Es probable que los Carnavales de hoy tengan más de fashion que de celebración contracultural y sobretodo de reacción contra la norma moral y de obligado cumplimiento (con la Santa Madre dirigiendo las vidas de sus hijos) que gobernaba la vida española de nuestros antepasados. Hoy se rescata el valor etnográfico en unos pagos y la ganancia fácil en otros, vía turismo y gremio hostelero. Pero ya no tiene el alcance que tuvo en el pasado, del cual dio buena cuenta Goya y sobre todo, ya en la primera mitad del siglo XX, José Gutiérrez Solana.
Ni siquiera Antonio Machado podía ser ajeno a la obra espectacular, deformadora, expresionista a su manera y única que el pintor cántabro desarrolló. Puesto que los cuadros, bien lienzos o simples dibujos, desarrollaron ampliamente el tema del carnaval, Machado también tuvo que decir. Y leemos en Los complementarios:
“Este Goya necrómano o, lo que es igual, este antípoda de Goya, pinta con insana voluptuosidad lo vivo como lo muerto, y lo muerto como lo vivo. Mas hemos de perdonarle su insania en gracia a lo valiente de su pincel. Este realismo de pesadilla que anima trapos, calaveras y maniquíes y amortigua los rostros humanos exaltando cuanto hay en ellos de terroso e inerte, es el sueño malo del arte español, tal vez la visión complementaria de nuestra vigilia estética. Añadamos un poco de fiebre al ingenuo naturalismo que pasa con planta segura, de la materia vista a la materia soñada, sin pisar un momento en lo ideal, y tendremos ese equívoco expoliarium de la pintura de Solana”.
He leído por alguna parte que puede que esa obsesión por las figuras carnavalescas, las máscaras y los disfraces en la obra de Gutiérrez Solana estuviera marcada porque de niño le impactó la irrupción en su casa de un grupo de disfrazados. Más esotérico sería considerar que Solana nació en un domingo de Carnaval, pero aun y todo no deja de ser chocante. Dice al respecto Manuela B. Mena en un artículo sobre Solana y su mirada goyesca:
“…El carnaval de Madrid de finales del siglo XIX y principios del XX, tenían unas características especiales, de gran agresividad visual, según todas las referencias de la época. Las máscaras de deformidad animalesca y las destrozonas con sus mandiles y escobas imponían en las calles una estética violenta, lejana de la fiesta en otras regiones, como en Andalucía, y, desde luego, en otros países, en los que el goce de los disfraces y máscaras fue entendido de forma muy diferente, como había hecho ver, por ejemplo, Tiépolo y sus escenas del carnaval veneciano.”
Y es aquí, precisamente, donde siempre aparece la diferencia española. Algo de especial violencia y virulencia nutría la manifestación contracultural carnavalesca, al menos en las ciudades. Probablemente, las gentes de la baja y media sociedad que tomaban las calles precuaresmalmente no se gastaban dineros en sus disfraces. Y estos eran una deconstrucción brutal, tanto en vestimentas como en rostros ocultos, que les volvía más tenebrosos. Si a eso se le añadía la exposición pública de hombres con capirotes (¿antiguos reos del sambenito impuesto por la Inquisición?) la imagen tenebrosa debía mantenerse en la tradición de la España más negra y desgarradora.
El caso es que después de tanta historia, el carnaval, creo, lo disfrutaba antes más la gente, por lo que oí a mi madre, amiga de los disfraces. Una fiesta como otra cualquiera, pero en este caso, para no quitarse la careta. Muy bueno todo lo de Goya, faltaría más..
ResponderEliminar...traigo
ResponderEliminarsangre
de
la
tarde
herida
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...
desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ
COMPARTIENDO ILUSION
MACHADO EN COLLIOURE
CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...
ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE CHAPLIN MONOCULO NOMBRE DE LA ROSA, ALBATROS GLADIATOR, ACEBO CUMBRES BORRASCOSAS, ENEMIGO A LAS PUERTAS, CACHORRO, FANTASMA DE LA OPERA, BLADE RUUNER ,CHOCOLATE Y CREPUSCULO 1 Y2.
José
Ramón...
Blanca. Bienvenida. Poco puedo decir de los carnavales por propia experiencia porque pertenezco a una época en que estuvieron prohibidos, salvo en algunas poblaciones que tenían raigambre etnológica y, aunque descafeinados, permanecieron.
ResponderEliminarDe todos modos, lo que más me interesa de ellos es su tradición contracultural y satírica, pero profundizar en el tema no era mi intención. Sino, más bien, rendir un homenaje al maestro Gutiérrez Solana, que tiene una amplia obra sobre el Carnaval y otras manifestaciones populares.
Vuelve cuando quieras. Un abrazo
Gracias por tu salutación poética y efusiva, José Ramón.
ResponderEliminarMuy bueno, sí señor.
ResponderEliminarSaludos.
Gracias, Jodidos (¿y contentos?; no es preciso que respondáis, pero éste es un espacio abierto incluso al desahogo)
ResponderEliminarBienvenidos y volved cuando os apetezca.