hoy es siempre todavía

martes, 25 de diciembre de 2012

Aquí, la BBC, hablando de España




"Suele decirse que nadie tiene más edad que la que representa, y ésta es una de las muchas mentiras que corren acreditadas y recibidas en el mundo con cierto agradable barniz de verdad, y que entran en el círculo de todo aquello que sin ser vero, es sin embargo ben trovato. Si una mentira pudiese probar algo, ésta probaría una verdad, a saber, que no hay nada positivo, que no hay nada tal cual es, sino tal cual parece. Por el mismo estilo podría decirse que ciertos pueblos no envejecen, porque para envejecer es preciso vivir. He aquí la razón por que siempre que yo me paro a mirar con reflexión nuestra España que Dios guarde (de sí misma sobre todo), suelo dirigirle mentalmente aquel cumplimiento tan usual entre gentes que se ven de tarde en tarde: < ¡Hombre, por usted no pasan los días!>. Por nuestra patria efectivamente no pasan días; bien es verdad que por ella no pasa nada: ella es por el contrario la que suele pasar por todo. 

...

No es esto que queramos hablar mal de España; mala ocasión escogeríamos, sobre todo cuando está casualmente en el día en que se tiñe las canas, en que se despereza y rebulle, en que da el paso adelante, en que teje la tela, y en que se levanta renqueando de la última caída. Dios nos libre de semejante intención como de un manifiesto; nuestro objetivo es retratarla, y aun si hacerla favor si cabe. Es el mal que se escapa a la observación como el agua a la presión; piensa usted cogerla por un lado, deslízase por otro; como esos calidoscopios fantasmagóricos que a cada movimiento presentan una figura distinta a la vista divertida, así nuestra patria ofrece unas veces encima unos colores y otras veces otros."






Sirva este magnífico texto de Mariano José de Larra no solo para comprobar la agudeza visual de Larra sobre el país que le tocaba vivir (el texto es de 1834 y pertenece a un artículo titulado de modo harto sorprendente Ventaja de las cosas a medio hacer) sino para comprobar que, aun habiendo llovido tanto en materia de chuzos de punta desde hace casi ciento ochenta años, sigue habiendo un funcionamiento fatídico del país, un arraigo de viejos vicios y delitos, un escaso avance cultural y un deficiente progreso democrático que  mereciera de tal concepto en el concierto de las demás sociedades.

Reflexionemos sobre el artículo del gran analista madrileño, sobre cuyas letras no parecen, por desgracia, pasar el tiempo,  y reflexionemos sobre el reportaje de la BBC que cuelgo a continuación. Este reportaje emitido en Gran Bretaña hizo montar en cólera al gobierno español recientemente. Salvo contados espacios de televisión que suelen hacer balance y visionado de la situación cotidiana de España, la desinformación amenaza en casa como en las peores épocas históricas. Esperemos que no haya que volver a recurrir a la BBC, a la RTF o al recuerdo memorable de La Pirenaica, para tener perspectivas de conjunto.







sábado, 24 de noviembre de 2012

Una lección de Historia sobre Cataluña y España. Entrevista al historiador Josep Fontana, realizada por Enric González





En el blog  http://www.jotdown.es/2012/11/josep-fontana-y-enric-gonzalez-o-que-ocurre-en-cataluna/   el periodista Enric González entrevista al historiador Josep Fontana. Tanto por la calidad de las preguntas como por el profundo conocimiento que el maestro Josep Fontana demuestra del tema de Cataluña y en general de la historia de España me ha parecido útil reproducir, aun sin la venia del propietario del blog citado, la siguiente entrevista. 

No obstante su extensión, recomiendo la lectura, con todas las paradas que haya que hacer para respirar. Pero los argumentos que se exponen y los elementos que circulan no son demasiado conocidos por la sociedad española que, en materia de Historia, como en muchos otros temas, sigue yendo atrasada, con el consiguiente precio de traicionarse a sí misma. A mí me ha hecho pensar y repensarme muchos de los asuntos que se tratan. No hay por qué aceptar o negar sin más todos y cada uno de los análisis y opiniones que se manifiestan, que pueden resultar más o menos sólidos, pero siempre muy provechosos. La Historia está siempre en una revisión permanente. Tema siempre abierto, obviamente, incluso más allá de las elecciones de mañana domingo en Cataluña.


Usted fue discípulo de Jaume Vicens Vives. 

Sí, entre otros.

En las próximas elecciones catalanas, ¿qué cree usted que votaría Vicens Vives? 

Es difícil saberlo. Por extracción social y por manera de pensar, la lógica dice que habría votado por CiU. Pero si hubiera vivido todos estos años habría pasado por tal cantidad de desengaños y cabreos que dudo mucho que lo tuviera claro.

(Fresco de Josep Maria Sert)


Hablando de desengaños, ¿tiene alguna cosa que ver el colapso de las alternativas revolucionarias con lo que está ocurriendo en Cataluña?

El colapso de las alternativas tiene que ver con todo. Es un factor determinante. El sistema establecido se siente seguro y tranquilo porque por primera vez desde 1789 puede dormir bien, no hay ninguna amenaza global que parezca que pueda desmontar el sistema. Sin este fracaso de quienes pensaban que era posible una alternativa es evidente que todo habría ido de manera muy diferente, especialmente la forma en que se hace el reparto de los beneficios entre unos y otros. Entre 1945 y 1975 se vive una etapa feliz en los países desarrollados, porque el reparto equitativo de los beneficios de la productividad permite mejorar los salarios, el nivel de vida y el consumo. Pero llega un momento, en 1968, que demuestra que ni en Occidente (el Mayo de París) ni en Oriente (la Primavera de Praga) existe la posibilidad de cambiar las cosas desde abajo. El mundo empresarial y financiero decide que no hace falta hacer más concesiones. Y con Ronald Reagan y Margaret Thatcher comienza la lucha contra los sindicatos; lo que Paul Krugman llama “la gran divergencia”, que sigue vigente actualmente, entre los ingresos de los de abajo y las clases medias y los ingresos del 1%, los más ricos. Esto lo determina todo.

En el caso de Cataluña se plantea un proceso… 

Lo que quiero decir es que esto determina en buena medida el proceso de lo que llamamos crisis. La crisis es un momento en un proceso más largo, que es este que llamaba de la divergencia, que comporta la destrucción de los servicios sociales y el Estado del Bienestar. Es evidente que nadie es inmune a este proceso, que, por otro lado, explica el retroceso de las izquierdas. La socialdemocracia ya se había adaptado previamente. Puede decirse que la actuación del grupo formado por Bill Clinton, Tony Blair y Felipe González tiende a favorecer el proceso. Las medidas que más propician la especulación que desemboca en la crisis de 2008 se dan durante la etapa de Clinton, cuando se anulan las leyes que impedían usar los depósitos bancarios para especular. Y a la izquierda de la socialdemocracia… quizá lo más serio que queda con cierta capacidad de movilización son los sindicatos, que en Europa aún tienen alguna importancia —aunque mucha menos que antes—, pero en Estados Unidos están casi destruidos: solo quedan los sindicatos de los trabajadores públicos, como los de profesores, que son los más perseguidos y abominados, como toda la educación pública.



(Els segadors, Josep Maria Sert)


Volviendo a Cataluña: solía decirse que el nacionalismo es de derechas. 

Estamos confundiendo cosas. En primer lugar, es difícil definir qué es eso de “nacionalismo”. Por ejemplo, en este momento hay tres planos diferentes. Por un lado, los que se manifestaron el 11 de septiembre como una respuesta popular bastante espontánea, estimulada por el malestar general ante la crisis pero que retomaban, evidentemente, un sentimiento identitario. Este sentimiento existe, no lo han creado ni la escuela ni los partidos, y está ahí desde el siglo XVIII. Una de las cosas que señala el historiador Pierre Vilar es la repetición en la historia de Cataluña de momentos en que, ante diversas circunstancias, los catalanes tienden a afirmar su identidad. Un caso concreto: cuando en 1840 se produce el primer derrumbe de las murallas de la Ciudadela [la fortaleza creada por Felipe V para dominar Barcelona tras la Guerra de Sucesión] y Espartero reacciona bombardeando la ciudad, surge un grupo de miembros de las Milicias que protestan y explican que han demolido la Ciudadela porque era una acción de la tiranía que usurpó unos terrenos que pertenecían a la gente y acaban diciendo: “Lo hemos hecho porque somos libres, porque somos catalanes.” Por lo tanto, hay un plano que es este: la existencia de un sentimiento de identidad, al cual la incomprensión por parte de la mayor parte de los estamentos dirigentes de la política española no hace más que ofender continuamente. Después está el plano del uso de todo esto de cara a unas elecciones. Este es otro plano, sin otra finalidad que conseguir la mayoría absoluta partiendo de unas afirmaciones que no se creen quienes las efectúan. Lo digo porque estos días he tenido ocasión de hablar con un dirigente importante de uno de los dos partidos [de la coalición Convergència i Unió] y acabó reconociendo que lo máximo que se podía esperar, se hiciera lo que se hiciera, era ganar algunos derechos. Pero evidentemente a las elecciones se va con un mensaje equívoco, para que los próximos cuatro años transcurran entre negociaciones sobre alguna forma de consulta con la absoluta certeza de que no se podrá ir más allá. Y un tercer plano consiste en un planteamiento serio de la opción de ir hacia la formación de un Estado [catalán], si es que eso tiene sentido en estos momentos en que, hablando de independencia, uno tiene dudas muy serias de que España sea un país independiente. Si el presidente del Gobierno español anuncia una semana y otra determinados propósitos y a la semana siguiente ha de rectificar porque así se lo mandan… ¿qué medida de independencia es esta? Dejando esto de lado, se puede partir del hecho de que existe una doctrina del derecho de autodeterminación que se supone que está escrita en las listas de derechos reconocidos por las Naciones Unidas, pero que nadie ha dejado nunca que funcionara excepto cuando les convenía. Lo ofensivo es que durante la Transición tanto el PCE como el PSOE se llenaban la boca…

(Fresco de Josep Maria Sert)


Con el “derecho a la autodeterminación de los pueblos de España”. 

Es una de las cosas más sangrantes. Habría que hablar de eso. Hace poco se publicó un libro de memorias de un exdirigente de los servicios de inteligencia donde se explicaba que, en la época en que el PSOE negociaba su legalización, Felipe González dejó claras dos cosas: que de ninguna manera permitiría un concierto económico para Cataluña, porque era algo que según él solo interesaba a la alta burguesía catalana, y que nunca toleraría un partido socialista catalán que fuera independiente del PSOE. Eso lo decía en privado mientras en público defendía el derecho de autodeterminación.

En gran medida la Transición fue eso: un juego de doble lenguaje. 

En realidad lo es habitualmente toda la política, de manera que uno se pregunta: “¿Qué debemos creernos?” Yo tengo tendencia a creer muy poco.

Si las fuerzas políticas dominantes en Cataluña creen que esto no tiene un más allá y determinadas circunstancias indican que, efectivamente, es difícil que vaya más allá, ¿no se corre el peligro de generar más frustración, tanto en la sociedad catalana como en gran parte de la sociedad española? 

Quienes más hablan saben que no hay nada que hacer, pero existe un pequeño grupo de la izquierda, con menos intereses oscuros, que sí cree. Aquellos para quien esto puede ser importante, muy especialmente CiU, son perfectamente conscientes de que tendrán que inventar una forma de negociar sobre la consulta que les dure unos cuantos años para, por un lado, resultar incómodos y presionar al Estado; y, por otro lado, conseguir alguna cosa sin dejar de aparecer como víctimas porque no se quiere atender una propuesta tan simple como la consulta. Y vivirán de esto durante una buena temporada esperando que el tiempo cambie y las cosas se presenten mejor. El ejercicio de engaño que se ha practicado con el tema de Escocia es alucinante. Esto de explicar a la gente que el Gobierno británico ha aceptado que en Escocia se haga un referéndum vinculante… es una absoluta mentira. Seguramente, si nos fijamos bien, nadie lo ha acabado de decir de manera clara y concreta, pero se ha dejado entender que era así dentro de una especie de fábula que venía a decir que tenemos que hacer lo mismo y conseguir un referéndum cuyos resultados nos permitirán negociar cómo separarnos.

(Fresco de Josep Maria Sert)


El caso de Escocia es diferente porque sigue siendo un reino distinto al de Inglaterra, aunque compartan reina

Sí, pero en estos temas los orígenes históricos son difíciles de utilizar como instrumento legitimador. La historia sirve para recordarla y se usa como conviene. No creo que este sea el problema. El problema auténtico y real es que no hay nada más que la propuesta de un referéndum, que supongo que los ingleses confían en que levante tantos miedos que quede en nada. Cuando en los últimos tiempos de la Unión Soviética, ya con Gorbachov, se planteaban cómo organizar consultas de este tipo de cara a la independencia de los países bálticos, las reglas que se querían usar exigían no solo un referéndum con una alta aprobación, sino también una aprobación por parte del resto de los ciudadanos de la Unión Soviética. Se supone que un acuerdo de este tipo tendría que ser consentido por ambos bandos. Todo ello implica un grado tal de complejidad que resulta difícil tomárselo en serio. Aparte de que si estás metido en unos sistemas como son la Unión Europea y la OTAN, los grados de independencia son más bien de escasa entidad.

¿Por qué España ha fracasado en su intento de homogeneizar nacionalmente su territorio, a diferencia de Francia, que supo hacerlo muy bien? 

Cuando se produce la anexión (cosa que ocurre después de 1714, porque hasta aquel momento el Principado era un Estado que tenía leyes propias y un sistema político diferente al de la Corona de Castilla, que funcionaba con unas Cortes que aprobaban las leyes con algo muy moderno como era una Hacienda que controlaban las instituciones y no el monarca), se hace entre sociedades que tienen grados de desarrollo diferentes.



Cataluña en aquel momento no era soberana. 

Hasta 1714 es un Estado que forma parte de una monarquía dentro de la cual la única cosa en común es el soberano.

Pero el Estado de aquella época no es el Estado como lo entendemos ahora. No, pero el país funciona como un Estado. 

No es una provincia, es un Estado que vota y tiene sus leyes. En las Cortes las leyes se votan en principio de acuerdo con el rey y con los estamentos, pero así como Castilla funciona con Reales Órdenes Pragmáticas, en Cataluña no existe eso, sino que la legislación se negocia. Además es un proceso que se ha ido democratizando y transformando en las últimas décadas del siglo XVII. En los últimos momentos de la Guerra de Sucesión los planteamientos ya son netamente republicanos. Se llega a decir que lo importante es el voto en las Cortes y que eso del rey no cuenta para nada. Otro asunto es que lo que se pretende en la guerra es extender este sistema [catalán] al conjunto del territorio español. En los momentos más duros del final de la guerra aquí se dice que se combate por España y por la libertad de todos los españoles. La evolución de Castilla hacia una forma de sociedad más avanzada fue estrangulada por la monarquía. En los siglos XVI y XVII, cuando la monarquía necesitaba dinero, Cataluña era muy poca cosa y Castilla era el lugar de donde se podía sacar dinero, de manera que mientras que allí se les apretaba y el sistema de representación por Cortes queda fosilizado, a los catalanes se les dejaba bastante tranquilos. Es decir, que cuando se produce la anexión estas sociedades ya son relativamente diferentes. Eso explica que durante todo el siglo XVIII, una sociedad catalana que está implicada en formas de comercio internacional con la exportación de aguardiente y que tiene un mercado interior complejo y articulado, desarrolla un crecimiento agrario considerable y puede iniciar la industrialización, porque funciona en un marco social diferente. Aunque ya hubiera unas leyes comunes, lo que define el funcionamiento de una sociedad no es el poder real. Por ejemplo, aquí la enfiteusis permite que las tierras sean cultivadas y da trabajo a muchos brazos, pero desde la Corona de Castilla esto se entiende tan poco que se inventa el mito de la laboriosidad de los catalanes. Comienzan a decir que los catalanes trabajan mucho. Incluso surge aquel dicho que reza: “El labriego catalán de las peñas saca pan”, cosa que demuestra que no entendían nada. Lo que sacaba no era pan, era vino. No entienden nada de lo que pasa. Hay un momento en que las condiciones que podrían haber generado un proceso de desarrollo global fallan y la industrialización solo afecta a Cataluña. Es más, hasta bien entrado el siglo XIX los políticos españoles son contrarios a la industrialización. Lo consideran un mal que genera vicios y ansias revolucionarias. Piensan que afortunadamente España es un país agrícola donde la gente es moderada, consume poco y no pide cosas extrañas, y se resignan a que la industrialización sea una cosa para Barcelona y poco más. Existe toda una literatura anticatalana durante los siglos XIX y XX, y que continúa el XXI, en la base de la cual está la absoluta imposibilidad de entender que hay una gente que realmente es distinta.

(Fresco de Josep Maria Sert)



Anecdóticamente, el nacionalismo sabiniano vasco también rechaza la industria. 

Eso es retórica. La idea anti industrializadora solo es propia de sociedades agrarias que no quieren admitir cambios sociales. Un nacionalismo puede ser perfectamente industrialista. El primer nacionalismo claro que existe en Europa seguramente es el británico. Son los primeros que en el siglo XVIII tienen un auténtico himno nacional, el Rule Britannia. Por lo tanto, la industrialización y la nación funcionan perfectamente bien juntas. No funciona cuando existen sociedades diferentes con culturas diferentes y las partes tienen dificultad para entender esas diferencias. En el siglo XIX, el historiador Joan Cortada escribe el folleto Cataluña y los catalanes en el que se esfuerza en explicar que los catalanes son diferentes, cosa que no quiere decir ni superiores ni inferiores, y que lo que quieren es convivir tranquilamente. Pero esta posibilidad es mal vista y negada, y llegamos a momentos como el actual, con un analfabetismo que permite que ABC y medios así publiquen afirmaciones como esa de Esperanza Aguirre, según la cual la nación española deriva de la Prehistoria, o que ya son 500 años de historia en común, confundiendo una unión de soberanía sobre territorios dictada por un matrimonio con la existencia de una nación. Entre la boda de Fernando e Isabel [1469] y 1714, Cataluña dispone de unas leyes, una lengua, una moneda y un sistema político propios. Incluso en la legislación castellana hay unas leyes que perduran hasta la Novísima Recopilación, un código de leyes del siglo XIX, que prohíben, por ejemplo, llevar vino cuando se cruza la frontera entre los reinos de Aragón y de Castilla con unas penas que establecen la confiscación del vino, la confiscación del carro y los caballos si hay reincidencia, y en caso de acumulación de delitos, la pena de muerte. Esto de la nación española se inventa en el siglo XIX. Y es lógico, porque “nación” es un concepto que no tiene sentido más que con un tipo de gobierno liberal parlamentario, ya que lo anterior es un poder que emana de Dios y es transmitido al soberano. La idea de nación nace cuando no hay súbditos, sino ciudadanos que se supone que son iguales. No son realmente iguales porque durante todo el siglo XIX, excepto durante la revolución de 1868, el sufragio es censatario, es decir, solo votan los que tienen dinero para votar y son muy pocos. En 1835, en las Cortes de Madrid, se afirma que lo que debe hacer España es convertirse en nación, porque hasta ese momento no lo ha sido nunca.

(Fresco de Josep Maria Sert)


¿Y por qué se fracasa? Vuelvo al caso de Francia. 

Francia ha tenido algo, la revolución, que establece unas condiciones diferentes. Una de ellas, fundamental, es que en Francia, a diferencia de lo que pasará en Inglaterra o España, los campesinos salvan una parte más grande de su propiedad. Durante todo el siglo XIX, Francia es un país de pequeños propietarios, cosa que determina cambios considerables. Por ejemplo, cuando la agricultura latifundista fracasa a finales del siglo XIX, millones de alemanes, italianos, españoles o ingleses tienen que emigrar a América. En Francia no se da esta ola migratoria, es un país diferente. Y Francia, que debía de ser una de las monarquías más heterogéneas porque en la época de Luis XIV solo una tercera parte de la población hablaba francés, hace un esfuerzo deliberado para homogeneizar con un instrumento tan importante como la escuela. Francia utiliza la escuela como un sistema de asimilación. Aquí, en el siglo XIX, la escuela pública dependía aún de los ayuntamientos y no había nada que se pareciera a un esfuerzo de escolarización. Los niveles de analfabetismo eran considerables y todo el sistema educativo sufría una pobreza miserable. Los franceses, que quizá son más conscientes que nadie del problema de las diferencias, hacen un esfuerzo muy serio para nacionalizar mientras que en España no se preocupa nadie. Aquí el problema de la diferencia de los catalanes se ve como una molestia, como una rareza, y se dice que lo que se debe hacer es pasarlos por la piedra. Esto se agudiza después de 1898, cuando se pierde Cuba. Hay textos de la época que dicen que entre las aspiraciones nacionalistas españolas no solo está la asimilación total de Cataluña, sino también la anexión de Portugal, algo que los falangistas siguieron reivindicando en la época de Franco. Estos textos decían que había que prohibir el portugués, porque no era más que un dialecto del gallego y no merecía ningún respeto. Lo único que parecen entender algunos pensadores castellanos, y no sé si es porque el suyo es un país de conquista, es la imposición.

También París impuso el francés en la parte norte de la Marca Hispánica, la Cataluña que quedó en su territorio. 

En Francia ha sido más importante la escuela que las prohibiciones.

Si nos ponemos en el lugar de una persona de Zamora, por ejemplo, podemos interpretar que las autoridades catalanas piden un pacto fiscal, es decir, hablan de dinero. Y que cuando eso se les niega pasan inmediatamente a reclamar una consulta sobre la independencia. 

Esa persona de Zamora, si no se trata de alguien con una poderosa inteligencia crítica, lleva más de dos siglos sufriendo un lavado de cerebro y escuchando: “Allí hay personas que solo quieren apoderarse del dinero de todos porque es gente avara”. Hace un tiempo leía unas memorias no publicadas de un militar castellano que, en los años de la República, se mostraba totalmente indignado porque estaba convencido de que el dinero de que disponía el Estado español se dedicaba totalmente a satisfacer las necesidades de Cataluña y el País Vasco. Y una buena parte de los ciudadanos españoles actuales creen más o menos lo mismo. Creen que existe una situación privilegiada que en realidad es una situación que deriva de pedir más que nadie y recibir más que nadie. De manera que aquí hay muchas cosas que son complicadas. Supongo que al pacto fiscal se llega por un conjunto de incidentes determinados. Pero quiero subrayar eso que se plantea el 1976, cuando se desarrollan las conversaciones entre Felipe González y el teniente coronel Casinello: González afirma que de ninguna manera admitirá un concierto económico para Cataluña. Es decir, que el sistema aceptado y lícito en el País Vasco es inaceptable en el caso catalán.

(Fresco de Josep Maria Sert)



Esa excepción vasca, ¿se debe a la tradición foral, a la presión de la violencia…? 

Se debe a diversas cosas. La primera, que el peso de la posible contribución vasca a la fiscalidad española es muy inferior al peso de la fiscalidad catalana. Es decir, que de aquello se puede prescindir, pero de esto no. Existe el argumento de que durante la guerra civil Navarra es “leal” y por lo tanto no se le quitan los privilegios, pero el País Vasco no había sido nada “leal”. Seguramente aquí también se equivocaron cuando negociaban en la Transición, pero da igual, no habrían conseguido nada porque, insisto, desde el momento fundacional no estaban dispuestos a ceder en este tema. Por lo tanto, efectivamente se puede generar la idea de que Cataluña solo va a por la “pela” y que una vez no se consigue el pacto fiscal se amenaza con la secesión.

Es que Artur Mas pasó de una cosa a otra en cuestión de días. 

Sí, pero no hace falta preocuparse demasiado porque hay más de 200 años de literatura catalanofóbica basada en malentendidos perfectamente asentados. Por ejemplo, cuando estábamos negociando con el Gobierno el tema de los papeles de Salamanca y yo formaba parte de la Comisión de Archivos (después Esperanza Aguirre me echó), había gente, como Santos Juliá, que encontraba lógico y correcto el traslado de documentos a Cataluña, y había otros, como un par de individuos, catedráticos de universidad, que boicoteaban el acuerdo. Uno de ellos me dijo: “Me opongo porque cuando a los catalanes les dan algo se lo quieren llevar todo”. Y este era un catedrático, un humanista. Da igual lo que diga Artur Mas porque harían falta siglos de pedagogía para disipar los malentendidos. Y hay muy poca predisposición por la otra parte a aceptar la diferencia. Me refiero a que en ambas partes hay imbéciles, podríamos intercambiarlos.

No me estará hablando de deportaciones mutuas. 

Hombre, si pudiéramos exportar a nuestros imbéciles para que hicieran daño en cualquier otro sitio tampoco estaría mal, pero no estoy pensando en cosas de este tipo ni en nada que se le parezca. Estoy diciendo que la comprensión mutua no es fácil. Y muy posiblemente muchas veces nosotros, los catalanes, no la hacemos fácil. En una ocasión un grupo de amigos míos propuso que me invistieran doctor honoris causa por la Universidad Autónoma de Barcelona y fui vetado por razones políticas. Unos meses más tarde me hicieron doctor honoris causa en la Universidad de Valladolid. Y no es que yo haya dado muestras de afinidad con el PP o con Ciutadans.

Ahora dejemos al señor de Zamora y pongámonos en la piel de un señor de Sant Celoni que ha sido toda la vida de izquierdas y que habla catalán, pero no tiene ganas de votar con la bandera catalana como único valor político. ¿A quién puede votar? 

En principio, en lo que queda de la izquierda no todo el mundo está planteando las cosas en esos términos. Como es lógico, yo ya he tenido suficientes decepciones. La primera de ellas fue la decepción de la Transición. A mediados de los años 50 me apunté a un partido clandestino de izquierdas, y lo hice porque los partidos tenían programas que decían cosas. Cuando llegó el momento de la Transición los partidos se olvidaron por completo de lo que habían estado prometiendo, de los principios por los que mucha gente había asumido riesgos muy graves, y pactaron por mucho menos. Yo entendía perfectamente que las circunstancias que se daban en 1976, 1977 y 1978 no permitían realizar los objetivos que planteaban aquellos programas, pero me parecía lógico y decente que mi partido siguiese defendiendo los mismos principios y luchando para que algún día, si no todos, al menos una parte de esos principios pudieran conseguirse. En cambio, se arrinconó lo esencial.

(Fresco de Josep Maria Sert)  


¿De qué partido hablamos? 

No había más que uno, el PSUC [el Partido Comunista en Cataluña], los otros eran grupitos de amigos. Uno se sintió traicionado, y eso no solo nos afectó a los del sector intelectual y catalanista, sino a una infinidad de militantes obreros. Es necesario recordar que quienes participaban en las manifestaciones del 11 de Septiembre en los últimos años del franquismo, en Sabadell y Terrassa, eran básicamente trabajadores inmigrantes, y que esa gente gritó lo de “Llibertat, amnistia i estatut d’autonomia”. Ellos también fueron traicionados. Una vez, cuando el pobre Gregorio López Raimundo [histórico dirigente del PSUC] iba ya en silla de ruedas, dije que había que distinguir muy claramente entre lo que había sido la conducta de los dirigentes y lo que había sido la conducta de los militantes. Y que la conducta de los militantes comunistas durante el franquismo merecía todo el respeto. Gregorio tuvo la habilidad de decirme que no se había molestado porque le había criticado como dirigente pero le había elogiado como militante. Dicho eso, Gregorio era de los más decentes que conocía de entre ese personal. Se puede ser perfectamente de izquierdas y ser partidario de una libertad en convivencia: libertad para ti y libertad para los otros. Por eso mismo yo ahora me niego a participar en cualquier tipo de apuesta que tenga como objetivo plantear cuestiones que en estos momentos no tienen más que una dimensión preelectoral que no me interesa. Por lo tanto, si hay que votar, se puede votar, mal que mal, a ICV [Iniciativa per Catalunya-Verds], que son relativamente moderados. No es que me provoquen entusiasmo. De la gente de la CUP [Candidatures d´Unitat Popular, independentistas], pese a ser jóvenes y seguramente honestos, me preocupa mucho que se planteen ya temas como el de los Países Catalanes. Vamos por partes, es una cuestión que a mí me causó disgustos cuando se me ocurrió decir que primero lo que se ha de hacer es preguntar a los otros. Parecía que eso era una traición. Una cosa es la identidad cultural, que efectivamente existe, y otra es lo que piensa la gente. Debemos tener en cuenta, además, que desde un punto de vista histórico, cuando hablo del desarrollo de un Estado, este proceso avanzado que ha ido creando una especie de cultura y sociedad diferentes solo estaba presente en el Principado. Un aspecto muy importante de esta cultura cuando pierde sus instituciones es el auge de las formas de asociación horizontal, un asociacionismo que genera grupos de interés. La vida política de este país hasta 1936 en buena medida se desarrolla en entidades que son clubes, centros y ateneos. Estas características se dan también en cierta medida en la Comunidad Valenciana, pero son, sobre todo, importantes en Cataluña. Insisto, hay que preguntar a los otros qué quieren.


(Fresco de Josep Maria Sert)



Hablando de consultar y preguntar, hay quien considera que la parte soberanista de Cataluña en estos momentos habla mucho y, en cambio, la parte no soberanista habla muy poco. 

La parte soberanista tiene un mensaje. La otra tiene recelos, miedos y dudas, y eso no es un mensaje, por lo tanto no invita a hablar de la misma manera que lo hace el tenerlo. Decir “Independencia” es un mensaje. Decir “Queremos ser un Estado” es un mensaje.

Decir “Amo España” es un mensaje. 

Sí, pero es un mensaje muy difícil en un contexto en el que las reticencias al nacionalismo español son considerables y justificadas. La primera vez que vi la bandera española fue el 25 de enero de 1939, cuando en la casita de Valldoreix donde estaba con mi madre entró un moro con un fusil en la mano haciéndonos abrir los armarios. A partir de entonces, para mí aquella bandera está identificada con los 40 años del franquismo. De manera que pedirme que lleve la bandera española o cosas así es obsceno.

Acotémoslo más. Ahora se plantean unas elecciones catalanas plebiscitarias en las que básicamente se formula una pregunta sobre la hipótesis soberanista. Pero hay un sector de la población catalana que tradicionalmente no vota en las elecciones autonómicas y que ahora, posiblemente, seguirá en silencio. 

Ahora estarán más desconcertados. Yo no diría que en 1975 o 1976 una actitud de desinterés fuese demasiado general ni en el “cinturón rojo” de Barcelona ni en ningún otro sitio.

Hablo de estos últimos años. 

Sí, ahora es distinto. Supongo que lo que hará una gran parte de esta gente es abstenerse, pero lo que afortunadamente no hará será votar al PP o Ciutadans. Yo siempre he creído que a votar se tiene que ir siempre, pero no para votar a favor sino para votar en contra. Se tiene que ir a votar para que el PP y esa gente no tengan más votos. Ya les votarán las monjas.

Ignorando el tema de las banderas, ¿no cree que hay muchas similitudes ideológicas entre el PP y CiU?

De entrada, con todos sus defectos, Jordi Pujol fue a la cárcel mientras Manuel Fraga encarcelaba. Es una diferencia. Digamos que en el origen hay diferencias.

Pero si hablamos de cuadros intermedios encontraremos mucha gente que medraba en el franquismo, en un lado y en el otro.

Seguro. Pero yo no recuerdo haber votado jamás a CiU, de manera que no tengo problemas. Entiendo perfectamente que un partido de derechas es un partido de derechas, que se parecen mucho el uno al otro y que ambos utilizan las banderas. No niego que puedan tener conciencia, pero normalmente utilizan las banderas para lo que les conviene. En realidad estas elecciones me parecen de una importancia minúscula. Son importantes solo por una cuestión que se ha visto ya en Galicia y en el País Vasco y que se verá aquí: la destrucción del PSOE. Es el fin del sistema político de la Transición. Aquel sistema se establece sobre la base de que el PSOE acepta ejercer como alternativa de izquierda a las fuerzas de derechas, que son las que heredan el franquismo. Este sistema ha funcionado bien bastantes años, pero ahora se ha derrumbado. La cuestión es qué pasará. Y es un problema porque se parece a lo que ocurrió durante los años 20 del siglo pasado, cuando se agotó el sistema de turnos de la Restauración entre conservadores y liberales. Entonces se aguantó unos años con una dictadura militar pero llegó un sistema nuevo con la República.


(Fresco de Josep Maria Sert)


¿Hasta qué punto las fuerzas políticas hegemónicas (en Cataluña lo ha sido CiU desde la Transición) tienen responsabilidad en este aparente desengaño? 

Hay muchos culpables. El primero es que el sistema del Estado autonómico español es una trampa que se establece sobre la base de prometer derechos que después no se conceden y se recortan o recuperan a cambio de permitir un uso descentralizado del dinero, lo que crea entusiasmo en todas partes. Es lo que ha permitido que las ciudades se rehagan, que haya teatros o equipamientos deportivos que no existirían si no hubiera habido esta descentralización del dinero. El entusiasmo dura hasta que se acaba el dinero. Entonces se ve que hay sitios, como Castilla-La Mancha, donde dicen que se cargarán la autonomía porque no sirve para nada. Desde el punto de vista de los que se lo han tomado en serio y han creído que podía ser un camino para ir consolidando derechos, es evidente que el sistema ha resultado un engaño. ¿Qué hicieron mal quienes aceptaron esto? Pujol a veces ha dicho que se equivocaron al no basarse en la reclamación de los derechos históricos, como vascos y navarros. Es una revisión que se tendrá que hacer para saber si podrían haber conseguido más cosas y en cuántas cosas se equivocaron. Evidentemente, la situación política del país depende en gran medida del cambio que provocó la crisis de 2008. La crisis de 2008 no fue, como todavía se dice, el resultado de un exceso de gasto público, porque la deuda del Estado era insignificante. Fue culpa de un enorme gasto privado especulativo hecho sin ningún control.***(matizable) Aquí sí se tendrán que depurar responsabilidades. Por lo que sea, esto no ha sido un problema en el País Vasco. Seguramente porque aquello tampoco se prestaba a burbujas inmobiliarias.

Pocos alemanes pasan allí sus veranos. 

Ni tan siquiera los vascos, que se van a veranear a Santander. En cualquier caso, resulta que estamos pagando esta deuda privada por las tonterías que se hicieron. Es verdad que como en Caja Madrid no se hicieron en ningún sitio, pero…

¡Hombre, en Caixa Catalunya tampoco eran mancos! 

También, sí, pero no creo que hicieran cosas como dar 1.000 millones de crédito a Martinsa-Fadesa, que después se esfumaron. No sé, es un proceso que debe estudiarse con mucha atención y yo no lo he hecho. Desde el punto de vista de querer saber qué pasó yo me he quedado en la Transición. El resto no lo he estudiado, y si no lo estudias ni entras a fondo…

Entonces lo dejamos para los historiadores del futuro. 

Sí, que intenten ellos explicar qué ha pasado.




Josep Fontana, miembro del Consejo Editorial de SinPermiso, es catedrático emérito de Historia y dirige el Instituto Universitario de Historia Jaume Vicens i Vives de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Maestro indiscutible de varias generaciones de historiadores y científicos sociales, investigador de prestigio internacional e introductor en el mundo editorial hispánico, entre muchas otras cosas, de la gran tradición historiográfica marxista británica contemporánea, Fontana fue una de las más emblemáticas figuras de la resistencia democrática al franquismo y es un historiador militante e incansablemente comprometido con la causa de la democracia y del socialismo. Su último libro, una soberbia historia política mundial desde el fin de la II Guerra Mundial hasta nuestros días: Por el bien del Imperio (Pasado&Presente, Barcelona, 2011).


* Las dos fotografías donde aparecen Josep Fontana y Enric González están extraídas del blog JOT DOWN, citado al principio. 

jueves, 1 de noviembre de 2012

Modas nuevas versus leyendas viejas





En verano, también recogíamos calabazas en nuestra infancia  -y no solo de las asignaturas- , las vaciábamos y hacíamos con ellas caras. Después, con una vela en su interior, las colocábamos en alguna ventana con la casi siempre vana pretensión de asustar a algún incauto. No recuerdo que aquella travesura tuviera nada que ver con modas del otro lado del Océano, entre otras cosas porque la palabra América sonaba más a emigración que a influencias. Muchos años más tarde supimos que aquello de las calabazas también era una costumbre de diversión entre los niños norteamericanos, lo cual me hizo abrir los ojos y pensar: qué grande es el mundo y cómo coincidimos tantos en nuestros juegos.

Pero mira por donde, de hace unos años a esta parte, precedidas por las series y películas de televisión que nos hablan de las fiestas, costumbres y rituales de los USA, ha ido prendiendo en un sector de la sociedad española la parafernalia de Halloween. Auspiciado por el comercio de disfraces, los bazares chinos y de ese holding todopoderoso de los bares, parece que va sembrando eco en algunos colegios, discotecas y bares. En cualquier momento nos vemos celebrando el Día de Acción de Gracias (aunque aquí no sepamos qué gracias dar a causa de los malos tiempos que se imponen) o la Fiesta del 4 de Julio (a lo mejor había que celebrarla como una Fiesta de la Independencia, ahora que nuestra Independencia, la de una Democracia que deberá consolidarse y avanzar, se halla en quiebra)

Como ni los años me piden ir de fiesta en esta fecha, ni tiendo a aceptar por las buenas la moda de ocio importada, sobre todo si media comercio y negocio de por medio, yo ignoro el Halloween. Sin embargo, no sé si por asociación de ideas, me ha venido a la mente un relato breve de Gustavo Adolfo Bécquer. Una de sus leyendas que, encajonadas como género romántico (¿por qué no rescatarlas y nombrarlas, siquiera para que vuelvan a tener aceptación, como narraciones góticas?), siempre me hizo sentir escalofríos ya que no es un mero relato de horror. Es un cuadro. Sabido es que Valeriano, el hermano de Gustavo, era pintor y que el mismo poeta, no obstante dedicarse a escribir, tenía una amplia visión pictórica. El Monte de las Ánimas reúne, pues, pinceladas históricas, de acercamiento amoroso y de supersticiones de la tradición popular. El que no conozca esta leyenda que la disfrute. El que hace tiempo que no la lee que repase. 





EL MONTE DE LAS ÁNIMAS
(Leyenda soriana)

Gustavo Adolfo Bécquer



La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria. 

Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice. 

Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche. 

Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.

 I




 -Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se reúnan los cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos los Santos y estamos en el Monte de las Ánimas. 

-¡Tan pronto! 

-A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero hoy es imposible. Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte. 

-¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme? 

-No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa historia. 

Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos; los condes de Borges y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos siguieron a sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían la comitiva a bastante distancia. 

Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida historia: 

-Ese monte que hoy llaman de las Ánimas, pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a sus nobles de Castilla; que así hubieran solos sabido defenderla como solos la conquistaron.

Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos. 

Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres, los lobos a quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse. 

Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche.

La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos jóvenes llegaban al extremo del puente que da paso a la ciudad por aquel lado. Allí esperaron al resto de la comitiva, la cual, después de incorporárseles los dos jinetes, se perdió por entre las estrechas y oscuras calles de Soria. 

 II 



Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica del palacio de los condes de Alcudiel despedía un vivo resplandor iluminando algunos grupos de damas y caballeros que alrededor de la lumbre conversaban familiarmente, y el viento azotaba los emplomados vidrios de las ojivas del salón. 

Solo dos personas parecían ajenas a la conversación general: Beatriz y Alonso: Beatriz seguía con los ojos, absorta en un vago pensamiento, los caprichos de la llama. Alonso miraba el reflejo de la hoguera chispear en las azules pupilas de Beatriz. 

Ambos guardaban hacía rato un profundo silencio. 

Las dueñas referían, a propósito de la noche de difuntos, cuentos tenebrosos en que los espectros y los aparecidos representaban el principal papel; y las campanas de las iglesias de Soria doblaban a lo lejos con un tañido monótono y triste. 

-Hermosa prima -exclamó al fin Alonso rompiendo el largo silencio en que se encontraban-; pronto vamos a separarnos tal vez para siempre; las áridas llanuras de Castilla, sus costumbres toscas y guerreras, sus hábitos sencillos y patriarcales sé que no te gustan; te he oído suspirar varias veces, acaso por algún galán de tu lejano señorío. 

Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia; todo un carácter de mujer se reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados labios. 

-Tal vez por la pompa de la corte francesa; donde hasta aquí has vivido -se apresuró a añadir el joven-. De un modo o de otro, presiento que no tardaré en perderte... Al separarnos, quisiera que llevases una memoria mía... ¿Te acuerdas cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto la salud que viniste a buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi gorra cautivó tu atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre tu oscura cabellera! Ya ha prendido el de una desposada; mi padre se lo regaló a la que me dio el ser, y ella lo llevó al altar... ¿Lo quieres?

-No sé en el tuyo -contestó la hermosa-, pero en mi país una prenda recibida compromete una voluntad. Sólo en un día de ceremonia debe aceptarse un presente de manos de un deudo... que aún puede ir a Roma sin volver con las manos vacías. 

El acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó un momento al joven, que después de serenarse dijo con tristeza: 

-Lo sé prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y el tuyo ante todos; hoy es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar el mío? 

Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la mano para tomar la joya, sin añadir una palabra.

Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y volvióse a oír la cascada voz de las viejas que hablaban de brujas y de trasgos y el zumbido del aire que hacía crujir los vidrios de las ojivas, y el triste monótono doblar de las campanas.




Al cabo de algunos minutos, el interrumpido diálogo tornó a anudarse de este modo: 

-Y antes de que concluya el día de Todos los Santos, en que así como el tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo, ¿no lo harás? -dijo él clavando una mirada en la de su prima, que brilló como un relámpago, iluminada por un pensamiento diabólico.

-¿Por qué no? -exclamó ésta llevándose la mano al hombro derecho como para buscar alguna cosa entre las pliegues de su ancha manga de terciopelo bordado de oro... Después, con una infantil expresión de sentimiento, añadió: 

-¿Te acuerdas de la banda azul que llevé hoy a la cacería, y que por no sé qué emblema de su color me dijiste que era la divisa de tu alma? 

-Sí.
-Pues... ¡se ha perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela como un recuerdo. 

-¡Se ha perdido!, ¿y dónde? -preguntó Alonso incorporándose de su asiento y con una indescriptible expresión de temor y esperanza. 

-No sé.... en el monte acaso. 

-¡En el Monte de las Ánimas -murmuró palideciendo y dejándose caer sobre el sitial-; en el Monte de las Ánimas! 

Luego prosiguió con voz entrecortada y sorda: 

-Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces; en la ciudad, en toda Castilla, me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar mis fuerzas en los combates, como mis ascendentes, he llevado a esta diversión, imagen de la guerra, todos los bríos de mi juventud, todo el ardor, hereditario en mi raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras que he muerto por mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres; y he combatido con ellas de día y de noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y nadie dirá que me ha visto huir del peligro en ninguna ocasión. Otra noche volaría por esa banda, y volaría gozoso como a una fiesta; y, sin embargo, esta noche... esta noche. ¿A qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte comenzarán ahora a levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas que cubren sus fosas... ¡las ánimas!, cuya sola vista puede helar de horror la sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento sin que se sepa adónde.




Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó en los labios de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó con un tono indiferente y mientras atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la leña, arrojando chispas de mil colores: 

-¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por semejante friolera! ¡Una noche tan oscura, noche de difuntos, y cuajado el camino de lobos!

Al decir esta última frase, la recargó de un modo tan especial, que Alonso no pudo menos de comprender toda su amarga ironía, movido como por un resorte se puso de pie, se pasó la mano por la frente, como para arrancarse el miedo que estaba en su cabeza y no en su corazón, y con voz firme exclamó, dirigiéndose a la hermosa, que estaba aún inclinada sobre el hogar entreteniéndose en revolver el fuego: 

-Adiós Beatriz, adiós... Hasta pronto. 

-¡Alonso! ¡Alonso! -dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero cuando quiso o aparentó querer detenerle, el joven había desaparecido.

A los pocos minutos se oyó el rumor de un caballo que se alejaba al galope. La hermosa, con una radiante expresión de orgullo satisfecho que coloreó sus mejillas, prestó atento oído a aquel rumor que se debilitaba, que se perdía, que se desvaneció por último. 

Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas aparecidas; el aire zumbaba en los vidrios del balcón y las campanas de la ciudad doblaban a lo lejos.

III



Había pasado una hora, dos, tres; la media noche estaba a punto de sonar, y Beatriz se retiró a su oratorio. Alonso no volvía, no volvía, cuando en menos de una hora pudiera haberlo hecho. 

-¡Habrá tenido miedo! -exclamó la joven cerrando su libro de oraciones y encaminándose a su lecho, después de haber intentado inútilmente murmurar algunos de los rezos que la iglesia consagra en el día de difuntos a los que ya no existen. 

Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas de seda, se durmió; se durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso. 

Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños las vibraciones de la campana, lentas, sordas, tristísimas, y entreabrió los ojos. Creía haber oído a par de ellas pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, y por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana. 

-Será el viento -dijo; y poniéndose la mano sobre el corazón, procuró tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más violencia. Las puertas de alerce del oratorio habían crujido sobre sus goznes, con un chirrido agudo prolongado y estridente.

Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban paso a su habitación iban sonando por su orden, éstas con un ruido sordo y grave, aquéllas con un lamento largo y crispador. Después silencio, un silencio lleno de rumores extraños, el silencio de la media noche, con un murmullo monótono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sienten, estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se ve y cuya aproximación se nota no obstante en la oscuridad.

Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las cortinillas y escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la frente, tornaba a escuchar: nada, silencio. 

Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como bultos que se movían en todas direcciones; y cuando dilatándolas las fijaba en un punto, nada, oscuridad, las sombras impenetrables. 

-¡Bah! -exclamó, volviendo a recostar su hermosa cabeza sobre la almohada de raso azul del lecho-; ¿soy yo tan miedosa como esas pobres gentes, cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura, al oír una conseja de aparecidos? 

Y cerrando los ojos intentó dormir...; pero en vano había hecho un esfuerzo sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse más pálida, más inquieta, más aterrada. Ya no era una ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta habían rozado al separarse, y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz lanzó un grito agudo, y arrebujándose en la ropa que la cubría, escondió la cabeza y contuvo el aliento.

El aire azotaba los vidrios del balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía con un rumor eterno y monótono; los ladridos de los perros se dilataban en las ráfagas del aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, otras distantes, doblan tristemente por las ánimas de los difuntos. 

Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora: vuelta de su temor, entreabrió los ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de seda del lecho, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez mortal descoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio había visto sangrienta y desgarrada la banda azul que perdiera en el monte, la banda azul que fue a buscar Alonso.

Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la muerte del primogénito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido devorado por los lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, la encontraron inmóvil, crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho, desencajados los ojos, entreabierta la boca; blancos los labios, rígidos los miembros, muerta; ¡muerta de horror!




 IV

Dicen que después de acaecido este suceso, un cazador extraviado que pasó la noche de difuntos sin poder salir del Monte de las Ánimas, y que al otro día, antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas horribles. Entre otras, asegura que vio a los esqueletos de los antiguos templarios y de los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de la oración con un estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas de corceles, perseguir como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y desmelenada, que con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de horror, daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.




* Las ilustraciones son creación del artista valenciano Manuel Boix, tomadas de su blog
 http://www.manuelboix.com/

* El texto de la leyenda de Bécquer está tomado de la web Ciudad Seva http://www.ciudadseva.com/




domingo, 21 de octubre de 2012

Castelao vive más allá de su tiempo



En 1931 -año ilusionante de la historia de España como pocos- apareció en Madrid “Nos”, la obra de Alfonso Castelao. Se trata de un libro compuesto por medio centenar de dibujos, realizados en la segunda década del siglo XX, todos ellos verdadera sintaxis de la tradicional y maldita realidad de Galicia. “Con estos dibujos -decía Castelao en la presentación de la obra- intento inquietar a todos los licenciados de la Universidad (amas de cría del caciquismo), a todos los hombres que vivían del favor oficial”. Si consiguió o no este objetivo lo habrá dicho de diferentes maneras la historia. Lo que es obvio es que estos dibujos son un referente crítico, además de etnológico y social, que indudablemente siguen inquietando, desasosegando y haciendo que nos preguntemos si aquella triste realidad secular desapareció o se ha engendrado bajo nuevas formas de alienación, pobreza y marginación.


Non soñan máis que cando durmen

Sigue diciendo el gran Castelao: “Las intenciones eran nobles y el pesimismo aparente. Cierto que la tristeza de estos dibujos quema como un rayo de sol que atraviesa el cristal de una lupa; pero no quise cantar la alegría de nuestras fiestas ni la abundancia de las bodas, sino las tremendas angustias de la gente labriega y marinera”. Ya aclara el autor lo que expone. Una amplia galería de personajes de la soledad y del abandono, de situaciones de la condición pobre de los campesinos, del yugo del caciquismo y la clerecía que los apoyaba, de la situación de la enseñanza y del escepticismo de las nuevas generaciones, de la terrible decisión del emigrante o del fatal desenlace de la muerte para quien ha fracasado en vida.

- Decías que eras probe e tiñas unha vaca, eh?


Los dibujos de Castelao no estarían completos sin los comentarios en gallego a pie de lámina. En la mejor tradición de los caprichos o de los desastres goyescos, Castelao no le va a la zaga a don Francisco en cuanto a intención, ironía y calidad lineal. Diríase que toda la modernidad expresiva ha bebido de Goya. Pero solo los que han sentido los males y las maldiciones de la intrahistoria española han bebido dos o más veces hasta apurar la hez del vaso del tormento. Los comentarios apoyan, pues, y ratifican la intención gráfica, bien con una leve ironía, bien con sarcasmo, en forma de mera constatación, de amarga sentencia o de saludable profecía. Y los dibujos mostrados en el libro van desde unos trazos simples a unas elaboraciones figurativas más complejas y detalladas. Genial plumín de Castelao, siempre a caballo entre las imágenes y las letras.


- ¡Non me fan xusticia, Señor!


Es probable que si Alfonso Castelao supiera de los resultados electorales de hoy en su Galicia sufriente considerara que subsisten muchos de los problemas hasta ahora irresolubles, sobre todo de tipo cultural, del criterio político, de la persistencia clientelista y de un ámbito de comportamiento resignado de un sector de la población gallega. Si se añaden a los tradicionales la actual crisis productiva y económica en general seguramente Castelao actualizaría una nueva carpeta de "Nos" para actualizar y dejar constancia de su padecimiento moral. Por cierto, ¿no es paradigmática la imagen de la muerte alzando la vida con que se abre esta entrada? Sigue en vigor la necesidad de seguir adelante, no obstante las adversidades. En representaciones como ésa es cuando se comprueba la cualidad clarividente de un pensador que utiliza las herramientas del dibujo o de la pintura.


 
Deixa raices na Terra. Volverá.



Os esclavos do fisco


A felicidade







viernes, 28 de septiembre de 2012

La masa silenciosa, según el ínclito





En un alarde de extrema sensibilidad y afán de convivencia, como es su inveterada y desapacible costumbre, y al revés te lo digo para que me entiendas, el ínclito presidente del gobierno español se permitió invocar el miércoles desde Nueva York a la mayoría silenciosa de la sociedad española. Mi reconocimiento a la mayoría de los españoles que no se manifiesta, que no sale en las portadas de prensa y que no abre los telediarios, dijo textualmente. Con ello parece que oponía y enfrentaba al resto de la sociedad con los miles de manifestantes que el día 25 se concentraban en una protesta pacífica y activa en las proximidades del Congreso de los Diputados. Conocida y bien vista  -hasta por esa mayoría silenciosa-  fue la acción represiva del Gobierno, con la consiguiente secuela de heridos y detenidos. Posteriormente, tanto desde el gobierno como desde su partido, llegaron los intentos de desacreditar la protesta, culpabilizar a los manifestantes y desfigurar los mensajes de los reunidos. 





Pero en estos tiempos corren puñados de vídeos, imágenes de televisión y fotografías que hablan más que mil demagogias y falsedades. El señor presidente, ese mismo del puro y las bocanadas de humo y felicidad, se paseaba el mismo día de escándalo nacional por Wall Street en su peregrinación jacobea hacia el sagrado Templo del Dinero y la Cotización Bursátil Mundial. No sé si antes o después de haber dado lecciones de estrategia internacional y directrices para la paz entre los pueblos en la corte de la ONU. Por cierto, tanta comicidad cínica tuvo un puntito: cierto periodista norteamericano le preguntó cómo calificaría la situación política que está viviendo España. Su respuesta fue: fascinante. Desde luego, ¿qué cabe esperar de un personaje que despilfarra el lenguaje o lo utiliza para desfigurar la realidad?

De todo lo que ha salido en los medios estos días me ha parecido sumamente ingenioso y expresivo este artículo de ficción que sale en el medio digital eldiario. es ( http://www.eldiario.es/ ) Lo copio y pego para mayor difusión del mismo.





LA MAYORÍA SILENCIOSA 
(entrevista exclusiva) 

por SinsentidoComún


Nos encontramos con “La Mayoría (o Masa) Silenciosa” en un local cualquiera de una calle cualquiera de una ciudad cualquiera de un universo paralelo cualquiera. La “Masa Silenciosa” parece llevar rato sentada cuando el equipo de Sinsentido Común entra en el local desértico donde hemos quedado. Nos espera tomando un vaso de agua y tomando apuntes invisibles en unas cuartillas completamente en blanco.


Sinsentido Común: Perdona, llegamos tarde. Es que llevamos una semanita...

(La “Masa Silenciosa” sonríe, o eso parece)

Sinsentido Común: ¿Qué tal?
Masa Silenciosa: Bueno... No sé.
Sinsentido Común: ¿Qué te pasa?
Masa Silenciosa: Nada, no. Soy así. Tengo un poco de frío, si acaso.

(La “Masa Silenciosa” sonríe seriamente)

Sinsentido Común: El Presidente del gobierno ha hablado de ti en su viaje a Nueva York. Ha alabado tus virtudes.
Masa Silenciosa: ¿Si? No sé. No estaba escuchando. Me disperso a veces.
Sinsentido Común: ¿Qué estabas haciendo?
Masa Silenciosa: Nada.

(Lo dice con orgullo, mirando al infinito. Miramos hacia allá. Efectivamente, no hay nada)




Sinsentido Común: ¿Qué opinas de lo que está pasando?
Masa Silenciosa: ¿Dónde?
Sinsentido Común: En España.
Masa Silenciosa: No sé, ¿pasa algo?
Sinsentido Común: Bueno, precisamente el presidente ha valorado muy positivamente tu no-labor, tu savoir no-hacer, tu impecable no-presencia... En la mísimisima sede de la ONU.
Masa Silenciosa: (deletrea para sí, musitando) O-N-U.
Sinsentido Común: Dice que tú eres la única en estar a la altura de la gravedad.
Masa Silenciosa: ¿Qué altura? ¿Qué gravedad? Yo no sé nada.

(Nos quedamos mirando. Por un momento tenemos la sensación de que la “Masa Silenciosa” se disuelve en el aire)

Sinsentido Común: Oye, ¿tú votas?
Masa Silenciosa: Depende. A veces sí... Si puedo. Otras no.
Sinsentido Común: ¿Qué te motiva?
Masa Silenciosa: ¿Qué significa “motivar”?
Sinsentido Común: ¿Hay algo que te guste en especial?
Masa Silenciosa: El silencio.

(Y el Silencio vuelve a instalarse en la sala)




Sinsentido Común: ¿Qué esperas de la vida?
Masa Silenciosa: Lo que me dé.
Sinsentido Común: ¿Tienes miedo alguna vez?
Masa Silenciosa: Me molesta el ruido.
Sinsentido Común: ¿Cómo te hace sentir?
Masa Silenciosa: No sé. Mal. Me agobia un poco.
Sinsentido Común: ¿Que harías al respecto?
Masa Silenciosa: Nada. No es para tanto.
Sinsentido Común: Bueno. Pues muchas gracias.
Masa Silenciosa: ¿Por qué?
Sinsentido Común: Por tu tiempo, por la entrevista.
Masa Silenciosa: Ah, sí... Se me había olvidado. A veces olvido las cosas.



(Nos vamos hacia la puerta con sensación de desconcierto. De pronto, nos damos la vuelta y le preguntamos...)

Sinsentido Común: ¿Estás triste?

(Se encoge de hombros)

Sinsentido Común: ¿Te alegra que el presidente hable de ti?

(La Masa Silenciosa mira hacia nosotros, hay un gesto extraño en su cara. ¿Es rabia? ¿Es alegría?)

Masa Silenciosa: Hasta ahora no parecía que yo le importara mucho, ¿no?

(Le sonreímos. Creemos que nos sonríe. Salimos a la calle)




[Disclaimer: Esta entrevista es FALSA, la Masa Silenciosa también y Rajoy es, según recientes investigaciones del MIT, lo más cercano a la anti-materia que se despacha en persona. Todo es relativo. Para unos más que para otras. Y en los tiempos de la redes casi todas las personas pueden conversar en pie de igualdad menos esos entes llamados "los políticos", quienes prefieren interlocutar con el silencio. El silencio, por cierto, tampoco existe.]




* Las imágenes, salvo la última, pertenecen a las obras "Bienvenido al mundo y "Dinero", de Miguel Brievahttp://www.clismon.net/ .

* La viñeta final es de Manel Fontdevila aparecida en eldiario.eshttp://www.manelfontdevila.com/



domingo, 16 de septiembre de 2012

Acoso a la noble bestia


¿No es ésta la imagen del momento? El toro  -¿el toro de Europa? ¿el toro de España?-  sobre el que cabalga el innombrable (antes llamado proletariado, clase obrera, pueblo, ciudadanía… ahora ni se sabe) y que toda una calaña de personajes, revestidos y santificados como banqueros, brokers, industriales, comerciantes, intermediarios y políticos pijos se lanzan a domeñar a la brava. Hasta aparece Pinocho -¿una alegoría de los gobernantes mentirosos y canallas?- , pero en un bochornoso segundo plano, como corresponde a los gestores de la política, puesto que la política se ha convertido en subsidiaria de todos esos otros sectores del llamado Mercado, el verdadero dueño del orden mundial.




Así aparece la política: subsidiaria y secuestrada. O dicho de otra manera: efecto de dejación, ausencia y carencia. Dejación porque, al votar, el ciudadano entrega sus derechos  -la Democracia maltrecha se queda en ese plano formal-  para que los elegidos hagan lo que les plazca. Cheque en blanco al ser mayoría absoluta el otro innombrable, el partido del Gobierno. Ausencia porque el ciudadano aparece solo –y cada vez menos- en las demagógicas palabras de los gestores electos, nunca para pedirle opinión, sino para imponérsela. Nunca para dejarle hablar, sino para hablar en su nombre en vano. Carencia, porque lo que una gestión participativa y solidaria debería proporcionar no existe y en su lugar la sociedad civil solo recibe agresión e indefensión. No hace falta insistir, se comprueba en la propia piel: tributación impositiva desbocada, recortes de servicios a toda banda, reducción de salarios y próximamente de pensiones. Y el largo etcétera para el que todo vale, pasando fundamentalmente por cambiar las leyes anteriores o sacar otras más controladoras y abusivas contra la sociedad.




El cuadro del pintor Fran Recacha es un fresco que no tiene pérdida. Digno de figurar en la pinacoteca de la Historia -y sin entrar en aspectos de elaboración plástica- del mismo modo como Goya la explica con sus grandes lienzos sobre la ocupación napoleónica, o el cuadro de Gisbert sobre el Fusilamiento de Torrijos, o tantos otros del siglo XIX. Simbolismo del momento presente, emblema de la batalla cruel de los mercados contra los humanos, con su cohorte de financieros, políticos, especuladores, rentistas. Batalla de la que se intuye quién va a ser ganador y quién perdedor. Batalla de la que se sabe cuándo empezó pero se ignora cuándo terminará. Porque acaso esta guerra acarree otras más sangrientas. Ante el tiempo que nos toca vivir, uno no puede por menos que evocar aquellos dos versos fatídicos del Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, del gran Federico:

¡Oh blanco muro de España!
¡Oh negro toro de pena!





* Las imágenes de Fran Recacha han sido extraídas de  http://www.franrecacha.com/
* La última pertenece a la manifestación de ayer sábado en Madrid, tomada de la prensa.