hoy es siempre todavía

jueves, 1 de noviembre de 2012

Modas nuevas versus leyendas viejas





En verano, también recogíamos calabazas en nuestra infancia  -y no solo de las asignaturas- , las vaciábamos y hacíamos con ellas caras. Después, con una vela en su interior, las colocábamos en alguna ventana con la casi siempre vana pretensión de asustar a algún incauto. No recuerdo que aquella travesura tuviera nada que ver con modas del otro lado del Océano, entre otras cosas porque la palabra América sonaba más a emigración que a influencias. Muchos años más tarde supimos que aquello de las calabazas también era una costumbre de diversión entre los niños norteamericanos, lo cual me hizo abrir los ojos y pensar: qué grande es el mundo y cómo coincidimos tantos en nuestros juegos.

Pero mira por donde, de hace unos años a esta parte, precedidas por las series y películas de televisión que nos hablan de las fiestas, costumbres y rituales de los USA, ha ido prendiendo en un sector de la sociedad española la parafernalia de Halloween. Auspiciado por el comercio de disfraces, los bazares chinos y de ese holding todopoderoso de los bares, parece que va sembrando eco en algunos colegios, discotecas y bares. En cualquier momento nos vemos celebrando el Día de Acción de Gracias (aunque aquí no sepamos qué gracias dar a causa de los malos tiempos que se imponen) o la Fiesta del 4 de Julio (a lo mejor había que celebrarla como una Fiesta de la Independencia, ahora que nuestra Independencia, la de una Democracia que deberá consolidarse y avanzar, se halla en quiebra)

Como ni los años me piden ir de fiesta en esta fecha, ni tiendo a aceptar por las buenas la moda de ocio importada, sobre todo si media comercio y negocio de por medio, yo ignoro el Halloween. Sin embargo, no sé si por asociación de ideas, me ha venido a la mente un relato breve de Gustavo Adolfo Bécquer. Una de sus leyendas que, encajonadas como género romántico (¿por qué no rescatarlas y nombrarlas, siquiera para que vuelvan a tener aceptación, como narraciones góticas?), siempre me hizo sentir escalofríos ya que no es un mero relato de horror. Es un cuadro. Sabido es que Valeriano, el hermano de Gustavo, era pintor y que el mismo poeta, no obstante dedicarse a escribir, tenía una amplia visión pictórica. El Monte de las Ánimas reúne, pues, pinceladas históricas, de acercamiento amoroso y de supersticiones de la tradición popular. El que no conozca esta leyenda que la disfrute. El que hace tiempo que no la lee que repase. 





EL MONTE DE LAS ÁNIMAS
(Leyenda soriana)

Gustavo Adolfo Bécquer



La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria. 

Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice. 

Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche. 

Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.

 I




 -Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se reúnan los cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos los Santos y estamos en el Monte de las Ánimas. 

-¡Tan pronto! 

-A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero hoy es imposible. Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte. 

-¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme? 

-No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa historia. 

Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos; los condes de Borges y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos siguieron a sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían la comitiva a bastante distancia. 

Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida historia: 

-Ese monte que hoy llaman de las Ánimas, pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a sus nobles de Castilla; que así hubieran solos sabido defenderla como solos la conquistaron.

Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos. 

Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres, los lobos a quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse. 

Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche.

La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos jóvenes llegaban al extremo del puente que da paso a la ciudad por aquel lado. Allí esperaron al resto de la comitiva, la cual, después de incorporárseles los dos jinetes, se perdió por entre las estrechas y oscuras calles de Soria. 

 II 



Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica del palacio de los condes de Alcudiel despedía un vivo resplandor iluminando algunos grupos de damas y caballeros que alrededor de la lumbre conversaban familiarmente, y el viento azotaba los emplomados vidrios de las ojivas del salón. 

Solo dos personas parecían ajenas a la conversación general: Beatriz y Alonso: Beatriz seguía con los ojos, absorta en un vago pensamiento, los caprichos de la llama. Alonso miraba el reflejo de la hoguera chispear en las azules pupilas de Beatriz. 

Ambos guardaban hacía rato un profundo silencio. 

Las dueñas referían, a propósito de la noche de difuntos, cuentos tenebrosos en que los espectros y los aparecidos representaban el principal papel; y las campanas de las iglesias de Soria doblaban a lo lejos con un tañido monótono y triste. 

-Hermosa prima -exclamó al fin Alonso rompiendo el largo silencio en que se encontraban-; pronto vamos a separarnos tal vez para siempre; las áridas llanuras de Castilla, sus costumbres toscas y guerreras, sus hábitos sencillos y patriarcales sé que no te gustan; te he oído suspirar varias veces, acaso por algún galán de tu lejano señorío. 

Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia; todo un carácter de mujer se reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados labios. 

-Tal vez por la pompa de la corte francesa; donde hasta aquí has vivido -se apresuró a añadir el joven-. De un modo o de otro, presiento que no tardaré en perderte... Al separarnos, quisiera que llevases una memoria mía... ¿Te acuerdas cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto la salud que viniste a buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi gorra cautivó tu atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre tu oscura cabellera! Ya ha prendido el de una desposada; mi padre se lo regaló a la que me dio el ser, y ella lo llevó al altar... ¿Lo quieres?

-No sé en el tuyo -contestó la hermosa-, pero en mi país una prenda recibida compromete una voluntad. Sólo en un día de ceremonia debe aceptarse un presente de manos de un deudo... que aún puede ir a Roma sin volver con las manos vacías. 

El acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó un momento al joven, que después de serenarse dijo con tristeza: 

-Lo sé prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y el tuyo ante todos; hoy es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar el mío? 

Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la mano para tomar la joya, sin añadir una palabra.

Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y volvióse a oír la cascada voz de las viejas que hablaban de brujas y de trasgos y el zumbido del aire que hacía crujir los vidrios de las ojivas, y el triste monótono doblar de las campanas.




Al cabo de algunos minutos, el interrumpido diálogo tornó a anudarse de este modo: 

-Y antes de que concluya el día de Todos los Santos, en que así como el tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo, ¿no lo harás? -dijo él clavando una mirada en la de su prima, que brilló como un relámpago, iluminada por un pensamiento diabólico.

-¿Por qué no? -exclamó ésta llevándose la mano al hombro derecho como para buscar alguna cosa entre las pliegues de su ancha manga de terciopelo bordado de oro... Después, con una infantil expresión de sentimiento, añadió: 

-¿Te acuerdas de la banda azul que llevé hoy a la cacería, y que por no sé qué emblema de su color me dijiste que era la divisa de tu alma? 

-Sí.
-Pues... ¡se ha perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela como un recuerdo. 

-¡Se ha perdido!, ¿y dónde? -preguntó Alonso incorporándose de su asiento y con una indescriptible expresión de temor y esperanza. 

-No sé.... en el monte acaso. 

-¡En el Monte de las Ánimas -murmuró palideciendo y dejándose caer sobre el sitial-; en el Monte de las Ánimas! 

Luego prosiguió con voz entrecortada y sorda: 

-Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces; en la ciudad, en toda Castilla, me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar mis fuerzas en los combates, como mis ascendentes, he llevado a esta diversión, imagen de la guerra, todos los bríos de mi juventud, todo el ardor, hereditario en mi raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras que he muerto por mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres; y he combatido con ellas de día y de noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y nadie dirá que me ha visto huir del peligro en ninguna ocasión. Otra noche volaría por esa banda, y volaría gozoso como a una fiesta; y, sin embargo, esta noche... esta noche. ¿A qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte comenzarán ahora a levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas que cubren sus fosas... ¡las ánimas!, cuya sola vista puede helar de horror la sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento sin que se sepa adónde.




Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó en los labios de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó con un tono indiferente y mientras atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la leña, arrojando chispas de mil colores: 

-¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por semejante friolera! ¡Una noche tan oscura, noche de difuntos, y cuajado el camino de lobos!

Al decir esta última frase, la recargó de un modo tan especial, que Alonso no pudo menos de comprender toda su amarga ironía, movido como por un resorte se puso de pie, se pasó la mano por la frente, como para arrancarse el miedo que estaba en su cabeza y no en su corazón, y con voz firme exclamó, dirigiéndose a la hermosa, que estaba aún inclinada sobre el hogar entreteniéndose en revolver el fuego: 

-Adiós Beatriz, adiós... Hasta pronto. 

-¡Alonso! ¡Alonso! -dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero cuando quiso o aparentó querer detenerle, el joven había desaparecido.

A los pocos minutos se oyó el rumor de un caballo que se alejaba al galope. La hermosa, con una radiante expresión de orgullo satisfecho que coloreó sus mejillas, prestó atento oído a aquel rumor que se debilitaba, que se perdía, que se desvaneció por último. 

Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas aparecidas; el aire zumbaba en los vidrios del balcón y las campanas de la ciudad doblaban a lo lejos.

III



Había pasado una hora, dos, tres; la media noche estaba a punto de sonar, y Beatriz se retiró a su oratorio. Alonso no volvía, no volvía, cuando en menos de una hora pudiera haberlo hecho. 

-¡Habrá tenido miedo! -exclamó la joven cerrando su libro de oraciones y encaminándose a su lecho, después de haber intentado inútilmente murmurar algunos de los rezos que la iglesia consagra en el día de difuntos a los que ya no existen. 

Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas de seda, se durmió; se durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso. 

Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños las vibraciones de la campana, lentas, sordas, tristísimas, y entreabrió los ojos. Creía haber oído a par de ellas pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, y por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana. 

-Será el viento -dijo; y poniéndose la mano sobre el corazón, procuró tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más violencia. Las puertas de alerce del oratorio habían crujido sobre sus goznes, con un chirrido agudo prolongado y estridente.

Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban paso a su habitación iban sonando por su orden, éstas con un ruido sordo y grave, aquéllas con un lamento largo y crispador. Después silencio, un silencio lleno de rumores extraños, el silencio de la media noche, con un murmullo monótono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sienten, estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se ve y cuya aproximación se nota no obstante en la oscuridad.

Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las cortinillas y escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la frente, tornaba a escuchar: nada, silencio. 

Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como bultos que se movían en todas direcciones; y cuando dilatándolas las fijaba en un punto, nada, oscuridad, las sombras impenetrables. 

-¡Bah! -exclamó, volviendo a recostar su hermosa cabeza sobre la almohada de raso azul del lecho-; ¿soy yo tan miedosa como esas pobres gentes, cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura, al oír una conseja de aparecidos? 

Y cerrando los ojos intentó dormir...; pero en vano había hecho un esfuerzo sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse más pálida, más inquieta, más aterrada. Ya no era una ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta habían rozado al separarse, y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz lanzó un grito agudo, y arrebujándose en la ropa que la cubría, escondió la cabeza y contuvo el aliento.

El aire azotaba los vidrios del balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía con un rumor eterno y monótono; los ladridos de los perros se dilataban en las ráfagas del aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, otras distantes, doblan tristemente por las ánimas de los difuntos. 

Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora: vuelta de su temor, entreabrió los ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de seda del lecho, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez mortal descoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio había visto sangrienta y desgarrada la banda azul que perdiera en el monte, la banda azul que fue a buscar Alonso.

Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la muerte del primogénito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido devorado por los lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, la encontraron inmóvil, crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho, desencajados los ojos, entreabierta la boca; blancos los labios, rígidos los miembros, muerta; ¡muerta de horror!




 IV

Dicen que después de acaecido este suceso, un cazador extraviado que pasó la noche de difuntos sin poder salir del Monte de las Ánimas, y que al otro día, antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas horribles. Entre otras, asegura que vio a los esqueletos de los antiguos templarios y de los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de la oración con un estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas de corceles, perseguir como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y desmelenada, que con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de horror, daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.




* Las ilustraciones son creación del artista valenciano Manuel Boix, tomadas de su blog
 http://www.manuelboix.com/

* El texto de la leyenda de Bécquer está tomado de la web Ciudad Seva http://www.ciudadseva.com/




domingo, 21 de octubre de 2012

Castelao vive más allá de su tiempo



En 1931 -año ilusionante de la historia de España como pocos- apareció en Madrid “Nos”, la obra de Alfonso Castelao. Se trata de un libro compuesto por medio centenar de dibujos, realizados en la segunda década del siglo XX, todos ellos verdadera sintaxis de la tradicional y maldita realidad de Galicia. “Con estos dibujos -decía Castelao en la presentación de la obra- intento inquietar a todos los licenciados de la Universidad (amas de cría del caciquismo), a todos los hombres que vivían del favor oficial”. Si consiguió o no este objetivo lo habrá dicho de diferentes maneras la historia. Lo que es obvio es que estos dibujos son un referente crítico, además de etnológico y social, que indudablemente siguen inquietando, desasosegando y haciendo que nos preguntemos si aquella triste realidad secular desapareció o se ha engendrado bajo nuevas formas de alienación, pobreza y marginación.


Non soñan máis que cando durmen

Sigue diciendo el gran Castelao: “Las intenciones eran nobles y el pesimismo aparente. Cierto que la tristeza de estos dibujos quema como un rayo de sol que atraviesa el cristal de una lupa; pero no quise cantar la alegría de nuestras fiestas ni la abundancia de las bodas, sino las tremendas angustias de la gente labriega y marinera”. Ya aclara el autor lo que expone. Una amplia galería de personajes de la soledad y del abandono, de situaciones de la condición pobre de los campesinos, del yugo del caciquismo y la clerecía que los apoyaba, de la situación de la enseñanza y del escepticismo de las nuevas generaciones, de la terrible decisión del emigrante o del fatal desenlace de la muerte para quien ha fracasado en vida.

- Decías que eras probe e tiñas unha vaca, eh?


Los dibujos de Castelao no estarían completos sin los comentarios en gallego a pie de lámina. En la mejor tradición de los caprichos o de los desastres goyescos, Castelao no le va a la zaga a don Francisco en cuanto a intención, ironía y calidad lineal. Diríase que toda la modernidad expresiva ha bebido de Goya. Pero solo los que han sentido los males y las maldiciones de la intrahistoria española han bebido dos o más veces hasta apurar la hez del vaso del tormento. Los comentarios apoyan, pues, y ratifican la intención gráfica, bien con una leve ironía, bien con sarcasmo, en forma de mera constatación, de amarga sentencia o de saludable profecía. Y los dibujos mostrados en el libro van desde unos trazos simples a unas elaboraciones figurativas más complejas y detalladas. Genial plumín de Castelao, siempre a caballo entre las imágenes y las letras.


- ¡Non me fan xusticia, Señor!


Es probable que si Alfonso Castelao supiera de los resultados electorales de hoy en su Galicia sufriente considerara que subsisten muchos de los problemas hasta ahora irresolubles, sobre todo de tipo cultural, del criterio político, de la persistencia clientelista y de un ámbito de comportamiento resignado de un sector de la población gallega. Si se añaden a los tradicionales la actual crisis productiva y económica en general seguramente Castelao actualizaría una nueva carpeta de "Nos" para actualizar y dejar constancia de su padecimiento moral. Por cierto, ¿no es paradigmática la imagen de la muerte alzando la vida con que se abre esta entrada? Sigue en vigor la necesidad de seguir adelante, no obstante las adversidades. En representaciones como ésa es cuando se comprueba la cualidad clarividente de un pensador que utiliza las herramientas del dibujo o de la pintura.


 
Deixa raices na Terra. Volverá.



Os esclavos do fisco


A felicidade







viernes, 28 de septiembre de 2012

La masa silenciosa, según el ínclito





En un alarde de extrema sensibilidad y afán de convivencia, como es su inveterada y desapacible costumbre, y al revés te lo digo para que me entiendas, el ínclito presidente del gobierno español se permitió invocar el miércoles desde Nueva York a la mayoría silenciosa de la sociedad española. Mi reconocimiento a la mayoría de los españoles que no se manifiesta, que no sale en las portadas de prensa y que no abre los telediarios, dijo textualmente. Con ello parece que oponía y enfrentaba al resto de la sociedad con los miles de manifestantes que el día 25 se concentraban en una protesta pacífica y activa en las proximidades del Congreso de los Diputados. Conocida y bien vista  -hasta por esa mayoría silenciosa-  fue la acción represiva del Gobierno, con la consiguiente secuela de heridos y detenidos. Posteriormente, tanto desde el gobierno como desde su partido, llegaron los intentos de desacreditar la protesta, culpabilizar a los manifestantes y desfigurar los mensajes de los reunidos. 





Pero en estos tiempos corren puñados de vídeos, imágenes de televisión y fotografías que hablan más que mil demagogias y falsedades. El señor presidente, ese mismo del puro y las bocanadas de humo y felicidad, se paseaba el mismo día de escándalo nacional por Wall Street en su peregrinación jacobea hacia el sagrado Templo del Dinero y la Cotización Bursátil Mundial. No sé si antes o después de haber dado lecciones de estrategia internacional y directrices para la paz entre los pueblos en la corte de la ONU. Por cierto, tanta comicidad cínica tuvo un puntito: cierto periodista norteamericano le preguntó cómo calificaría la situación política que está viviendo España. Su respuesta fue: fascinante. Desde luego, ¿qué cabe esperar de un personaje que despilfarra el lenguaje o lo utiliza para desfigurar la realidad?

De todo lo que ha salido en los medios estos días me ha parecido sumamente ingenioso y expresivo este artículo de ficción que sale en el medio digital eldiario. es ( http://www.eldiario.es/ ) Lo copio y pego para mayor difusión del mismo.





LA MAYORÍA SILENCIOSA 
(entrevista exclusiva) 

por SinsentidoComún


Nos encontramos con “La Mayoría (o Masa) Silenciosa” en un local cualquiera de una calle cualquiera de una ciudad cualquiera de un universo paralelo cualquiera. La “Masa Silenciosa” parece llevar rato sentada cuando el equipo de Sinsentido Común entra en el local desértico donde hemos quedado. Nos espera tomando un vaso de agua y tomando apuntes invisibles en unas cuartillas completamente en blanco.


Sinsentido Común: Perdona, llegamos tarde. Es que llevamos una semanita...

(La “Masa Silenciosa” sonríe, o eso parece)

Sinsentido Común: ¿Qué tal?
Masa Silenciosa: Bueno... No sé.
Sinsentido Común: ¿Qué te pasa?
Masa Silenciosa: Nada, no. Soy así. Tengo un poco de frío, si acaso.

(La “Masa Silenciosa” sonríe seriamente)

Sinsentido Común: El Presidente del gobierno ha hablado de ti en su viaje a Nueva York. Ha alabado tus virtudes.
Masa Silenciosa: ¿Si? No sé. No estaba escuchando. Me disperso a veces.
Sinsentido Común: ¿Qué estabas haciendo?
Masa Silenciosa: Nada.

(Lo dice con orgullo, mirando al infinito. Miramos hacia allá. Efectivamente, no hay nada)




Sinsentido Común: ¿Qué opinas de lo que está pasando?
Masa Silenciosa: ¿Dónde?
Sinsentido Común: En España.
Masa Silenciosa: No sé, ¿pasa algo?
Sinsentido Común: Bueno, precisamente el presidente ha valorado muy positivamente tu no-labor, tu savoir no-hacer, tu impecable no-presencia... En la mísimisima sede de la ONU.
Masa Silenciosa: (deletrea para sí, musitando) O-N-U.
Sinsentido Común: Dice que tú eres la única en estar a la altura de la gravedad.
Masa Silenciosa: ¿Qué altura? ¿Qué gravedad? Yo no sé nada.

(Nos quedamos mirando. Por un momento tenemos la sensación de que la “Masa Silenciosa” se disuelve en el aire)

Sinsentido Común: Oye, ¿tú votas?
Masa Silenciosa: Depende. A veces sí... Si puedo. Otras no.
Sinsentido Común: ¿Qué te motiva?
Masa Silenciosa: ¿Qué significa “motivar”?
Sinsentido Común: ¿Hay algo que te guste en especial?
Masa Silenciosa: El silencio.

(Y el Silencio vuelve a instalarse en la sala)




Sinsentido Común: ¿Qué esperas de la vida?
Masa Silenciosa: Lo que me dé.
Sinsentido Común: ¿Tienes miedo alguna vez?
Masa Silenciosa: Me molesta el ruido.
Sinsentido Común: ¿Cómo te hace sentir?
Masa Silenciosa: No sé. Mal. Me agobia un poco.
Sinsentido Común: ¿Que harías al respecto?
Masa Silenciosa: Nada. No es para tanto.
Sinsentido Común: Bueno. Pues muchas gracias.
Masa Silenciosa: ¿Por qué?
Sinsentido Común: Por tu tiempo, por la entrevista.
Masa Silenciosa: Ah, sí... Se me había olvidado. A veces olvido las cosas.



(Nos vamos hacia la puerta con sensación de desconcierto. De pronto, nos damos la vuelta y le preguntamos...)

Sinsentido Común: ¿Estás triste?

(Se encoge de hombros)

Sinsentido Común: ¿Te alegra que el presidente hable de ti?

(La Masa Silenciosa mira hacia nosotros, hay un gesto extraño en su cara. ¿Es rabia? ¿Es alegría?)

Masa Silenciosa: Hasta ahora no parecía que yo le importara mucho, ¿no?

(Le sonreímos. Creemos que nos sonríe. Salimos a la calle)




[Disclaimer: Esta entrevista es FALSA, la Masa Silenciosa también y Rajoy es, según recientes investigaciones del MIT, lo más cercano a la anti-materia que se despacha en persona. Todo es relativo. Para unos más que para otras. Y en los tiempos de la redes casi todas las personas pueden conversar en pie de igualdad menos esos entes llamados "los políticos", quienes prefieren interlocutar con el silencio. El silencio, por cierto, tampoco existe.]




* Las imágenes, salvo la última, pertenecen a las obras "Bienvenido al mundo y "Dinero", de Miguel Brievahttp://www.clismon.net/ .

* La viñeta final es de Manel Fontdevila aparecida en eldiario.eshttp://www.manelfontdevila.com/



domingo, 16 de septiembre de 2012

Acoso a la noble bestia


¿No es ésta la imagen del momento? El toro  -¿el toro de Europa? ¿el toro de España?-  sobre el que cabalga el innombrable (antes llamado proletariado, clase obrera, pueblo, ciudadanía… ahora ni se sabe) y que toda una calaña de personajes, revestidos y santificados como banqueros, brokers, industriales, comerciantes, intermediarios y políticos pijos se lanzan a domeñar a la brava. Hasta aparece Pinocho -¿una alegoría de los gobernantes mentirosos y canallas?- , pero en un bochornoso segundo plano, como corresponde a los gestores de la política, puesto que la política se ha convertido en subsidiaria de todos esos otros sectores del llamado Mercado, el verdadero dueño del orden mundial.




Así aparece la política: subsidiaria y secuestrada. O dicho de otra manera: efecto de dejación, ausencia y carencia. Dejación porque, al votar, el ciudadano entrega sus derechos  -la Democracia maltrecha se queda en ese plano formal-  para que los elegidos hagan lo que les plazca. Cheque en blanco al ser mayoría absoluta el otro innombrable, el partido del Gobierno. Ausencia porque el ciudadano aparece solo –y cada vez menos- en las demagógicas palabras de los gestores electos, nunca para pedirle opinión, sino para imponérsela. Nunca para dejarle hablar, sino para hablar en su nombre en vano. Carencia, porque lo que una gestión participativa y solidaria debería proporcionar no existe y en su lugar la sociedad civil solo recibe agresión e indefensión. No hace falta insistir, se comprueba en la propia piel: tributación impositiva desbocada, recortes de servicios a toda banda, reducción de salarios y próximamente de pensiones. Y el largo etcétera para el que todo vale, pasando fundamentalmente por cambiar las leyes anteriores o sacar otras más controladoras y abusivas contra la sociedad.




El cuadro del pintor Fran Recacha es un fresco que no tiene pérdida. Digno de figurar en la pinacoteca de la Historia -y sin entrar en aspectos de elaboración plástica- del mismo modo como Goya la explica con sus grandes lienzos sobre la ocupación napoleónica, o el cuadro de Gisbert sobre el Fusilamiento de Torrijos, o tantos otros del siglo XIX. Simbolismo del momento presente, emblema de la batalla cruel de los mercados contra los humanos, con su cohorte de financieros, políticos, especuladores, rentistas. Batalla de la que se intuye quién va a ser ganador y quién perdedor. Batalla de la que se sabe cuándo empezó pero se ignora cuándo terminará. Porque acaso esta guerra acarree otras más sangrientas. Ante el tiempo que nos toca vivir, uno no puede por menos que evocar aquellos dos versos fatídicos del Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, del gran Federico:

¡Oh blanco muro de España!
¡Oh negro toro de pena!





* Las imágenes de Fran Recacha han sido extraídas de  http://www.franrecacha.com/
* La última pertenece a la manifestación de ayer sábado en Madrid, tomada de la prensa.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Unos vídeos sobre / contra Eurovegas






Que este país es un mercado más que una sociedad (los antropólogos dirán que también es una sociedad) ya no le cabe duda a nadie. Mucho dinero oculto debe haber por ese mundo de dios para que se obstinen los promotores de Eurovegas en establecerse en España. Mucho provecho ¿particular? deben ver los cargos políticos de Cataluña o de Madrid (parece ser que la cosa se decanta más por este territorio, con la protección y el augurio de la ínclita presidenta) que ofrecen terrenos, condiciones ventajosas y vidas para que la empresa de casinos se instale. Y están emperrados en ello.

Poco que añadir por mi parte. Simplemente decir que se han dado a conocer unos vídeos realizados por las Plataformas Eurovegas NO y Aturem Eurovegas y quiero apoyar su difusión. En los mismos, de una manera concisa, clara y precisa se exponen las razones por las que no se desea su instalación. Ahí van.








Para cualquier información complementaria:

http://eurovegasno.blogspot.com.es/

http://aturemeurovegas.org/






martes, 28 de agosto de 2012

Vida de encrucijadas, que no de ínsulas




"- Sea vuestra merced servido, señor don Quijote mío, de darme el gobierno de la ínsula que en esta rigurosa pendencia se ha ganado, que, por grande que sea, yo me siento con fuerzas de saberla gobernar tal y tan bien como otro que haya gobernado ínsulas en el mundo.

A lo cual respondió don Quijote:

- Advertid hermano Sancho, que esta aventura y las a ésta semejantes no son aventuras de ínsulas, sino de encrucijadas, en las cuales no se gana otra cosa que sacar rota la cabeza, o una oreja menos."

Valga este párrafo que aparece en el capítulo X del Quijote para recordar lo que ya se va sabiendo a medida que se avanza en edad y uno no se resigna a la inercia de las injusticias, de la corrupción y de las inmoralidades. El pensador, estudioso y hombre de acción Francisco Fernández Buey, fallecido el sábado, bien sabía lo que era una vida de encrucijadas, en la que está en juego la propia. Lo sabía por su trayectoria de pensamiento, de estudio, de acción política y en su vida íntima, con el sufrimiento por la muerte de seres queridos y la propia enfermedad. Se me ha ocurrido que lo mejor es traer aquí un artículo interesante publicado hace tres años, del que recibí copia del mismo Paco en su momento. Está cofirmado con su compañero de facultad Jordi Mir. Se titula ¿Es tan malo ser antisistema?





¿ES TAN MALO SER ANTISISTEMA?
Por Francisco Fernandez Buey y Jordi Mir


"Venimos observando que, en los últimos tiempos, los medios de comunicación de todo tipo han puesto de moda el término antisistema. Lo usan por lo general en una acepción negativa, peyorativa, y casi siempre con intención despectiva o insultante. Y aplican o endosan el término, también por lo general, para calificar a personas, preferentemente jóvenes, que critican de forma radical el modo de producir, consumir y vivir que impera en nuestras sociedades, sean estos okupas, altermundialistas, independentistas, desobedientes, objetores al Proceso de Bolonia o gentes que alzan su voz y se manifiestan contra las reuniones de los que mandan en el mundo.




Aunque no lo parezca, porque enseguida nos acostumbramos a las palabrejas que se ponen de moda, la cosa es nueva o relativamente nueva. Así que habrá que decir algo para refrescar la memoria del personal. Hasta comienzos de la década de los ochenta la palabra antisistema sólo se empleaba en los medios de comunicación para calificar a grupos o personas de extrema derecha. Vino a sustituir, por así decirlo, a otra palabra muy socorrida en el lenguaje periodístico: ultra. Pero ya en esa década la noción se empleaba principalmente para hacer referencia a las posiciones del mundo de Herri Batasuna en el País Vasco. En la década siguiente, algunos periódicos a los que no les gustaba la orientación que estaba tomando Izquierda Unida ampliaron el uso de la palabra antisistema para calificar a los partidarios de Julio Anguita y la mantuvieron para referirse a la extrema derecha, a los partidarios de Le Pen, principalmente, y a la llamada izquierda abertzale. Así se mataba de un solo tiro no dos pájaros (de muy diferente plumaje, por cierto) sino tres.



Esa práctica se ha seguido manteniendo en la prensa aproximadamente hasta principios del nuevo siglo, cuando surgió el movimiento antiglobalización o altermundialista. A partir de entonces se empieza a calificar a los críticos que se manifiestan de grupos antisistema y de jóvenes antisistema. Pero la calificación no era todavía demasiado habitual en la prensa, pues el periodista de guardia de la época, Eduardo Haro Teglen, en un artículo que publicaba en El País, en 2001, aún podía escribir: “Las doctrinas policiales que engendra esta globalización que se hace interna hablan de los grupos antisistema. No parece que el intento de utilizar ese nombre haya cundido: se utilizan los de anarquismo, desarraigo, extremismo, agitadores profesionales. Pero el propio sistema tendría que segregar sus modificaciones para salvarse él si fuera realmente un sistema y no sólo una jungla, una explosión de cúmulos”.



En cualquier caso, ya ahí se estaba indicando el origen de la generalización del término: las doctrinas policiales que engendra la globalización. Desde entonces ya no ha habido manifestación en la que, después de sacudir convenientemente a una parte de los manifestantes, la policía no haya denunciado la participación en ellas de grupos antisistema para justificar su acción. Pasó en Génova y pasó en Barcelona. Y también desde entonces los medios de comunicación vienen haciéndose habitualmente eco de este vocabulario.




El reiterado uso del término antisistema empieza a ser ahora paradójico. Pues son muchas las personas, economistas, sociólogos, ecólogos y ecologistas, defensores de los derechos humanos y humanistas en general que, viendo los efectos devastadores de la crisis actual, están declarando, uno tras otro, que este sistema es malo, e incluso rematadamente malo. Académicos de prestigio, premios Nobel, algunos presidentes en sus países y no pocos altos cargos de instituciones económicas internacionales hasta hace poco tiempo han declarado recientemente que el sistema está en crisis, que no sirve, que está provocando un desastre ético o que se ha hecho insoportable. Evidentemente, también estas personas son antisistema, si por sistema se entiende, como digo, el modo actualmente predominante de producir, consumir y vivir. Algunas de estas personas han evitado mentar la bicha, incluso al hablar de sistema, pero otras lo han dicho muy claro y con todas las letras para que nadie se equivoque: se están refiriendo a que el sistema capitalista que conocemos y en el que vivimos unos y otros, los más moran o sobreviven, es malo, muy malo.



Resulta por tanto difícil de entender que, en estas condiciones y en la situación en que estamos, antisistema siga empleándose como término peyorativo. Si analizando la crisis se llega a la conclusión de que el sistema es malo y hay que cambiarlo, no se ve el motivo por el cual ser antisistema tenga que ser malo. El primer principio de la lógica elemental dice que ahí hay una incoherencia, una contradicción. Si el sistema es malo, y hasta rematadamente malo, lo lógico sería concluir que hay que ser antisistema o estar contra el sistema. Tanto desde el punto de vista de la lógica elemental como desde el punto de vista de la práctica, es indiferente que el antisistema sea premio Nobel, economista de prestigio, okupa, altermundista o estudiante crítico del Proceso de Bolonia.





Si lo que se quiere decir cuando se emplea la palabreja es que en tal acción o manifestación ha habido o hay personas que se comportan violentamente, no respetan el derecho a opinar de sus conciudadanos, impiden la libertad de expresión de los demás o atentan contra cosas que todos o casi todos consideramos valiosas, entonces hay en el diccionario otras palabras adecuadas para definir o calificar tales desmanes, sean éstos colectivos o individuales. La variedad de las palabras al respecto es grande. Y eligiendo entre ellas no sólo se haría un favor a la lengua y a la lógica sino que ganaríamos todos en precisión. Y se evitaría, de paso, tomar la parte por el todo, que es lo peor que se puede hacer cuando analizamos movimientos de protesta."




* Las ilustraciones son obra de Camino Roque. 

* En la fotografía, Francisco Fernández Buey.



jueves, 23 de agosto de 2012

Oficios de supervivencia



"Pero entre todos los modos de vivir, ¿qué me dice el lector de la trapera que con un cesto en el brazo y un instrumento en la mano recorre a la madrugada, y aun más comúnmente de noche, las calles de la capital? Es preciso observarla atentamente. La trapera marcha sola y silenciosa; su paso es incierto como el vuelo de la mariposa; semejante también a la abeja, vuela de flor en flor (permítaseme llamar así a los portales de Madrid, siquiera por figura retórica y en atención a que otros hacen peores figuras que las debieran hacer mejores). Vuela de flor en flor, como decía, sacando de cada parte sólo el jugo que necesita; repáresela de noche: indudablemente ve como las aves nocturnas; registra los más recónditos rincones, y donde pone el ojo pone el gancho, parecida en esto a muchas personas de más decente categoría que ella; su gancho es parte integrante de su persona; es, en realidad, su sexto dedo, y le sirve como la trompa al elefante; dotado de una sensibilidad y de un tacto exquisitos, palpa, desenvuelve, encuentra, y entonces, por un sentimiento simultáneo, por una relación simpática que existe entre la voluntad de la trapera y su gancho, el objeto útil, no bien es encontrado, ya está en el cesto. La trapera, por tanto, con otra educación sería un excelente periodista y un buen traductor de Scribe; su clase de talento es la misma: buscar, husmear, hacer propio lo hallado; solamente mal aplicado: he ahí la diferencia."




No es tan antiguo el personaje de la trapera, del que habla Mariano José de Larra en 1835 en un artículo titulado Modos de vivir que no dan de vivir. Yo lo he llegado a conocer aún, versión masculina, en la época de la autarquía económica del franquismo. Proclamaban su oficio por las calles, cuando aún el consumo era elemental y la ropa se heredaba entre hermanos y los muebles tenían que durar toda la vida. Sin embargo siempre había algo que se quedaba definitivamente viejo y estropeado: una mesa, unas sillas, un brasero, un abrigo apolillado. Tras la imagen lejana de la trapera se adivinan los husmeadores de contenedores de basura de nuestros días. No tanto un oficio de vivir que no da de vivir como un modo de supervivencia cotidiano. Lo que hace un lustro parecía ejercicio de los sin techo o de gitanos venidos del Este es ahora práctica ordinaria entre ciudadanos autóctonos de toda la vida, que actúan, eso sí, con mayor o menor discreción y que no rebajan su porte en el vestir o la manera en aproximarse a los puntos de basura.




Aquella frasecita que siempre me ronda: lo increíble es que nos ocurra a nosotros ya nos ocurre. El otro día me quedé paralizado cuando vi levantar las tapas de contenedores, a pleno día, a un antiguo compañero de colegio, dibujante excelente de la clase al que, probablemente, no le ha sonreído la vida. Es posible que una parte de de estos buscadores de desechos actuales busquen y rebusquen para vender de segunda mano o como chatarra, tras una selección, los objetos de los que hemos decidido prescindir en nuestras casas. Pero otro sector, más mayoritario, busca diariamente a la puerta de supermercados alimentos con envases rotos, lácteos con fechas próximas de caducidad, fruta que no va a llegar bien al día siguiente… Leo por algún sitio, para más inri, que en algunas ciudades encima las autoridades multan a los que persiguen esa comida. Naturalmente, la contradicción añadida reside en que los hogares españoles no aprovechan al cien por cien los alimentos u otros objetos domésticos. Se despilfarra en gastos superfluos, se desperdician alimentos, se compran objetos innecesarios o se multiplican los que ya se tienen y aún están en buen uso, Se consume en exceso, en fin, mientras otros humanos se matan por cubrir necesidades perentorias. Pero el límite de ese sobreconsumo está ahí ya, y los recortes que imponen desde arriba están llegando a los bolsillos. 



Yo creo que el problema, tal como va la situación del país y el extremado número de desempleados (casi seis millones) sólo está en una fase inicial, y lo que vamos a ver por las calles y en las puertas de los centros de ayuda y beneficencia va a ser de órdago. Naturalmente, en este panorama no cuenta el número elevadísimo de ciudadanos de todas las edades que son mantenidos de puertas adentro por las pensiones del abuelo o por el sueldo de un solo miembro de la familia del que chupan el resto o por la prestación del paro, es decir, lo que se llama calladamente el colchón social. Éste es el que evita que las dificultades rompan las paredes de los hogares y estalle abiertamente una explosión colectiva. Pura biología de la sociedad, donde el Estado es deficitario y se muestra cada vez más con su rostro totalitario (¿qué otra cosa es, si no, la política de recortes y tributaria que por narices tenemos que soportar?), la gran empresa privada está a su negocio de abaratar todo lo posible sus costos a costa de los empleos y las instituciones intermedias no quieren enterarse. El reino del amor y de la justicia, vamos.




* Las fotografías en blanco y negro son obra de la norteamericana Dorothea Lange.



domingo, 19 de agosto de 2012

19 de agosto en un barranco




Setenta y seis años después, ¿quién olvida a Federico? ¿Hay aún desmemoriados que están dispuestos a ignorar el precio? ¿Hay aún ingratos que no quieren nombrarle? ¿Hay todavía analfabetos que ignoran el fermento que generaron sus palabras? ¿Hay aún impíos que no se reconocen en lo que aconteció? ¿O acaso permanecen los cobardes a los que hiere su ejemplo? ¿Hay desdichados que no reconocen su fidelidad a las fuentes de la vida? ¿Hay infelices que no saben disfrutar de su poesía? ¿Quedan ponzoñosos que son incapaces de beber la alegría de sus versos? Yo no puedo callar. Solo sé reconocerle en su obra, es verdad, y emocionarme en la ternura de sus palabras que elevan mi calidad de hombre. Elijo esta canción de Federico García Lorca, entre su extenso poemario, pues tal parece una canción. Premonitoria de su mismo final. Sólo los poetas grandes escriben sobre otros sintiendo que son ellos mismos. Y la declamo.




ALMA AUSENTE

No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.

No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.

El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y montes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.

Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca.

La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.



martes, 7 de agosto de 2012

Y sin embargo, algo parece moverse




“El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de las judías, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de las medicinas, dependen de decisiones políticas.

El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”.




Lo dijo Bertold Brecht y viene bien recuperarlo si sirve de reflexión en estos tiempos inciertos que corren en nuestro país. Y que no sabemos aún a dónde pueden llegar. Se ha edulcorado durante los últimos meses el proceso de paulatino hundimiento social (ya saben, otros le mencionan con el eufemismo de rescate y salvación), que está teniendo fuertes protestas y resistencia, con el campeonato europeo de fútbol y ahora con las Olimpíadas. La cultura romana, que fue una gran cultura de arquitectos, también lo fue de arquitectura política, y asentaron la táctica del pan y circo que tan buenos resultados les dio.

Pues bien, a propósito de juegos olímpicos, hoy nos enteramos de que sube al podio, entre los tres primeros del mundo, uno de los atletas españoles del negocio más hábiles de nuestra historia. Amancio Ortega se coloca tras el magnate mexicano Slim y tras Bill Gates. Estos son los ganadores olímpicos de verdad, los corredores de fondo con sus luces y sombras, pero con grandes beneficios en sus negocios y en sus patrimonios, y que pueden presumir de estar por encima del bien y del mal (es un decir) A falta de mejores resultados deportivos, la administración española podrá hacer ostentación del dueño de Inditex, por ejemplo. A falta de justicia y desarrollo social en la base de la pirámide, podrán ejercitar la antigua demagogia del ránking del orgullo.



Pero hoy se ha producido también otro acontecimiento, de momento minoritario, pero que en caso de cundir pueden inquietarse nuestras autoridades y muchos empresarios de las grandes cadenas de distribución. Da la sensación de haber sido una pequeña demostración de fuerza o de denuncia o simplemente un gesto montaraz, pero podría ser también el principio de una práctica que vaya a más. Jornaleros de un sindicato del campo andaluz han entrado en un centro de Mercadona en Écija y en otro de Carrefour en Arcos de la Frontera y han llenado varios carritos con alimentos de primera necesidad que a continuación han entregado en el Banco de Alimentos. Se pueden extraer algunas conclusiones. Una, la audacia y el paso adelante de grupos de gente que se convierten en una especie de Robin de los bosques. Otra, que sí que tienen que estar mal las cosas por allí abajo para dar este salto un tanto a la desesperada o de auto organización, según se vea, e ir a entregar productos a los necesitados. Otra más, que el ejemplo pudiera cundir por otras zonas del país y a ver qué pasa entonces.




Conectando con la idea de Brecht del principio encontraba una respuesta el domingo en El País Semanal del artista de la fotografía Daniel Canogar. A la pregunta "¿qué nos pasa, qué nos está pasando?" Canogar respondía: "Tenemos demasiado metida la burocratización. Hay una tendencia social a aceptar el sistema establecido, a verlo como inamovible. No se estimula el pensamiento independiente. España tiene esa cosa de extremos, una masa extremadamente borreguil, y luego, individualidades extremadamente brillantes, que las hay y de alguna forma nos salvan."

De esta manera sencilla pero irrefutable, el artista actualizaba las críticas que hace casi dos siglos ya efectuara el escritor Mariano José de Larra, por ejemplo, que ponía sagazmente el dedo en la llaga de la pereza española, uno de los grandes males de nuestra idiosincrasia, junto con el desinterés, la aceptación de lo que hay, el lema vago de ya lo harán otros y la falta de compromiso individual.



Si pensamientos y observaciones como los de Canogar se extienden, ¿quién nos dice que algo no se está moviendo en la sociedad española, con el antecedente ahora silente de toda la movida del 15M, que de momento parece brisa pero que en cualquier ocasión se puede convertir en vendaval? Ahora bien, si el vendaval tiene racionalidad, es participado por muchos hombres y mujeres del país y sabe hacia dónde debe obligar a girar la veleta acaso se saque algo positivo y renovador de esta falsa quietud y paz social que va a ser cada vez más puesta en riesgo por el huracán de las medidas de la UE y del Gobierno. Que en el fondo, no engañarse, desean no una ciudadanía sino una grey de sumisos y condescendientes. Eso sí, muy productivos y muy consumidores.





 * Las geniales ilustraciones son obra del pintor mexicano Sergio Garval