunca completamente aislantes. A mí me echaron por encima de ese muro, un tiempo, cuando era niño; me lanzaron en esa morada donde la ternura es más intensa que el odio y donde, por eso mismo, el odio no es perturbador sino fuego que impulsa. 




Contagiado para siempre de los cantos y los mitos, llevado por la fortuna hasta la Universidad de San Marcos, hablando por vida el quechua, bien incorporado al mundo de los cercadores, visitante feliz de grandes ciudades extranjeras, intenté convertir en lenguaje escrito lo que era como individuo: un vínculo vivo, fuerte, capaz de universalizarse, de la gran nación cercada y la parte generosa, humana, de los opresores. El vínculo podía universalizarse, extenderse; se mostraba un ejemplo concreto, actuante. El cerco podía y debía ser destruido; el caudal de las dos naciones se podía y debía unir. Y el camino no tenía por qué ser, ni era posible que fuera únicamente el que se exigía con imperio de vencedores expoliadores, o sea: que la nación vencida renuncie a su alma, aunque no sea sino en la apariencia, formalmente, y tome la de los vencedores, es decir que se aculture. Yo no soy un aculturado; yo soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz habla en cristiano y en indio, en español y en quechua. Deseaba convertir esa realidad en lenguaje artístico y tal parece, según cierto consenso más o menos general, que lo he conseguido. Por eso recibo el premio Inca Garcilaso de la Vega con regocijo." 





* Ilustración de Silvio Baldessari.



domingo, 23 de junio de 2013

Las mentiras en la Historia, en palabras de Ibn Jaldún




Mucho se debate hoy acerca del olvido y de la memoria histórica. Bueno, es un decir que se debate; solo a ciertos niveles de interesados. Pero si algo resulta evidente es que mientras los conocimientos sobre la historia no se profundicen más y no se hagan llegar a la población ésta no podrá tener una idea clara del significado e importancia del pasado. ¿Garantizaría ese conocimiento que el entendimiento entre los habitantes de unos países y otros o en el seno del mismo país resolvería los problemas del futuro? No de manera refleja, pero ayudaría a un cierto grado de comprensión mutua y a evitar tropezar una y otra vez sobre las mismas piedras.  

No obstante, qué descuido y abandono tienen los medios de comunicación en nuestro país sobre un conocimiento aproximativo al pasado. La televisión hace dejación de una labor que podría ser enormemente educativa para la sociedad, si elaborase y difundiese programas sobre la Historia cuyos contenidos no fueran sospechosos de partidismo o doctrinarismo. Probablemente este mismo problema que nos sensibiliza a algunos ya venga de muy atrás.




El árabe de procedencia andalusí Abd-ar Rahman Ibn Jaldún (siglo XIV) en su visión avanzadísima de la Historia (escribió la impresionante obra Introducción a la Historia Universal. Al-Mugaddimah, también conocida como Prolegómenos) ya detectaba las dificultades para ser conocida. Aunque Jaldún, acaso con un exceso de valoración positiva dijera: "La historia es una de las técnicas que se transmiten de nación a nación, de pueblo a pueblo; que en pos de ella van los estudiosos hasta países remotos, siendo esta ciencia anhelada aun por el vulgo y la gente ociosa; compiten en su campo reyes y principales, y es asimilada al propio tiempo por los instruidos como por los ignorantes", tenía claras las dificultades existentes ¡hace seis siglos! ¿Qué diría hoy de saber lo limitado que llega el conocimiento de la historia a una sociedad más pendiente de lo banal que de lo trascendente?    

He seleccionado unos párrafos donde Ibn Jaldún incide en cómo la mentira se introduce en el conocimiento y divulgación de la Historia. Vamos a disfrutarlos.





"...Sabed que la historia tiene por verdadera finalidad hacernos conocer el estado social del hombre, en su dimensión humana, o sea la urbanización y civilización del mundo, y de darnos a entender los fenómenos concomitantes naturalmente a su índole, tales como la vida salvaje, la humanización, la coligación agnaticia (“al-asabiya”), las diversas formas de supremacía que los pueblos logran unos sobre otros y que originan los imperios y las dinastías, las distinciones de rangos, las actividades que adoptan los hombres y a las que dedican sus esfuerzos, tales como los oficios para subsistir, las profesiones lucrativas, las ciencias, las artes; en fin, todo el devenir y todas las mutaciones que la naturaleza de las cosas pueda operar en el carácter de la sociedad. 

Ahora, como la mentira se introduce naturalmente en los relatos históricos, convendría señalar aquí las causas que la determinan: 1° La adhesión de los hombres a ciertas opiniones o ciertas doctrinas. En tanto que el espíritu del individuo es de disposición moderada e imparcial, acoge el relato que se le presenta con el análisis debido y lo examina con toda la atención que el caso re-quiere, hasta conseguir dilucidar la exactitud o la falsedad de la noticia; pero si ese espíritu es susceptible a dejarse influir por su parcialidad de tal opinión o tal doctrina, aceptaría, sin titubeo, la narración que convenga a su partido. Tal propensión y esa parcialidad cubren cual un velo los ojos del intelecto, impidiéndole escudriñar las cosas y analizarlas detenidamente, cayendo así en la aceptación del embuste y su difusión.





La segunda causa que determina el embuste en los relatos es la confianza en la fuente transmisora. Para reconocer si es digna de fe, es preciso recurrir a un examen análogo al que se designa con los términos improbabtio et justificatio. 

Una tercera causa es la falta de reparo en la finalidad que los actores persiguen en los grandes acontecimientos. La mayoría de los narradores ignoran el propósito con el cual las cosas que han observado, o de las que se les ha hablado, han sido hechas; exponen por tanto los acontecimientos conforme al modo de su entender, y, dejándose inducir por sus conjeturas, caen en la mentira.

La cuarta causa consiste en suponer la verdad erróneamente. Esto es un defecto bastante común; proviene, generalmente, de un exceso de confianza en las personas que han transmitido los datos.





Como quinta causa podemos señalar la ignorancia de las relaciones que existen entre los sucesos y las circunstancias concomitantes. Tal se advierte entre los historiadores cuando los pormenores de un relato han padecido retoques y alteraciones. Reproducen, por ende, los acontecimientos tal cual los concibieron, menoscabando la exactitud y la verdad misma. 

La sexta causa estriba en la inclinación de los hombres a ganar el favor de los personajes y figuras relevantes, a efecto de elevarse en posición; se desbordan, por ello, en alabanzas y ponderaciones, enalteciéndoles sus hechos. Los respectivos relatos, plagados de falacia, son objeto de extensa divulgación. En efecto, los espíritus humanos encierran gran pasión por los elogios; los hombres aspiran a los bienes mundanos de toda especie, tales como el renombre y la riqueza; por lo regular, muy poco ambicionan destacarse por las nobles cualidades o por demostrar consideración a la gente de verdaderos méritos. 

Otra causa más, que aventaja a todas las ya expuestas, es la ignorancia de la naturaleza del desarrollo social y sus circunstancias concomitantes. Todo acontecer, sea espontáneo o sea por el efecto de una influencia exterior, tiene, ine-ludiblemente, su índole propia, tanto en su esencia como en la circunstancia concomitante; por ello, si el que lo recoge conoce de antemano los caracteres que se presentan en la realidad, los acontecimientos y los hechos, así como sus causas, ello le ayudaría para analizar y controlar toda especie de relatos y discernir la verdad del embuste, pues tal recurso comprende mayor eficacia que otro alguno."





* Las imágenes son obra de Gabriela Amorós. Ver    http://www.laemocionindomable.com/

martes, 4 de junio de 2013

¿Que inventen ellos?





Si hay desastre por encima de los demás desastres en la España actual es aquello que está pasando en la competencia de los medios de investigación científicos: en el abandono tajante a generar investigación propia y en la sangría a que se somete a los profesionales, muchos de los cuales tienen que emigrar o buscarse la vida de otro modo al que se estaban capacitando. Por supuesto esta situación choca frontalmente con las inversiones de despilfarro  o de corruptela de los gobernantes, o con el dinero y los privilegios fiscales que se concede a entes nada productivos como la Iglesia. Aquella cita errática de Unamuno ¡Que inventen ellos! repetida hasta la saciedad y convertida en tópica y estereotipo de un supuesto y no menos falso espíritu nacional parece seguir en pie de guerra como consecuencia de la política nefasta que lleva el Gobierno actual.

Transcribo a continuación una carta de Ernesto Caballero, investigador-colaborador en la Universidad Autónoma de Madrid, que remite al periódico mensual La marea.




"Una vez tuve el sueño de investigar, ser científico para poder contribuir al bienestar de la sociedad, por un lado creando conocimiento y por otro aplicándolo en la mejor calidad de vida. En cierto modo lo conseguí, actualmente soy Doctor en bioquímica, con una tesis doctoral en el estudio de la Diabetes tipo II, experiencia en Inmunología, en Microbiología, en Química analítica. 

Mi formación les ha costado a los contribuyentes cientos de miles de euros, esperaba poder devolverlos en forma de producción científica y cada día me doy cuenta que el futuro de la ciencia está fuera. La austeridad es una palabra que mal interpretada puede descabezar algo tan importante como la I+D+i, tres letras que sustentan el desarrollo de un país. La productividad nunca podrá sustentarse en el sector servicios, en el turismo, en la construcción de vehículos (como tanto gustan los anunciantes de utilizar como reclamo publicitario… coche fabricado en España, pero oportunamente olvidan decir, tecnología extranjera, ingenieros extranjeros) 




Actualmente muchos de mis compañeros investigadores me han contado en cafés, donde arreglamos el mundo, que en sus laboratorios no se puede contratar doctores, que algunas líneas de investigación tienen que cerrarse, que en algunos centros de investigación hay investigadores que no pueden hacer más que leer y escribir, porque no hay dinero, investigadores que se han quedado sin sus animales de investigación porque no tienen dinero para mantenerlos. 

De lo que no nos damos cuenta es que un parón como este en investigación no va a durar un par de años, ha lastrado la investigación para muchos años. No se trata de mañana echar unos millones de euros y voila, todo arreglado, nada más lejos, se necesitarán muchos, muchos años en la recuperación y regeneración de un tejido científico; primero formación y actualización de los científicos, estar al día no es un trabajo banal, se requiere mucho estudio, lectura un trabajo personal, además la formación de jóvenes científicos, las becas y contratos NUNCA han sido justos, siempre han dado una mínima calidad de vida, en muchos casos nunca hemos cotizado a la seguridad social, hemos sido estudiantes obligados durante años, empezando a cotizar con 30 años, incluso aunque trabajásemos desde los 18.




Después, la fuga de cerebros que tan eufemísticamente se ha dicho que es positivo (nuestra ministra que no está exenta de un gran sentido del humor un tanto oscuro, así como Esperanza Aguirre, que defiende que es algo positivo) Lo que no quieren decir, u oportunamente olvidan, es que un flujo de migración que pretenda ser positivo, requiere dos cosas principales: que investigadores extranjeros lleguen a España para aportar conocimiento y además que los investigadores “aventureros”, tengan una posibilidad real de volver a su país y encontrarse centros de investigación donde desarrollar lo aprendido.




Esto se hizo una vez en España, en la edad de plata española (1907-1939), cuando nuestro único premio Nobel Científico (D. Santiago Ramón y Cajal, pues D. Severo Ochoa exiliado tras la guerra, cuenta como premio Nobel de USA), presidió y dirigió una entidad llamada Junta para Ampliación de Estudios, dedicada a dar “pensiones” (becas de investigación en el extranjero) y al volver recolocar estos cerebros en diferentes centros de investigación donde aplicaron lo aprendido. En esa época España creció hasta ser referente europeo, eso sí que era una Marca España; ahora la austeridad nos ha vuelto a colocar como referente de muchas cosas, pero ninguna que merezca la pena destacar.




El otro gran problema de la austeridad es la cultura científica ( la divulgación a la sociedad) durante años he presidido una entidad sin ánimo de lucro dedicada a producir divulgación para el pueblo, llevando la cultura científica a tantos centros públicos como podíamos (si, primamos los públicos sobre privados o concertados), por que la cultura científica de la sociedad es básica, primero para saber separar pseudociencia que puede ser peligrosa de la ciencia que puede ayudarnos y segundo porque es necesario que el pueblo tenga una explicación clara y directa de lo que se hace con su dinero y por qué España ha sido una gran productora de ciencia (hasta hace unos años, claro está), dando un motivo de orgullo real por la patria; pero sobre todo para explicar a la sociedad que está haciendo la ciencia y tecnología para influir en nuestra calidad de vida. Ya el artículo 38 de la Ley de Ciencia del 2011 (tenemos que decir que es del Gobierno de Zapatero, al Cesar lo que es del Cesar), nos indica a los científicos que la proyección científica a la sociedad es parte de nuestro trabajo, lamentablemente al no desarrollarse o cuantificarse esto para evaluarse en los CVs, aún está en pañales. 




Y lo peor está por llegar, ya no hablo de recortes en Sanidad, con los consecuentes problemas de salud, en los que no me atrevo ni a entrar; no, lo peor de cara a enfrentarnos a un futuro es la educación, el daño que se ha infligido y se va a infligir, los niños son el futuro, y sin les retocan una y otra vez el sistema educativo, que serán de mayores. No nos damos cuenta que las universidades no son institutos grandes, son centros de formación de ciudadanos completos, la transformación que sufren en centros de formación de técnicos… ¿Dónde nos llevará?"



domingo, 12 de mayo de 2013

La columna toscana de Tordesillas





Viajar por el interior de España es unas veces encuentro, otras reencuentro y muchas veces, desgraciadamente, también supone desencuentro. Sinceramente, uno aprende de cualquiera de las situaciones. Por ejemplo, pasar una tarde de sol en Tordesillas, sin mayor urgencia en visitar y recorrer, y tomarse un copón de leche helada en Helados Baonza, en un rincón de la Plaza Mayor, no es tomar un helado cualquiera, sino una exquisitez que te trae el sabor de la infancia. Eso es un reencuentro.




Una sorpresa en un paseo-mirador (y mira que hay tantos de ellos en lo alto de las ciudades históricas de Castilla desde donde se contempla el Duero, el Arlanza, el Pisuerga...) que es y no solo es una escultura. Tallado sobre un tronco seco de pino Soria-Burgos el maestro Humberto Abad, de Quintanar de la Sierra, Burgos, ha dejado un homenaje a la reina Juana. El mito de la locura de aquella mujer culta que podría haber regido durante más tiempo la unidad española, con la consiguiente deriva hacia otro rumbo de la historia, se fraguó ya en su tiempo, y no se debió a su personal historia de amor truncado por la muerte de su esposo Felipe. Sobre este tema, mejor consultar libros de historia que desentrañen las marañas de intereses de la Corte real de aquella época y deshagan tópicos. 

A mí me han fascinado esas dos manos que rasgan la cárcel del alma y pugnan por abrir el cuerpo a la vida.¿Es esa la interpretación que el escultor hace del desplazamiento y reclusión forzosa de la reina Juana que dejó paso a su hijo, el futuro emperador Carlos, pero primero represor de los Comuneros? Esa escultura es para mí un encuentro que, no obstante, también tiene su cuota considerable de reencuentro, pues posee reminiscencias de un pasado que sigue siendo confuso para los actuales pobladores del país. Y que a poco que uno tenga interés puede indagar en los estudios de Joseph Pérez, Julio Valdeón o Manuel Fernández Älvarez.




Al leer la placa que la Cabaña Real de Carreteros dejó hace cuatro años a uno le embarga cierta emoción. Dice en esa placa: "Representa la cárcel física de Tordesillas y la metafísica que constriñe la contingencia humana. Pero siempre hay una ventana por donde penetra la luz del cielo protector. Con esta esperanza y fe en el hombre que sabrá encontrar siempre un futuro social y ambientalmente más sostenible, la Cabaña Real de Carreteros realiza esta ofrenda. También como homenaje a los hermosos pueblos castellanos, a nosotros mismos por nuestra historia". ¿No se reencuentra uno en estas palabras con una Castilla que no es la dominadora ni la imperial ni la franquista con que muchos se llenan aún la boca?



En fin, volvamos a la Plaza Mayor. Tomemos de nuevo otra leche helada o una caña. Pero contemplemos la estructura tradicional de cientos o miles de poblaciones de la España profunda (la España profunda se encuentra de igual manera en el llamado interior o en la denominada periferia)  Y quedémonos con un elemento antiguo, diríase imperecedero. Las columnas que sostienen los edificios y generan uno de los recursos más inteligentes, prácticos e incluso lujosos de la arquitectura: los soportales. Allí, a nuestro lado, el sobrio y hermoso fuste. Y rematando su parte superior un capitel toscano, sujetando la fuerza de las enormes vigas que se descargan en ellas sin temor de que lo hagan sobre nuestras cabezas.

Nombre antiguo, cultura antigua, artesanos y arquitectos antiguos. Saberes de todo el mundo que una vez recalaron aquí, en esta villa, como en tantas otras. Mirando la columna toscana de Tordesillas el sentido del gusto se reconcilia, a pesar de los avatares de la historia. También uno se reconcilia con la bondad de los hombres y huye de los despropósitos. Ese sugerente deseo final de la placa de los carreteros, en que declaran de utilidad pública un camino que puede servir para curar males de amor pone el punto lírico en una tierra donde de modo cíclico ha corrido la sangre de sus hijos. Prefiero quedarme con las obras que engrandecen a la especie a las épicas que la desmerecen.

Por cierto, de desencuentros no me apetece hoy hablar.




Adjunto enlaces curiosos.

http://es.wikipedia.org/wiki/Juana_I_de_Castilla

http://www.pinosoriaburgos.es/index.php?men=71&id=29

http://www.tallamadera.com/foro/proyectos-paso-a-paso/1270-esculturas-de-humberto-abad



jueves, 28 de marzo de 2013

¿Deutschland Über Alles? (O un artículo censurado de Juan Torres)




Sin pretender tener una posición antigermana en el sentido cultural, y dadas las circunstancias de castigo que se están precipitando contra los países sureños de Europa, si se puede y conviene disentir de una política que más parece una disciplina de hierro cuando no una tomadura de pelo monumental. La que mantiene principalmente Alemania, o acaso habría que decir Merkel, o acaso ambos, si es que la jefa de gobierno se halla respaldada con amplitud. Y aunque el tema sea discutible no hay que renunciar a debatir sobre el fondo de la cuestión.

Recientemente, el economista Juan Torres había publicado un artículo en la web de El País titulado Alemania contra Europa. Como ya sucedió hace un mes con otro artículo de Miguel Ángel Aguilar, ha sido censurado por el citado diario. No me resisto a publicarlo aquí, de igual modo a como han hecho otros blogueros. Se puede estar o no de acuerdo con sus ideas, opiniones o críticas, pero nos parece necio ejercer la censura a esta alturas del numerito que está montado en la Unión Europea.




ALEMANIA CONTRA EUROPA
Juan Torres


"Es muy significativo que habitualmente se hable de “castigo” para referirse a las medidas que Merkel y sus ministros imponen a los países más afectados por la crisis. 

Dicen a sus compatriotas que tienen que castigar nuestra irresponsabilidad para que nuestro despilfarro y nuestras deudas no los paguen ahora los alemanes. Pero el razonamiento es falso pues los irresponsables no han sido los pueblos a los que Merkel se empeña en castigar sino los bancos alemanes a quienes protege y los de otros países a los que prestaron, ellos sí con irresponsabilidad, para obtener ganancias multimillonarias. 

Los grandes grupos económicos europeos consiguieron establecer un modelo de unión monetaria muy imperfecto y asimétrico que enseguida reprodujo y agrandó las desigualdades originales entre las economías que la integraban. Además, gracias a su enorme capacidad inversora y al gran poder de sus gobiernos las grandes compañías del norte lograron quedarse con gran cantidad de empresas e incluso sectores enteros de los países de la periferia, como España. Eso provocó grandes déficits comerciales en éstos últimos y superávit sobre todo en Alemania y en menor medida en otros países. 




Paralelamente, las políticas de los sucesivos gobiernos alemanes concentraron aún más la renta en la cima de la pirámide social, lo que aumentó su ya alto nivel de ahorro. De 1998 a 2008 la riqueza del 10% más rico de Alemania pasó del 45% al 53% del total, la del 40% siguiente del 46% al 40% y la del 50% más pobre del 4% al 1%. 

Esas circunstancias pusieron a disposición de los bancos alemanes ingentes cantidades de dinero. Pero en lugar de dedicarlo a mejorar el mercado interno alemán y la situación de los niveles de renta más bajos, lo usaron (unos 704.000 millones de euros hasta 2009, según el Banco Internacional de Pagos) para financiar la deuda de los bancos irlandeses, la burbuja inmobiliaria española, el endeudamiento de las empresas griegas o para especular, lo que hizo que la deuda privada en la periferia europea se disparase y que los bancos alemanes se cargaran de activos tóxicos (900.000 millones de euros en 2009) 




Al estallar la crisis se resintieron gravemente pero consiguieron que su insolvencia, en lugar de manifestarse como el resultado de su gran imprudencia e irresponsabilidad (a la que nunca se refiere Merkel), se presentara como el resultado del despilfarro y de la deuda pública de los países donde estaban los bancos a quienes habían prestado. Los alemanes retiraron rápidamente su dinero de estos países, pero la deuda quedaba en los balances de los bancos deudores. Merkel se erigió en la defensora de los banqueros alemanes y para ayudarles puso en marcha dos estrategias. Una, los rescates, que vendieron como si estuvieran dirigidos a salvar a los países, pero que en realidad consisten en dar a los gobiernos dinero en préstamos que pagan los pueblos para traspasarlo a los bancos nacionales para que éstos se recuperen cuanto antes y paguen enseguida a los alemanes. Otra, impedir que el BCE cortase de raíz los ataques especulativos contra la deuda de la periferia para que al subir las primas de riesgo de los demás bajara el coste con que se financia Alemania. 




Merkel, como Hitler, ha declarado la guerra al resto de Europa, ahora para garantizarse su espacio vital económico. Nos castiga para proteger a sus grandes empresas y bancos y también para ocultar ante su electorado la vergüenza de un modelo que ha hecho que el nivel de pobreza en su país sea el más alto de los últimos 20 años, que el 25% de sus empleados gane menos de 9,15 euros/hora, o que a la mitad de su población le corresponda, como he dicho, un miserable 1% de toda la riqueza nacional. 

La tragedia es la enorme connivencia entre los intereses financieros paneuropeos que dominan a nuestros gobiernos, y que estos, en lugar de defendernos con patriotismo y dignidad, nos traicionen para actuar como meras comparsas de Merkel."


Recomiendo la explicación que Juan Torres expone al respecto en su blog:

http://juantorreslopez.com/impertinencias/sobre-la-retirada-de-mi-articulo-alemania-contra-europa-de-la-web-de-el-pais/


(Juan Torres López)


* La imagen de cabecera es de John Heartfield.
* Las tres que hay a continuación son de DGTLK   http://www.dgtlk.net/index.html


lunes, 25 de marzo de 2013

Las malas cuentas del Gran Capital




Las famosas cuentas del Gran Capitán se ponen como ejemplo de hipérbole, esa figura literaria retórica que proporciona una visión exagerada y desfigurada de las cosas. Las guerras y la paz que siempre anda preparándose para la guerra (el permanente armamentismo de los Estados) exigen siempre grandes inversiones económicas que, a su vez, pueden ser despilfarro, bien bajo la forma de material obsoleto o de material destrozado por el enemigo. Las campañas militares que el llamado Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, realizó con éxito para los Reyes Católicos tuvieron su coste correspondiene y es de suponer que elevado, teniendo en cuenta los propósitos de conquista de la realeza. La tesorería de la Corona proporcionaba ingentes cantidades pero también las controlaba, por lo que era lógico que  pidieran cuentas de los gastos. Pero parece ser que al caudillo militar le cayó mal que lo hicieran. La Corona le dirigió en 1506 el siguiente


 Cargo 

"Ciento treinta mil ducados remitidos por primera partida.
Ochenta mil pesos por la segunda.
Tres millones de escudos por la tercera.
Once millones de escudos por la cuarta. 
Trece millones de escudos por la quinta." 

Con una altanería que supongo que le granjearía divergencia con los reyes, el Gran Capitán remitió a la Corona este otro 

 Descargo

"Doscientos mil setecientos treinta y seis ducados y nueve reales en frailes, monjas y pobres para qué rogasen a Dios por la prosperidad de las Armas Españolas. 
Cien millones en palas, picos y azadones.
Cien mil ducados en pólvora y balas.
Diez mil ducados en guantes perfumados para preservar a las tropas del mal olor de los cadáveres de los enemigos tendidos en el campo de batalla. 
Ciento setenta mil ducados en poner y renovar campanas, destruidas con el uso continuo de repicar todos los días por nuevas victorias conseguidas sobre el enemigo. 
Cincuenta mil ducados en aguardiente para la tropa en un día de combate. 
Millón y medio de ídem para mantener prisioneros y heridos. 
Un millón en misas de gracias y Te Deum al Todopoderoso. 
Tres millones en sufragios para los muertos. 
Setecientos mil cuatrocientos noventa y cuatro ducados en espías, y... 
Cien millones por mi paciencia en escuchar ayer que el rey pedía cuentas al que le ha regalado un reino." 




La verdad es que esta bufonada no tiene precio en el planeta del humor. Es descabellada y a la vez jocosa. Parecería lejana si no tuviéramos a mano la actualidad de un país tan esperpéntico donde ya no se sabe qué es verdad y qué mentira. ¿Citamos algunos ejemplos de todos conocidos? Cajas de ahorros quebradas, que mantenían por otra parte sumas fabulosas en sueldos de sus directivos además de una gestión dudosa, víctimas de una política crediticia a troche y moche cuando el boom de la construcción ofrecía una expansión ilimitada a todos los sectores involucrados. Bancos con cantidades de bienes inmuebles que no dan salida y que son insuflados de recursos por el gobierno, compensando así sus problemas de liquidez. 




Comunidades autónomas en difícil equilibrio y cuya quiebra sería una caída dominó sobre otras. Municipios sin recursos, donde el despilfarro, la ostentación y gestiones deficitarias han estado a la orden del día. Tramas de corruptos vinculados al partido que gobierna y algún personaje que otro que se ha aprovechado de su imbricación en la Casa Real, cuyos tentáculos para sacar provecho y ganancias millonarias han estado extendidas por muchos territorios. Presidentes y vicepresidentes de la gran patronal CEOE con comportamiento delictivo y que nos decían a los demás cómo debíamos comportarnos para sanear el país (aquí, risas) El fraude fiscal de las grandes fortunas y sus evasiones de divisas. Obras públicas faraónicas,  infrautilizadas u obsoletas en origen, hijas de una mentalidad provinciana por aquello de que todos queríamos tener de todo. 




Para qué nombrar más, si todos estamos al tanto y los telediarios y los periódicos se hacen eco sobrado de esa práctica alocada de las últimas décadas. Si España no estuviera en la UE es probable que todos esos sectores del Gran Capital se justificaran al estilo del Gran Capitán, en plan despreciativo y altanero, y costeándose su vida a cuenta de los humildes. Pero el marcaje durísimo de ese Gran Poder cuya configuración se está cerrando en Europa no entiende ni de pasados, ni de favores, ni de quiebras. Lo quiere todo, todo y todo, nuevecito, limpio y recuperado porque el Nuevo Orden Mundial lo exige. Por supuesto, con muertos y heridos en esta batalla entre riqueza y pobreza que aquí va llegando día tras día. Grecia y Chipre han sido torpedeados y humillados y está por ver donde para la ofensiva. 




Lo hiperbólico español reside en todos los castillos en el aire que el dinero fácil y abundante ha estado levantándose durante años para beneficio de una minoría. Mientras, el modelo productivo español anda a la deriva. ¿Nos espera un futuro de subsidiarios de las potencias europeas? De momento, figuras como la del buen hombre superviviente que cierra este artículo, vendiendo de tal guisa pero con obvia nobleza regaliz de palo por la calle, puede empezar a ser algo habitual y no solo paradigmático. Y cada día más extendido.





* Las fotografías en blanco y negro son obra de Misha Gordin.  http://www.bsimple.com/

* La última fotografía está toma del blog http://letrasdenada.blogspot.com.es/