hoy es siempre todavía

lunes, 29 de agosto de 2011

Medicina Quijote



Desde hace tiempo, en aquellos días de turbación que me afectan, echo mano de píldoras. Por supuesto, el frasco se titula El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha y una pastilla puede ser cualquiera de los párrafos irónicos y sesudos que contiene el tarro. Es una de esas medicinas sin caducidad; no tienes que mirar el lote de fabricación y si formalmente hay giros y sentidos que no captas bien, como mucho vas y coges el prospecto adjunto que una buena edición del Quijote trae a pie de página. No digo que cada dosis nos cure, ya que se multiplican las posibilidades de contagio de los gérmenes y virus de las conductas que nos rodean, de las afectaciones por los acontecimientos sociales y políticos, pero al menos alivia, ayuda a estar más consciente y menos dramáticamente receptivo.





Una de las partes que más me gustan de la obra es aquella en que Don Quijote da consejos a su escudero Sancho Panza. Y lo hace precisamente cuando éste va a tocar poder. Cuando le han ofrecido gobernar un territorio ficticio llamado la ínsula Barataria (en realidad es un invento del Duque, que pretende gastar al hidalgo y a su escudero una broma pesada), pero no menos ficticio que todos esos territorios u órbitas de gobernación que muchos políticos españoles van a dirigir efímeramente, durante cuatro u ocho años, en función de circunstancias de sus fieles electores. No es la primera vez ni será la última en que echaré mano de los textos cervantinos, pero son tan premonitorios de nuestros tiempos como comprobadores de la experiencia y avatares de su época.

“Primeramente, ¡oh hijo!, has de temer a Dios, porque en el temerle está la sabiduría y siendo sabio no podrás errar en nada.

Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey, que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra.

—Así es la verdad —respondió Sancho—, pero fue cuando muchacho; pero después, algo hombrecillo, gansos fueron los que guardé, que no puercos. Pero esto paréceme a mí que no hace al caso, que no todos los que gobiernan vienen de casta de reyes.

—Así es verdad —replicó don Quijote—, por lo cual los no de principios nobles deben acompañar la gravedad del cargo que ejercitan con una blanda suavidad que, guiada por la prudencia, los libre de la murmuración maliciosa, de quien no hay estado que se escape.”




La llamada eufemísticamente clase política sufre del mal de altura últimamente. No altura por la inteligencia, dignidad, sensatez y entereza moral, más bien crítica, y cuya labor está ínfimamente reconocida según la opinión de los españoles. Sino porque un sector de esa clase política, vinculada a la derecha española, debido a que ha ganado estrepitosamente las elecciones regionales y municipales y, según las encuestas, lleva camino de hacerse también estrepitosamente con el Gobierno del país, se siente en ascenso, triunfadora, jóvenes y no tan jóvenes sobradamente preparados, se creen ellos. Ya se ven copando puestos, repartiéndose cargos y presidiendo parafernalias múltiples. Ya se exhiben en abundancia en las fotos, creando ambiente y gobiernos en la sombra o paralelos, como si el voto ciudadano ya lo hubiera decidido todo. ¿Leerá el Quijote toda esa gente? No parece que la otra parte de la clase política, la que ha venido gobernando y se ha estrellado estrepitosamente también, lo conociera tampoco demasiado. Yo les recomendaría a tirios y troyanos que se bajaran de los altares donde se autoerigen (eso sí, justificándolo con los votos), distinguieran de una santa vez lo que son gigantes y molinos y no hicieran pagar a los de siempre el precio de una crisis que no hemos generado. Pero para eso haría falta que se leyeran con más atención los consejos del hidalgo y escucharan algo más. ¿Tal vez las voces difusas de los movimientos del 15M que, sospecho, ni unos ni otros han querido apreciar demasiado? Yo, de momento, sigo tomando mi dosis del Quijote, simplemente porque me ayuda a sobrellevar mejor el ascenso irresistible de los prepotentes de turno. Y lo que cabe esperar de ellos.  



(Las imágenes son obra de la ilustradora madrileña AleKa, http://themrskfiles.blogspot.com/)


viernes, 26 de agosto de 2011

Ali Ferzat: la fuerza de las caricaturas


Hay momentos en que la sensibilidad explota dentro de uno. Los bárbaros son los bárbaros, y como la célula, nacen, crecen, se reproducen y, si la sociedad quiere, se les puede hacer desaparecer. Los movimientos en los países norteafricanos y árabes tienen desde hace unos meses en jaque a toda la geoestrategia occidental. Pero lo fundamental es que probablemente persiguen cambios profundos en sus políticas y en su reparto de riqueza. Está costando sangre, más sangre y más desgracia. Lo que está pasando en Siria parece que clama al cielo de las Huríes. Y lo último de lo que me entero es que a un notable caricaturista satírico llamado Ali Ferzat le han destrozado las manos los partidarios del presidente El Asad. Las fotos ya corren por la Red, pero yo prefiero rescatar una en su gabinete de trabajo antes del ataque sufrido.  



¿No recuerda esta anécdota cruel a aquella otra que se contó en su día de que los esbirros de Pinochet habían destrozado las manos del cantante Víctor Jara? Independientemente de que en el caso de Jara además fuera asesinado y de que Ali Ferzat de momento ha salvado la vida, no deja de tener un contenido simbólico potente la brutal acción. Es como si los energúmenos necesitaran el gesto de ver que aquella parte del cuerpo de un artista que pare los dibujos intencionados o con la que se toca una guitarra queda maltrecha. Piensan que acabando con la herramienta corporal acallan las críticas. O la vieja creencia de que matando al hombre se acaba con las ideas.




Pero imagino al caricaturista Ali Ferzat, hecho un cristo en una cama de hospital, según nos ofrecen las imágenes, imagino, digo, dándole vueltas a cómo va a caricaturizar la propia acción que han tenido con él. Coloco algunos de sus dibujos en reconocimiento al valor que este hombre ha mostrado en defensa de la libertad de expresión, de opinión y de crítica. El precio pagado es alto, pero sobrevive, pues otros intelectuales y artistas sirios opuestos al régimen han sido encontrados muertos en las últimas semanas. ¿Resonará también en Siria el feroz grito de ¡abajo la inteligencia, viva la muerte!? Tal parece que el grito del patético militar español que lo pronunció en 1936 ha creado escuela por el mundo de los que son de su estilo.




lunes, 22 de agosto de 2011

La voz silenciosa


Nuevamente me parece estar escuchando al maestro: “Si las palabras de siempre no os sirven, inventad otras nuevas; si os fallan las nuevas, retornad a las antiguas por si valoráis de otra manera su significante; pero si os traicionan tanto las viejas como las actuales, recurrid descaradamente al cultivo del silencio”. Perdón, porque no son del maestro bueno, sino de este párvulo de vía estrecha al que le gusta también el juego de la retórica, y de paso el de la contrarretórica.



Debe ser por influencia de los mensajes liminares. Lo liminar es lo que está en el umbral de algo nuevo y cuando uno ve en las paredes ciertas frases que hablan aunque parezca que callan, se pregunta si será premonición o surrealismo o lenguaje subliminal (y vuelta a la misma raíz) De todas las palabras que me encuentro pintadas por las paredes las que más me atraen son las que me obligan a dar vueltas y buscar posibles sentidos. Pongo algunos ejemplos cogidos al vuelo de los muros. Leer “Queremos la cabeza de Botín”, pues la verdad lo único que me lleva es a decir para qué puede querer alguien la cabeza de ese señor. Ya se la pedirán en su momento los consejeros de su imperio bancario si el negocio hace aguas. Porque utilizar la metáfora como grito de las masas para cambiar integralmente el sistema, incluído el financiero, pues ciertamente no se escucha precisamente con claridad. Leer un imperativo: “Toma la calle” me resulta nostálgico, suena a mi particular 68 y siguientes, y me pone mal cuerpo. Entiendo que tiene que ver con los movimientos recientes del 15M, pero es que por más que miro no veo a nadie tomando nada.



Leer “Vivir con miedo…etc.”, por ejemplo. Aparte de la sintaxis enrevesada, suena excesivamente sacra, pero me gusta ese puntito de retorno a aquella vieja didáctica ácrata que buscaba la afirmación personal en la condición obrera y la reafirmación de su clase como elemento dinamizador y revolucionario de la sociedad. Mas, ¿sigue hoy en vigor tal precepto? ¿Permanece aquella fe? ¿Está la condición trabajadora de hoy, en su atomizada y contradictoria dispersión, por aunar fuerzas tras objetivos idealistas?



Sin embargo, me intrigan otros mensajes como “Mamá se muere”, porque es literatura pura y probablemente dura. Vincular dos elementos tan íntimos y familiares como la madre y la muerte pueden dar repelús, pero también atracción y morbo. No obstante, enseguida entras en el juego de las preguntas. ¿Se lo dice un hermano a otro con el que no se habla colocando la pintada frente a su casa? ¿Es una señal entre unos y otros clanes mafiosos? ¿Una clave entre iniciados sectarios? ¿Se refieren a una madre metafórica? ¿O no tan metafórica como Gea o la Tierra, por ejemplo? ¿Es una referencia al Estado del Bienestar? ¿Es el primer capítulo de otro que dirá algo así como “Pasa y despídete”? Al final resultará que, como siempre, el medio era el mensaje. Aunque reconozco que el mensaje que más aborrezco es aquel que desde mi infancia más adorna nuestras paredes: “Prohibido fijar carteles”.




jueves, 18 de agosto de 2011

Volver a las tablas


Leer el Juan de Mairena como si fuera un Libro de horas, por lo que tiene de entrega a él. O hacerse acólito del mismo como si consistiera en un Tratado del saber vivir, por aquello de que uno necesita la ironía y la paradoja. Y hallar de pronto este párrafo:

“…Es la dramática un arte literario. Su medio de expresión es la palabra. De ningún modo debemos mermar en él los oficios de la palabra. Con palabras se charla y se diserta; con palabras se piensa y se siente y se desea; con palabras hablamos a nuestro vecino, y cada cual se habla a sí mismo, y al Dios que a todos nos oye, y al propio Satanás que nos salga al paso. Los grandes poetas de la escena supieron esto mejor que nosotros; ellos no limitaron nunca la palabra a la expresión de cuantas naderías cambiamos en pláticas superfluas, mientras pensamos en otra cosa, sino que dicen también esa otra cosa, que suele ser lo más interesante.”




Si eso es así, uno piensa que deberíamos tomar como ejemplo a esos artistas. Y esforzarnos en que la dramática cotidiana de nuestras vidas se elevara algo más con la palabra bien utilizada. Vivimos ordinariamente una inercia de las palabras, lo cual nos conduce ineludiblemente a un agotamiento por vaciedad, repetición o pérdida de significado. Si las palabras pierden significado en nuestro interior y en su uso con los demás lo que está retrocediendo es el sentido de las cosas. Y la sensatez se ausenta, la interpretación empieza a mostrarse extraña, la cordura ingeniosa se devalúa, el diálogo, el interior y el exterior, se torna monólogo de sordos. ¿Por qué se despilfarra tanto la palabra? ¿Por qué se la traiciona? ¿Por qué no es hacedora de entendimiento en lugar de escupitajo distante? Se me dirá: es que hay palabras y palabras. Sí, pero no me refiero a su variedad y cuantificación. Me refiero a la calidad de la palabra. A su recuperación para la cohesión en la tribu. Y para el aplacamiento de las turbulencias. Como dice el maestro, abundamos en un tiempo y en un mundo donde la nadería y la superficialidad se imponen al esfuerzo mental, a la indagación y al argumento aproximativo. Mamá, yo quiero ser artista de las tablas. Al menos ellos decían con más intención lo que había que decir y lo que los espectadores tenían que escuchar, aunque antes nadie se lo hubiera dicho.



(Las pinturas son obra de la pintora gallega B. Santos, http://santoslavandeiras.artelista.com/)

sábado, 13 de agosto de 2011

Cuando Tel Aviv vibra


Leo esta parrafada del maestro, tan irónica como paródica, y pienso en ella por lo que me afecta: “El escepticismo pudiera estar o no estar de moda. Yo no os aconsejo que figuréis en el coro de sus adeptos ni en el de sus detractores. Yo os aconsejo, más bien, una posición escéptica frente al escepticismo. Por ejemplo: «Cuando pienso que la verdad no existe, pienso, además, que pudiera existir, precisamente por haber pensado lo contrario, puesto que no hay razón suficiente para que sea verdad lo que yo pienso, aunque tampoco demasiada para que deje de serlo». De ese modo nadáis y guardáis la ropa, dais prueba de modestia y eludís el famoso argumento contra escépticos, que lo es sólo contra escépticos dogmáticos.”



Que el escepticismo siempre me ha parecido un recurso defensivo y sabio ante tanta credulidad y tanto agobio, no me cabe duda. Pero es cierto que a veces uno teme verse envuelto en la espiral de perderse en la duda eterna, desfigurar los hechos y apartarse de sus secuencias inevitables. Es verdad que los medios de comunicación  -nunca me cansaré de citarlos y criticarlos-  generan presión, excesivas palabras vanas y escasos argumentos de ciudadanos con criterios constructivos. Pero también los hay, pocos pero los hay, en algún rotativo que otro. 



Que la violencia acapare portadas se justificará con que es noticia. Dejo la discusión para otro momento sobre los criterios que el periodismo corto y de negocio tiene sobre la noticia. Y así, estos días, toca tragar las revueltas londinenses, con escasez de análisis válidos y de perspectiva amplia. Esa sensación de que lo malo acapara portada y lo bueno pasa a páginas interiores, si pasa y en menor medida, es uno de los factores que alimentan mi escepticismo respecto a leer medios informativos. Hace unos días, previamente al estallido de violencia en Londres, tuvo lugar algo que me parece de una entidad digna de resaltar en portada y de prestar una atención más prolongada. Se trata de las manifestaciones masivas en Israel, al estilo del 15M,  de carácter pacífico, vindicativo y laico. Contra el aumento del precio de las viviendas, el coste de la vida, el deterioro de la asistencia pública, de las inversiones sociales,  y en defensa de una calidad  de vida digna de los ciudadanos de infantería de ese país. Bien, dicen que suscitó acogida principalmente entre clases medias que van siendo empobrecidas  -como parece ser la tónica en todas partes-  por las medidas de ajuste de todos los gobiernos. Los mismos que causan previamente el despilfarro y los gastos desmesurados para enriquecimiento de sus amigos los industriales y financieros.





Que hayan tenido lugar esas protestas cívicas en un Estado extraordinariamente militarista como es Israel, donde el presupuesto de defensa y de seguridad se lleva una tajada impresionante, con unos márgenes democráticos a veces deficitarios (en nombre de la defensa del Estado el Gobierno de turno limita lo que le place) y reservados a los que considera solamente sus ciudadanos, puestos que los palestinos de paso son sólo súbditos, y donde el peso del sionismo sigue condicionando una libertad superior, me parece digno de que se le preste atención. Fueron unas manifestaciones exigentes pero hacedoras de paz, y hechos así debe hacer concebir esperanzas de cambio en todo tipo de sociedades. Y sin embargo, la noticia, verdadera y loable noticia, ha durado lo que un pastel a la puerta de un colegio.



Cuesta no ser escéptico, de ahí que ese juego machadiano de proponer ser escéptico del escepticismo me parezca no sólo válido sino sugerente. Para evitar una parálisis de la conciencia y un inmovilismo en los actos. Algo se mueve en el mundo que ha tiranizado el capital a sus anchas que nos remite a pequeñas briznas de fe hacia otra manera de vivir el reparto de la riqueza. Mas mi lado escéptico me dice que el túnel es aún demasiado largo y que acaso la salida quede lejos. Mi parte más escéptica de lo escéptico apostilla: si la hay.




(Las fotografías de las esculturas provienen de http://joachimmalikverlag.blogspot.com/  y son representaciones de los capiteles del Monasterio de las Dueñas, en Salamanca)




sábado, 6 de agosto de 2011

La resurrección de Claude Eatherly o 66 años de Hiroshima

(Claude Eatherly en fotografía de Avedon)


Sesenta y seis años de la barbarie de Hiroshima. Conceder un minuto siquiera de nuestras vidas al recuerdo de aquella obscenidad sangrienta por la que el Imperio norteamericano no llegó a pedir perdón jamás, que yo sepa. Unas obscenidades no suplen a otras, como unos crímenes no anulan los anteriores. También es la historia de un hombre que vivió traumatizado el resto de sus días. Claude Eatherly, piloto de uno de los aviones que participaron en la operación, el que tenía que proporcionar información precisa sobre el objetivo. Tras el crimen la personalidad de Eatherly no fue ya la misma. Pero se elevó por encima de las trampas de la administración militar norteamericana y por encima de su propia crisis interior que le hundió en psiquiátricos. ¿Hasta qué punto lo logró?



Ni siquiera la correspondencia que mantuvo con el filósofo  austríaco Günther Anders (o mejor dicho, de éste con aquél) nos responde con exactitud. Pero a través de esa correspondencia, el piloto Eatherly pudo afrontar su crisis. Aunque ya había cosas que vio con claridad desde el primer momento. Lo claro es lo que turba muchas veces, sobre todo si se siente uno impotente para tomar decisiones y sentirse, por lo tanto, libre.

“…solamente tenemos una vida, y si las experiencias de la mía pueden contribuir al bien de la humanidad, ése ha de ser su fin: no el dinero o la fama, pues yo debo a todos una explicación. Si actúo de este modo, mi vida será un continuado acto de reparación y me sentiré liberado de mi culpa. De estar ligado a otros fines, el dinero que pudiese obtener me recordaría las 30 monedas de plata que recibió Judas Iscariote a cambio de su traición. (Por lo demás, evidentemente siempre me pareció que el verdadero culpable del asesinato legal de Jesucristo fue el sumo sacerdote Caifás, el representante de la gente respetable y buena, en un sentido convencional, de todas las épocas, también de la nuestra) Aunque a esta  gente no se le pueda reprochar lo mismo que a Judas, también ella es culpable, pero en un sentido más sutil y profundo. Es precisamente esto lo que hace tan difícil que la sociedad comprenda el sentido de mi culpa, que yo reconozco desde hace mucho tiempo. La verdad es que la sociedad no puede aceptar mi culpa sin reconocer simultáneamente en sí misma una culpa mucho mayor…” 



Con esta sencillez y claridad expresaba Eatherly en una de sus cartas el fondo de la cuestión que estaba viviendo. Al entrar en la dinámica de la correspondencia con Anders lo hacía también con infinidad de personas que se dirigían a él desde muchos países, principalmente desde Japón, estimulándole y apoyándole en la lucha sin igual contra su mala conciencia y contra la proliferación de armas nucleares.

“…intento dar respuesta a todas las cartas que escribo. Creo que la correspondencia personal es el mejor camino para lograr que los hombres de todos los países del mundo se comprendan. Todos los hombres son iguales (all mankind is alike) No creo que existan líneas divisorias entre los pueblos, el único camino que puede conducir a la paz es la fraternidad y la comprensión mutua, no la guerra. Muchas de estas cartas las escriben jóvenes japoneses. En ella me cuentan que hacen todo lo posible para detener la proliferación de las temibles armas actuales, y que para ellos mis escritos son una especie de estímulo. Esto me hace muy feliz”, comentaba en otra de sus cartas con el filósofo.



¿Quién podría disputarle su esfuerzo y su clarividencia? ¿Un punto de contrición da al hombre la salvación, que se dice en el Tenorio? Y de no haber participado en primer plano en la barbarie, ¿mantendría esa actitud crítica y rigurosa sobre el peligro de nuestros tiempos modernos y del abuso de poder con el armamento destructor de que actualmente se dispone por parte de los gobiernos? Le confesaba a Günther Anders en otra misiva:

“…Nunca sabrás cuánto he necesitado a alguien como tú para mantener vivas mis convicciones. Para la mayoría, mi rebelión contra la guerra es una forma de locura. Pero no hubiese podido encontrar otra manera de explicar a los hombres que una guerra atómica no sólo trae consigo destrucción física, sino que también desmoraliza al ser humano. Me da completamente igual qué piensen los hombres de mi moralidad, si de esta forma puedo causarles perplejidad y lograr que comprendan que no pueden volver a hacerse esto a sí mismos ni a sus hijos”.




¿Quién puede dudar de la entidad ética, del riesgo en su salud y el desprecio en su honor que padeció durante años Claude Eatherly por discrepar y no callar sobre la barbarie contra la población civil de Hiroshima y Nagasaki? Sesenta y seis años después, junto a las víctimas del holocausto causado por Estados Unidos en Japón, el piloto arrepentido bien merece el homenaje de nuestra memoria.


(Las fotografías son obra del artista japonés Eikoh Hosoe)



jueves, 4 de agosto de 2011

Más allá del límite de la tontería

(Montaje de Andrzej Polakowski)


Que las cosas que se dicen y se escriben no son necesariamente verdades, es algo que aprendimos algunos hace tiempo. Que, no obstante, mucha gente gusta de aceptar esas transferencias de la palabra, dándoles igual lo que contienen de luz o de tinieblas, sin valorar ni distinguir lo que hay de excelencia y de perverso, y pacen de manera abundante en ellas es un hecho innegable. El maestro Juan de Mairena, cuya sapiencia estaba fuera de toda duda, volvería a ratificar lo que en sus tiempos opinó:

Señores: nunca un gran filósofo renegaría de la verdad si, por azar, la oyese de labios de su barbero. Pero esto es un privilegio de los grandes filósofos. La mayoría de los hombres preferirá siempre, a la verdad degradada por el vulgo –por ejemplo: dos y dos, igual a cuatro -, la mentira ingeniosa o la tontería sutil, puesta más allá del alcance de los tontos.

Un discípulo de Mairena hizo – al día siguiente – algunas intencionadas preguntas a su maestro: "¿Cómo puede un hombre poner la tontería más allá del alcance de los tontos, es decir, más allá de sí mismo? Si, como usted nos enseña, la tontería del hombre es inagotable, ¿dónde pondrá el hombre la tontería que su propia tontería no le alcance? Y, en general, ¿cómo puede una cosa ponerse más allá de sí misma?”


(Montaje fotográfico de Gilbert Garcin)


Es probable que el maestro replanteara la pregunta y la matizara un poco más, de vivir ahorita mismo. O bien arriesgara respuesta, tentado por los cambios formales. Pues resulta obvio que el número de mentiras ingeniosas y de sutiles tonterías han crecido sobre manera. Yo diría incluso: cada vez hay más mentiras escasamente ingeniosas y hay que ver cómo entra la gente al trapo. Y la calidad de las tonterías no se ven tan sutiles ni delicadas, sino que más bien se muestran cutres y ruines. Pero a la gente parece no importarles.


(Grabado de Francisco de Goya)


¿Qué prueba aporto? Simplemente una: la televisión. A partir de esta tecnología socializada e interiorizada en la médula de los individuos, se despliega desde los embustes de la publicidad, pasando por los falsarios programas del corazón, siguiendo por las tramas pseudo dramatizadas sobre gente que no vale un real y concluyendo en los debatillos empobrecidos y partidistas sobre la cosa pública. Naturalmente, hay otra característica implícita al poderoso medio de nuestro tiempo: la ocultación de los hechos desnudos, el vivir a espaldas de las realidades sociales, el no traspasar la falacia del concepto noticia que esconde las verdades y vende las mentiras. Sí, la tontería se ha puesto al alcance de los tontos más allá de su tontería. La tontería, me atrevería a aseverar en nombre del maestro, es una autopista por donde circula la grey, sin ton ni son. No les bastaba la propia que diariamente les da por tomar más dosis. Y si no, deduzcan. Observen cómo viven, qué compran, cómo se comportan en sus conductas habituales, de qué hablan, de qué se inhiben, qué vendas se ponen y qué concesiones están haciendo al todopoderoso mercado sin que parezca importarles un rábano.

(Montaje de Gilbert Garcin)



sábado, 30 de julio de 2011

El silabario moderno


Una de las buenas señales de la edad es que ante las estampas del pasado seamos capaces de esbozar una sonrisa. Bueno, en algunos casos hasta una carcajada sana y expectorante. Éste es el caso de ahora. Abrir mi primer libro escolar tiene un efecto embriagador sobre mí. Se llamaba Silabario moderno para más inri. No es nostalgia ni melancolía, que si quisiera podría serlo. Es emoción porque con él aprendí a leer y en parte a escribir. Es afecto subliminal, porque a través de la contemplación del silabario reconozco el esfuerzo de una parte de los maestros y sobre todo de mis padres. Es sorpresa por rememorar aquel pensamiento (?) oficial del país convertido en cementerio cultural, físico y social. Es vergüenza, al comprobar el simplismo y la mediocridad de los textos que se llevaban, absolutamente serviles. Es paradoja, porque ahora es cuando uno se da cuenta de lo lejos que está de lo que representaron y representan esos dos pilares que se creían fundamentales y eran de barro, aunque tanto daño causaron. Uno de esos pilares (que cree serlo) persiste todavía, camaleón adaptado a los tiempos y a los negocios, predador que sigue su tradición instintiva y fiera. 



Pero las estampas de los dos personajes de carne y hueso, hoy cenizas y ayer desolación, son secundarios afortunadamente. Aunque los recambios siempre están prestos. El sucesor actual del señor del birrete vendrá en agosto a que sus acólitos le rindan pleitesía. Eso sí, a cargo del erario público. Que una cosa es predicar y otra recibir las prebendas del Estado Español. Pero lo que me hace reflexionar es la tercera estampa. Esa que habla de la antigua provincia romana que ha dado muchas idas y vueltas sin lograr ser una unidad de destino no ya en lo universal sino ni siquiera en la propia convivencia de sus moradores. De las cuatro preguntas tan antipedagógicas como inductivas que se hacen en la página con objeto de que el niño saltara en un grito de guerra y exaltación patriotera me hace gracia especial la primera. Por lo imprudente. ¿En base a qué podían afirmar los guionistas que el esquema de la célula pudiera ser  trasladado al poblador español? Nacer, vivir, morir. En su propia tierra. Ignorando las cárceles, el exilio político y las emigraciones sociales que vendrían después. Muy kitsch a estas alturas el librito. Como éste habrá una larga colección de catones, primeros y segundos pasos. Quien los tenga, que los retenga. Son una fuente de reflexión en la distancia. Nos permite comprobar que al hacernos mayores hemos logrado cierto grado de tolerancia y de superación del infortunio. ¿Servirá para prevenir el futuro?


jueves, 28 de julio de 2011

El sabio Joan Vernet y los árabes en España



Uno no quisiera que se cumpliera en su propia carne como una revelación aquella sentencia del maestro Juan de Mairena:

“La posición del satírico, del hombre que fustiga con acritud vicios o errores ajenos, es, generalmente, poco simpática, por lo que hay en ella de falso, de incomprensivo, de provinciano. Consiste en ignorar profundamente que estos vicios o errores que señalamos en nuestro vecino los hemos descubierto en nosotros mismos, en desconocer el proverbio a que antes aludíamos, y en olvidar, sobre todo las palabras del Cristo, para conservar el alegre ímpetu que apedrea a su prójimo.”



(El sabio Joan Vernet)

Por eso al acometer mis críticas hoy no me voy a distanciar y me voy a incluir, participando de ese vicio de la autoflagelación a la que somos dados tantas veces, pero más allá de la cual no somos muy finos a la hora de presentar alternativas de conducta y menos soluciones de pensamiento. Y toda esta perorata viene a cuento de que la muerte hace unos días del importante arabista Joan Vernet me ha hecho reflexionar una vez más sobre el olvido e incomprensión que hemos tenido secularmente los españoles sobre otros españoles del pasado: los árabes. Casi ocho siglos, de realidad de la cultura árabe en la península, con una extensión mayor o menor que fue fluctuando y mermando, es mucho tiempo como para ignorar que nos dejó un legado vasto, avanzado y sustancial para el desarrollo de los reinos y estados medievales, los españoles y los europeos.


De ello habla con extensión y conocimiento Joan Vernet en su imprescindible obra Lo que Europa debe al Islam de España. Por una parte, el mundo árabe recogió la herencia de la antigüedad clásica . Materias como la numeración de posición, la doctrina astrológica de las conjunciones, los estudios de Dioscórides, el latín y sus traducciones al árabe demuestran que hicieron de vehículo de los saberes antiguos. Desarrollaron los conocimientos de filosofía, ciencias ocultas y matemáticas, astronomía, óptica, astrología, alquimia, medicina, geología, náutica, zoología, cultivos y riegos en agricultura, así como caligrafía, arte y narrativa. ¿Qué más se puede pedir? En su paso consolidado por nuestra península su aportación fue clave en el desarrollo posterior de las culturas occidentales.





Conclusión. No sé si España es un país ingrato, irresponsable o simplemente ignorante. Ingrato por no reconocer, aun a sabiendas de que se posee un acervo fundamental, el papel de las culturas que se asentaron en ella, principalmente la árabe. Irresponsable, porque si conoce esa aportación, hacen poco las autoridades institucionales y académicas por  difundirla entre sus ciudadanos y reconocer su decisiva influencia. Y como efecto de ambas actitudes se produce un desconocimiento e ignorancia que nos hace menos comprensivos y tolerantes no sólo con los que llegan, sino con nuestra propia experiencia del pasado. Por mi parte, estoy leyendo algunos trabajos de Vernet siquiera sea para saldar, en mi modesta escala, una cuenta pendiente de conocimiento y gratitud con aquella cultura aportadora. Mi agradecimiento al sabio recientemente fallecido.

martes, 26 de julio de 2011

Un hijo de la tribu



¿Somos ciudadanos o miembros de la tribu? Cuando tutsis y hutus se mataron en una sangría atroz Occidente habló despreciativamente de guerras tribales. Es África, todo es posible, dijimos. ¿No fueron tribales también las guerras balcánicas? Pero no se las llamó así. Ni siquiera sé si las llamaron de alguna manera. Ah, sí, dijeron que era producto de la descomposición de la URSS. Pero había algo anterior, latente, tribal y enconado que salió a relucir a sangre y fuego. Y en la primera y segunda guerra mundial, ¿no había bajo el epíteto de enfrentamiento de naciones una pugna tribal a gran escala? No nos engañemos. Las naciones son tribus o asociaciones de tribus que han crecido, articulado un Estado y siguen dirigidas por clanes de envergadura superior. Pero el espíritu tribal permanece. Y la parte destructiva y cainita aparece por doquier, incluso retomando antiguos símbolos en desuso y clamando con voces de violencia nada nuevas.


Uno tiene la sensación de que la matanza noruega tiene algo o mucho de enfrentamiento tribal. La apariencia  -y en ella se basará el abogado del asesino múltiple y la ultraderecha bienpensante-  es que se trata de alguien que ha perdido el sentido, que se ha trastornado. Pero, aunque hubiera algo de esto, que nunca es sólo así de simple, ¿es que acaso alguien que se trastorna no tiene un componente de reacción política cuando comete un crimen tan execrable como bien elegido y dirigido? Sí, bajo la apariencia de una decisión personal  -está por ver si no hay más organización detrás-  han salido a relucir dos mundos. El de la intolerancia llevada a un extremo sin igual por el pensamiento, si se le puede llamar así, incendiario de la ultraderecha y el de la gente que trata de construir, con mayor o menor acierto, sistemas de relación de convivencia y de progreso. Los nuevos tiempos, con su asunción de inmigrantes, recomposición de fuerzas sociales, aceptación de reglas de juego supranacionales y cambios en la economía mundial, está llevando hacia formas que exigen adaptación, concesión y sentido común. Pero muchos no lo ven así. Muchos se aferran a lo caduco e intransigente. No sólo se trata del asesino noruego, sino acaso de un sector de su sociedad que está ya mamando de arriesgados presupuestos fanáticos que no resuelven los problemas pero que sí alarman, fomentan enfrentamiento y ganan posiciones a través del voto democrático.


Ignoro el papel que los medios de comunicación y los partidos juegan en Noruega. Si son semejantes a unos cuantos de los que funcionan en España, están apañados. Ciertos partidos y ciertos aparatos de propaganda con pretensión periodística llevan fomentando aquí no tanto el debate y la sana discrepancia, como el envenenamiento de las conciencias en base a la desinformación, a las calumnias, a la intolerancia más agresiva y a las apologías de la muerte de la democracia. La provocación es la actitud continua de ciertas organizaciones y medios. ¿Es posible la convivencia si continúan con esas prácticas? Si algún día aparece un trastornado inteligente cometiendo alguna fechoría como la de Noruega, ¿nos escandalizaremos? Claro que sería peor que el trastorno fuera colectivo, producto de alguna de esas tribus que no quieren adaptarse a los tiempos o que consideran que España es su finca particular. En fin, ¿cómo consideraríamos al asesino de Noruega? ¿Un hijo de la tribu? Y sin embargo es también hijo de su cultura y de su civilización. Deberíamos repensarnos en Occidente qué es lo que no hemos superado de tribal y qué es lo incumplimos de cultura del Derecho. Deberíamos revisar nuestro pensamiento y nuestras aspiraciones. Claro, suponiendo que quede tiempo para ello.




Las espléndidas y sorprendentes imágenes son del artista checoslovaco Michal Macku


sábado, 23 de julio de 2011

Recuperando a Brosio




¿Quién dijo que de la cárcel sólo se sale delincuente o redimido? También se sale pintor. Al menos eso fue lo que aconteció con Ambrosio Ortega, Brosio, que desde 1947 hasta 1970 estuvo en las cárceles franquistas por colaborar con el maquis, la resistencia guerrillera que trajo en jaque a Franco durante unos cuantos años en las montañas de diversas regiones españolas. Y gracias, ya que fue el precio que tuvo que pagar por serle conmutadas dos penas de muerte, debido a presiones internacionales. Hay quien dice que fue el preso de la dictadura que pasó más tiempo encarcelado. Lo traigo a colación por dos razones: porque todavía puede verse una exposición de su obra en el Museo de la Siderurgia y de la Minería de Sabero (León) hasta mediados de agosto. Y porque es una de esas figuras sorprendentes y anónimas cuya vida y obra no te deja indiferente.



¿Cómo es posible que pintara un hombre de tradición minera y de ejercicio resistente? ¿Cómo es posible que lo hiciera de la manera que lo hizo? Azar, tal vez. Aptitud, habilidad y circunstancia, probablemente. La esencia del autodidacta. La mina, que llevaba en el tuétano desde su infancia, fue uno de los temas fundamentales de su obra. Una vez dijo a un periodista que la mina y la cárcel tenían puntos en común, que eran lugares donde sobrevivir era difícil, pero también una hazaña. También matizaba: sólo diferencia a la cárcel y a la mina la libertad, que no es poco. Así que también la  cárcel y el campo castellano son motivos de sus pinceles. El valor del encierro y el valor de la libertad configuran pues los temas de trabajo.



Encuentro en un texto de José Luis Viñas titulado Los hermanos oscuros, la siguiente recesión sobre el pintor palentino:

"Ambrosio Ortega Alonso (nacido en 1923 en Barruelo de Santullán provincia de Palencia). fue detenido en 1947 por pedir ayuda pública para la guerrilla en la plaza de un pueblo; en realidad era ya entonces un organizador del “Maquis” en el Norte de Palencia, además de trabajador en la mina. No fue liberado hasta 1970, el año del proceso de Burgos. En los veintitrés años de presidio pasó por multitud de cárceles, fue condenado a muerte, se evadió del penal de “El Dueso” y recibió un castigo colectivo en Teruel, que luego no fue tal. También le dio tiempo a aprender a pintar, adoptando el pseudónimo de “Brosio”. En la década de los setenta comenzó a realizar exposiciones en varias ciudades españolas: Gijón, Oviedo, Barcelona. Sus acuarelas de tonos fríos e iridiscentes, pobladas por anónimos mineros que escarban la tierra como siluetas sombrías no dejaron indiferente al mundo artístico de la época. No es de extrañar; aún hoy conmueven por su extraordinaria calidad y hondura.



Brosio llegó a ser retratado por Alberto Schommer, que recibió del periódico ABC el encargo de fotografiar a 6 pintores; eligiendo además de a Dalí, Miró o Tápies, a Brosio; le fotografió con el torso desnudo, llevándose las manos a la cabeza y entre pinceles que parecen barrotes o andamios. Es un retrato magnífico, de hecho uno de los mejores del afamado fotógrafo. Pero a principio de los años noventa Brosio despareció para el mundo, un accidente doméstico estuvo a punto de costarle la vida. Una galería de Nueva York acababa de mandarle una carta interesándose por su trabajo. Y es ahora, cuando siendo ya muy anciano, comienza un tímido reconocimiento a su figura: un homenaje en su pueblo natal, Barruelo de Santullán; alguna exposición en salas que él no merece, algún artículo suelto. Si este país fuera distinto, Brosio sería tan conocido como Zoran Music (un artista cuya trayectoria guarda ciertas similitudes con la suya). Desgraciadamente, a injustos no nos gana nadie. Brosio es hoy un pintor desconocido para la intelligentsia artística española. ¿Hasta cuando lo va a ser? Este “hermano oscuro”, carne de presidio y de tortura, se sentiría muy identificado con cualquiera de los animalitos que giran en la rueda del Tarot. De hecho sus siluetas mineras tienen algo de impersonal, algo que recuerda curiosamente mucho a la obra de una joven artista americana muy a la moda: Kara Walker. Claro que en vez de sombras inspiradas en la cabaña del Tío Tom tenemos mineros palentinos, y eso no gusta tanto a los museos, galeristas y críticos. Las sombras de Brosio nos acechan desde la proximidad echando su aliento helado sobre nuestra nuca, y eso a la intelligentsia no le hace ninguna gracia."



Las imágenes pictóricas son obra de Ambrosio Ortega, Brosio. Adjunto enlace con una entrevista al pintor.



jueves, 21 de julio de 2011

Devaneo nocturno nº 1

(Composición fotográfica de Gilbert Garcin)


¿Nos damos cuenta de que nos pasamos los días hablando del mundo como si lo aprehendiéramos? Da igual que sea sobre sucesos de carácter mundial o local como si es sobre temas familiares. Creemos conocer lo que hay. Nos pensamos que sabemos de esos sucesos porque oímos, y acaso escuchamos, la radio y la televisión, y porque hojeamos, acaso leemos, los periódicos. Pero ¿nos damos cuenta de que en realidad delegamos en intermediarios (el periodismo de empresa) que configuran y reconvierten una parte de la realidad en lo que llaman noticia? De manera análoga, nos parece saber de los problemas de amigos o familiares, basados a su vez en confidencias a varias bandas, muchas veces contradictorias. Pero frecuentemente lo que nos llega de la vida de los próximos es murmullo, información secundaria, relación de pequeños hechos aparentes. ¿Qué sabemos del vecino? Nada. Un detalle que siempre me hizo pensar. Cuando un miembro de alguna familia ha decidido de improviso poner fin a sus días voluntariamente (con su dosis de enajenación a cuestas, naturalmente) los familiares y conocidos suelen manifestar después que no lo pueden entender, que no se lo esperaban, que era un chico o un señor normal, incluso que nunca había manifestado motivos. ¿Es eso conocer al que tenemos al lado?


(Composición fotográfica de Gilbert Garcin)


Disculpad el ejemplo, que no es precisamente aleccionador ni estimulante a la hora de la noche (tenebrosa o no está en la mente de cada cual) Creemos tener el mundo al alcance de nuestro conocimiento, pero si te paras a pensarlo son más las dudas que las certezas las que nos asaltan. Quien se conforme con el primer cuento que le cuenten, malo. Da todo (de su personalidad, de su vida) a cambio de nada. No, no digo que no haya que tratar de informarse. Pero hacerlo no es oír el ruido, de unas voces, de un pasar unas páginas de tabloide, de los destellos de un tubo catódico. Informarse es preguntarse. Tal vez deberíamos empezar a acostumbrados a cazar al cazador. A cuestionar las informaciones, a devolver los discursos, a boicotear las exhibiciones públicas de políticos y empresarios de toda laya. ¿Qué sabemos realmente de lo que se cuece en las alturas de los que detentan poder (en nombre de las sociedades, para más coña)?   Que nos digan que se han reunidos los grandes X para adoptar las medidas Y, que no entiende el común de la ciudadanía, ¿sirve para algo? De hecho no sabemos ni lo que se mueve detrás, ni cómo ni en qué dirección. Francamente, a uno que flojea en sus neuronas en esta nocturnidad le da en pensar que los individuos no hemos sido elegidos para que la aristocracia de hecho nos obsequie con las revelaciones. Ellos prefieren la masa, ese ente abstracto y genuinamente manipulable, que traga, concede y soporta todo lo que le echen.

 


Como conclusión ahí va ese poema de León Felipe, para que alivie y no quiten el sueño mis palabras incómodas.

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan solo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo sé muy pocas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.


miércoles, 20 de julio de 2011

Ciudadano Kane cabalga de nuevo


No sé si el transnacional y superciudadano Rupert Murdoch acabará sus últimos días pronunciando aquella palabra misteriosa del ciudadano Kane: Rosebud, Rosebud…aludiendo con ella al recuerdo de la infancia perdida. Infancia en que Kane y supongo que Murdoch serían más felices, como todos. ¿O no? Porque la vida depara reacciones inversas a las vividas inicialmente. No sé si es el caso de Murdoch, creo que no, pero hay que recordar que muchos magnates de los negocios empezaron como porqueros o repartiendo periódicos por la calle. Esos orígenes humildes, ¿les ha hecho más comprensivos cuando han tenido poder e influencia? Probablemente no. La dureza de los comienzos les volvió duros para sobrevivir en la selva competitiva de los negocios. En ese camino perdieron la noción de las reglas de juego, de la ética y probablemente de la sensibilidad.







Y es que el todo vale parece haber sido la tónica en la prensa y en la televisión del magnate australiano Murdoch. Que se ha concentrado precisamente en un tabloide con una tirada de dos millones largos de ejemplares donde el planteamiento sensacionalista, la información deformada y la información obtenida con lo que sutilmente se llaman malas prácticas era el nutriente ¿o hay que decir bazofia? que se daba a los que compraban ese periódico.  Pero lo más relevante en este caso no es tanto lo que suponía ese rotativo, que ya era sabido e incluso denunciado por otros sectores de la prensa más limpios, sino hasta dónde ha sido capaz de intervenir e interferir en la vida privada de los individuos y cómo ha utilizado a altos cargos de la policía y probablemente del gobierno para lograr sus fines. En ello están en estos momentos los ingleses, y el primer ministro Cameron volviendo corre que te corre a ver si controla la jugada, por si le huele también el culo a pólvora, ya que hay indicios de que los secuaces británicos de Murdoch podrían haber puesto en un brete al premier.




Lo que le hace pensar a uno es que ciertos planteamientos de prensa y ciertos procedimientos para obtener informaciones son algo más extendido por ese mundo de la pretendida información objetiva que en las propiedades mediáticas de Murdoch. Los medios y programas  sensacionalistas existen porque la gente los demanda, dicen los propietarios de esos medios. Y hasta cierto punto tienen su razón. No hay más que ver el seguimiento de audiencia de los programas rosas, amarillos y negros (tertulias pretendidamente políticas) que abundan en el panorama deprimente de la televisión en España.  Entrar en la actitud media de la población que se cuelga psicológica y mentalmente es harina de otro costal, aunque con evidentes dudas sobre el nivel cultural medio y de felicidad de nuestras sociedades.



Pero lo que a un ciudadano le debe preocupar también es cómo en la oscuridad de sus maniobras los del cuarto poder tienen a veces cogidos por las gónadas a políticos y gobernantes en general. Citizen Kane lo hacía y los actuales magnates de la prensa no se quedan atrás. Digamos que hay incluso una relación interactiva, de retroalimentación, entre los medios y los gobernantes.  Estos dicen: yo te doy  -publicidad, subvenciones, favores particulares-   a cambio de que me trates bien, hables mucho de mí, contrates a comentaristas de mi cuerda, etc.  Y todo eso, ¿para qué? Tanta influencia, capacidad de decisión y poder económico y político, ¿para qué? ¿Para acabar los días invocando el nombre de un trineo de tu infancia o del primer fuerte de indios que tuvieron?




Nota Bene. No quiero dejar de recordar que cierto personaje que fue presidente del gobierno español por el partido de la derecha durante ocho años está ahora a nómina de News Corp, perteneciente al señor Murdoch. Ese personaje que anda conspirando permanentemente en los foros conservadores y ultraderechistas de Estados Unidos contra la democracia española es consejero de la citada empresa y percibió en 2010, según informa la prensa, 220.000dólares (171.300 euros) Patriotismo de guante blanco siempre.





(Las imágenes pertenecen a la película Ciudadano Kane)