hoy es siempre todavía

jueves, 26 de enero de 2012

¿Dónde quedaron las preguntas de un obrero?



Hace tiempo que tenemos olvidado al gran Bertolt Brecht. Y a cierto célebre poema que no por haberse repetido tanto está más desgastado. Es probable que las nuevas generaciones ni lo conozcan. Siempre me pareció mejor descripción pedagógica y  ética  que poema. O acaso en este caso resulta lo mismo. Brecht lo tituló Palabras de un obrero ante un libro. Acostumbrados como nos han tenido a tragar con cualquier explicación falsa y reduccionista sobre los acontecimientos de la Historia, no deja de ser sugerente el título. Preguntas. Respóndete si quieres, podría haberlo subtitulado el poeta alemán. Porque las preguntas llevan implícitas las respuestas, no solo las dudas, no solo el conato de búsqueda. También la evidencia.





Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó?
En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces,
¿quién la volvió a construir otras tantas?¿En qué casas
de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron?
La noche en que fue terminada la Muralla china,
¿adónde fueron los albañiles? Roma la Grande
está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?
¿Sobre quiénes triunfaron los Césares? Bizancio, tan cantada,
¿tenía sólo palacios para sus habitantes? Hasta en la fabulosa Atlántida,
la noche en que el mar se la tragaba, los habitantes clamaban
pidiendo ayuda a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿El sólo?
César venció a los galos.
¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero?
Felipe II lloró al hundirse
su flota. ¿No lloró nadie más?
Federico II ganó la Guerra de los Siete Años.
¿Quién la ganó, además?
Una victoria en cada página.
¿Quién cocinaba los banquetes de la victoria?
Un gran hombre cada diez años.
¿Quién paga sus gastos?

Una pregunta para cada historia.



La Historia es interesante, sobre todo cuando se deconstruye la que nos han contado. La sórdida, la engañosa, la que ignora a los protagonistas. Sin embargo, uno tiene la sensación de que en estos tiempos aquellas preguntas han quedado encerradas en el libro. E incluso que el obrero ya no se pregunta ordinariamente ante un libro, ni ante su propia condición, y que solo lo hace ante un automóvil, un seguro o una hipoteca. Es por eso por lo que el cartel pegado en una farola me hizo sonreír.

También me hacía preguntarme ante la realidad cotidiana imparable. Por ejemplo: ¿Qué es lo que se quiere para la clase obrera? O también: ¿Pero existe todavía la clase obrera? ¿Qué se entiende hoy día con tal expresión? Si la clase obrera aún colea, ¿cómo lo hace? ¿Qué exige, qué clama, cómo se indigna? ¿Qué implica ese Todo? Ese letrerito tiene su pequeña trampa. Es una imitación adaptada y recortada de aquella lejana consigna revolucionaria: Todo el poder para la clase obrera. Al perder ese sustantivo esencial se queda en un reclamo casi comercial. Déjenme que haga de abogado del diablo. Déjenme que me cuestione. Es que no logro ver más allá en ese mensaje. Así que seguiré preguntándome ante un libro.  


(Retrato de Brecht por Rudolf Schlichter)


* Las dos primeras fotografías corresponden a una obra de la pintora Karla Frechilla en la calle, en el pueblo vallisoletano de Serrada.  http://www.karlafrechilla.com/

18 comentarios:

  1. ¿Hay obreros?,creo que no, han conseguido que hasta el parado se considere clase media, ¿nos hacemos preguntas?, tampoco, vemos pasar la vida como una novela de la televisión.

    Saludos

    ResponderEliminar
  2. Te contestaré como dicen que contestan en Galicia: haberlos haylos. Y añado: pero se han disfrazado. Ya sabes que entre parados, jubilados y prejubilados, clases medias y emprendedores el espacio de la clase trabajadora ha sido ocupada. Con incierto futuro.
    ¿Por qué crees que las series de televisión tienen tanto éxito?

    Saludos.

    ResponderEliminar
  3. Don Juan, estas preguntas que se hace usted me viene que ni anillo al dedo. Estoy leyendo 'Homenatge a Catalunya' de G.Orwell, ¿lo leyó usted? No sé si se lo comenté ya, porque estoy que me repito más que el ajo. Sea como fuere, creo que en sus páginas se ve perfectamente cómo la Barcelona del 37 - y por ende, toda España - era completamete distinta a la de julio del 36. ¿Qué hace que perdamos, incluso en situaciones tan relevantes, el interés en nuestra propia intervención dentro de la historia, en lo que nos conforma política, social y ontológicamente? ¿Fue entonces donde la clase obrera dijo "prou" y se amotinó en el parapeto de la aburguesadita clase media? ¿Ésa era la verdadera razón de la revolución obrera?
    Los obreros también son hijos de su tiempo; y todo fluye... Supongo, por tanto, que sigue habiendo; pero, desde luego, más condicionados por el fogonazo tecnológico y consumista.

    ResponderEliminar
  4. ¿Clase obrera? Hayla, desde luego, desde que Babilonia se alzó con sus zigurats para los dioses a costas del sudor de las gentes. Pero...el término está caducado, hoy son INDIGNADOS, como si la indignación no hubiera sido el motor de todas las clases obreras.
    Lo han conseguido, desmotivar, adormecer dopar, amansar, pero la culpa no sólo es de los "malos", habrá que hacerse muchas preguntas.
    ¿Para qué sirven los sindicatos? et, et.
    Prospera el pesimismo absoluto, lo cual conviene a los de siempre.
    Sin embargo, como dice el moderno Peter Pan...eppur si muove, hasta el término clase obrera.

    Bienvenido a mi blog, te sigo de cerca !salve!

    ResponderEliminar
  5. PeterPan. Va usted y me cita uno de mis libros sentimentales por excelencia. "Homage to Catalonia". En parte porque el autor me fascinó siempre (incluso en su experiencia vivida y no solo literaria) y por la decisión audaz de los brigadistas internacionales. En parte porque el período vivido en Cataluña, independientemente de las tragedias, evolución y desenlaces, me fascina. En parte porque en mayo de 1937 se puso la puntilla definitiva a la Revolución española, con sus secuelas represivas sobre los líderes y medios de las organizaciones obrera que no se avinieron a los comisarios soviéticos. Siempre estará presente la disputa historiográfica y política de si se trataba de salvar la República y ganar la guerra primero o de hacer ya (en el margen territorial posible en aquel momento) la Revolución. Tengamos en cuenta que las medidas revolucionarias (por ejemplo la colectivización de la tierra y el requiso de fábricas) ya venían funcionando en Aragón, creo.

    Sus preguntas, retrotrayendo la aparente claudicación actual a aquel año 1937, no me atrevería a responderlas. Yo no creo que la clase obrera dijera basta en ese momento, sino que todo el movimiento obrero y político de izquierdas era variado y dividido. Y la fuerza orgánica y con apoyo (no solo de soviets sino del Gobierno de la República) en los que reprimieron al POUM y CNT era más `poderosa seguramente. Supongo además que en aquel momento la polémica Salvar la República y ganar la guerra versus Revolución y ganarlo todo estaría presente en el proletariado, y las clases medias erepublicanas. En situaciones de división, cualquier medida y acción de fuerza se lleva el gato al agua. De verdad, me cuesta pensar que fue tan simple como una bajada de conciencia. De hecho, las bases anarquistas y poumistas siguieron combatiendo en el frente, sin traicionar la causa republicana, no obstante su frustración, supongo. Pero son devaneos míos, habría que escuchar a historiadores competentes.

    Naturalmente, todos somos hijos de nuestro tiempo. Y la función de los trabajadores no solo consiste en sobrevivir, sino en tener cada vez mejores condiciones de vida, más sentido de esta, más control sobre la economía y la política. Así debería de ser. Pero hay una frontera muy apetecible. Esta formación conductual, digamos, que el capitalismo en la último fase que hemos conocido en su historia ha desarrollado para mayor beneficio propio. El consumismo, el señuelo de la seguridad y calidad de vida a través de comprar y vivir al día sin mirar en despilfarros (mentalidad que ha impregnado no solo a los individuos sino a todas las administraciones públicas)...es algo que atrapa y seduce a todo tipo de trabajadores, se reconozcan o no del nombre (de lo que no pueden dejar de reconocerse es de su salario, sus ingresos, sus subvenciones...)

    Me gusta lo del fogonazo como símil, PeterPan, pero espero que al fogonazo no le suceda la pobreza (camino de ello se va) y mucho menos la miseria. Como el tema está aquí entre nosotros y no se va a agotar en breve precisamente, tiempo y ocasión tendremos los blogueros (y cualquier ciudadano que ejercite su capacidad de pensar) para seguir dialogando. Es fructífero.

    Gracias por su intervención.

    ResponderEliminar
  6. Natàlia, bien llegada a esta página de expresión libre. Sobre la caducidad del vocablo "obrero" o "trabajador" no estoy seguro. Sí lo estoy del término "proletario", puesto que hoy el personal occidental y español en concreto no está por tener prole. La indignación ha sido un elemento permanente e histórico entre los trabajadores. Y hay más elementos que han configurado su condición psicológica, digamos: insatisfechos, hartos, en desacuerdo, etc. No sé por qué cunde tanto el vocablo "indignado", no define en sí una situación de clase ni tampoco el grado de conciencia de lo que supone tener solo tu fuerza de trabajo y percibir a cambio un sueldo (que cada vez es más frágil) y donde a los trabajadores se les niega otra parte del beneficio que producen porque el sistema dice que esa es la razón del beneficio empresarial (la plusvalía) ¡Si es que no hay nada nuevo! ¡Si es que lo analizas y no puedes negar la realidad!

    Pero comparto tus dudas, preguntas y cuestionamientos varios. La cuestión no es para qué sirven los sindicatos, sino por qué no sirven a los trabajadores como deberían de servir.Y con esto no los reduzco a cenizas, puesto que, como con los políticos, no se han inventado otras cosas. El asunto es llenar de contenido y de destino las organizaciones, o crearlas nuevas, que nunca surgen de cero, pero en algún momento se refundan, se actualizan, se regeneran. Pero ello depende de la colectividad, Natàlia, y de su voluntad de querer, de tener claro a dónde ir, de asumir exigencias. de replantearse el modelo productivo y de sociedad. Algo que no se hace de la noche a la mañana ni por decreto de los voluntaristas de turno.

    Demos margen a todo. De comentarios como los que hacemos aquí, y que se hacen por la calle, en grupo, con mayor o menor enjundia y capacidad, cabe esperar que prospere el debate.

    Cuento con tu paso por este modesto espacio. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  7. "Hay muchas maneras de matar.
    Pueden meterte un cuchillo en el vientre.
    Quitarte el pan.
    No curarte de una enfermedad.
    Meterte en una mala vivienda.
    Empujarte hasta el suicidio.
    Torturarte hasta la muerte por medio del trabajo.
    Llevarte a la guerra, etc…
    Sólo pocas de estas cosas están prohibidas en nuestro Estado."


    Cuando amenazó con denunciar los abusos del régimen comunista, casualmente murió, de un ataque al corazón…
    A Bertold le leí con 14 años y creo que desatasco mis vísceras con salfumán puro.
    El obrero es la mano que aprieta su propio corazón.
    Pero ya no existen revoluciones, el obrero ha perdido su razón de lucha, porque le han despistado con argumentos en camisa de fuerza.
    Han derribado sus ideales y Obrero, que deriva de Obra, solo construye dejándose construir, sin solidez ni fuerza, arrastras viejas luchas y se deja vencer por la inercia, la pereza en remover.
    Hace falta más opresión, llegar al límite del abuso. Ya fueron construidos pirámides y castillos donde se alojan cadáveres. Hay que derribar viejos mitos y crear un enorme muro que no deje pasar las costumbres abusivas. Las preguntas de Bertold se responden a sí mismas, una ecuación exacta, un grito a la rebeldía, una exaltación que permanece dormida esperando tiempos hambrientos de justicia.

    Bueno, me he puesto un poco exaltada, pero es que Bertold me produce esa reacción.

    Yo pertrenecía a comisiones obreras, en mi ciudad, he vivido manifestaciones donde se nos aporreó desde un caballo al galope...Que tiempos...

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  8. ¡Hola Juan de Mairena!
    Estamos viviendo momentos extraordinarios, nuevos e históricos, se mueve todo con tal rapidez y entrega, que se siente el dolor, la desesperanza de un tiempo agónico (esperemos) por el neoliberal sistema impuesto.
    Sin duda creo que el sindicalismo obrero a pesar de haberse desorientado está al servicio de la clase trabajadora, por ello se tiene que hacer entender a sus líderes, a todos, que la unión del sindicalismo obrero en el estricto significado de la palabra y al margen de formas y doctrinas es totalmente necesaria, y de vital importancia para el pueblo, y sus trabajadores/as.

    Saludos de J.M. Ojeda.

    ResponderEliminar
  9. Imploro por que nunca dejes de escribirnos, aflorar tus reflexiones. No me estremezco ante tus palabras Juan de M. pero sí ante las realidades. Tantísimas veces nos hemos pregunto ¿españa? cuando habría que colgar las interrogantes a aquello, la clase obrera, esa gran desconocida, ese ladrillo en el cerco. Me gustaría que sintieras real mi saludo y abrazo.

    Hasta siempre. Hasta el siguiente.

    Fabulosos los dibujos callejeros.

    ResponderEliminar
  10. Genetticca. Brecht es un referente para un tipo de españoles de una etapa de nuestra historia. Yo le aprecio, me parece clarividente, pero a la gente puede sonarle a no inteligible a estas alturas.

    Ya te veo algo exaltada, sí, no es malo, también es desahogo. No voy a objetarte nada, pero recuerda que los análisis debemos hacerlos siempre con frialdad, distanciamiento, prudencia. A veces en los acontecimientos objetivos proyectamos nuestras insatisfacciones (en general en cualquier cosa, pero aquí me refiero a las aspiraciones políticas o sociales) y eso nos ciega. Las cosas son como son y hay que deslindar las hierbas salvajes de las fecundas.

    Respecto a lo que hicimos...ya pasó. Mantener recuerdos está bien, nos da sentido meditar en ello, mereció la pena, seguro. Tiempos en que estar en fundaciones de entes como el que citas no requería sino decisión, interés, riesgo y creer en que había que ponerlo en marcha. Esa fue mi experiencia.

    ResponderEliminar
  11. J.M.Ojeda, también coincido contigo en que vivimos tiempos extraordinarios, pero ¡es que yo los he vivido casi siempre! Una de dos, o que la Historia es mucho más dinámica y breve de lo que nos pensamos o que en España en concreto todo ha sido muy inestable, no obstante la apariencia.

    Quienes condenan a ciegas el sindicalismo creo que son quienes menos lo conocen o solo se han acercado para que les saquen las castañas del fuego. Pero la crítica sobre sus límites, inseguridades o aspiraciones manifestadas también tenemos que ejercitarla. Espero que a corto plazo la fuerza avasalladora de las circunstancias les obligue a definirse y renovarse. Y si no...todo es muy biológico. Ya surgirán otros recursos de autodefensa. No soy pesimista del todo, simplemente muy crítico.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  12. Estimado Rider. Solo expreso mis modestas inquietudes, porque necesito expectorarlas. Tampoco quiero colaborar al pesimismo, a la implantación del miedo o al derrotismo, como los medios de incomunicación hacen con frecuencia, porque eso ¡les da más ventas! Habría que cuestionar la calidad moral y la honestidad informativa de los medios de prensa, radio y televisión. Hay de todo.

    Te recomiendo al respecto que leas la sección del DEFENSOR DEL LECTOR de hoy domingo en El País. Muy interesante, viene a pelo.

    Y por otra parte, seguro que la mayoría de los que hacemos blogs pertenecemos a la clase trabajadora. Generamos opinión a nuestra manera y eso me parece de una riqueza bárbara.

    Por supuesto que siento real tu abrazo. Y agradezco que seas tan explícito. Hagamos lo que podamos con lo que vivimos y seamos honestos.

    ResponderEliminar
  13. Me parece que las preguntas de un obrero quedaron en el olvido...

    ResponderEliminar
  14. Tal vez, Heber. Se verá si solo es temporalmente o cosa de ciclo. Se verá.

    Gracias por opinar.

    ResponderEliminar
  15. Bueno tienes razon porque yo no habia nunca escuchado o leido sobre Bertolt Brecht, pero me parece my interesante su apreciacion.

    ResponderEliminar
  16. Carolina. Puedo asegurarte que Brecht tenía ideas muy claras y sabía de lo que hablaba. Si quieres conocer algo de su obra, seguro que en una biblioteca pública encuentras algo. Nunca es tarde para descubrir un autor. Tampoco para descubrirnos a nosotros mismos. Eso, sí, una cosa y otra requiere su esfuerzo. Pero compensa.

    Gracia por pasar y comentar.

    ResponderEliminar
  17. ¿Sin la idea de construir una inmensa biblioteca en Babilonia por parte de los reyes hubiera habido biblioteca sólo con los trabajadores?, ¿Hubieran llegado los soldados hasta la India sin le liderazgo de Alejandro? Me parece muy interesante la obra de Brecht, pero de ahí a aceptar sin crítica todo lo que decía hay un paso.... podríamos decir que ambos se necesitan, son interdependientes, sin teoría no hay práctica, y sin práctica no hay teoría. Un abrazo http://aquiyenotrolugar.blogspot.com.es/

    ResponderEliminar
  18. Óscar. Las preguntas que te haces son muy respetables. Pero creo que Brecht se hacía las suyas porque siempre se había transmitido un mundo dese un visión épica: los dirigentes, los caudillos, los altos clérigos, los faraones, etc. Brecht quería ofrecer una reflexión alternativa, y evidentemente que hay una relación de causa a efecto entre sociedad y poder, pero él quería poner el dedo en la llaga de los que son ignorados sistemáticamente. Trato de interpretarlo así y desde ese punto de vista creo que el autor alemán sigue en vigor en este poema.Simplemente. Saludo cordial y sano.

    ResponderEliminar